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LRS 091

Capitulo 91

‘¿Me golpeé la cabeza demasiado fuerte?’

Ahin, incapaz de captar la realidad por un momento, trató de moverse. Sin embargo, al darse cuenta de que el espacio donde estaba era pequeño, pronto se dio por vencido. Plantó sus manos y rodillas firmemente en el suelo y miró a la bestia que lo había atacado.

Vivi estaba casi pegada a él. Sus manos se apretaron en el cuello de su camisa para que no pudiera escapar. Los ojos de color violeta claro brillaban con una chispa azulada. Había pequeñas arrugas, casi invisibles en su rostro. Mostraban que Vivi estaba muy enojada.

Su intención de marcharse había provocado en ella el efecto contrario. Al darse cuenta de que estaba en una zona peligrosa, dominado por una herbívora, Ahin frunció el ceño. La corta distancia lo dejó sin aliento. El aroma de Vivi que podía oler estaba avivando sus instintos. Tragando saliva, recordó a la Vivi de hace unos momentos.

Su rostro estaba pálido, sus ojos temerosos. Parecía asustada. Y mirando a Vivi ahora, parecían completamente opuestas. Ahin apartó la mirada, aferrándose a lo que le quedaba de racionalidad como si repitiera un mantra. Sin embargo, Vivi agarró sus mejillas y lo obligó a mirarla de nuevo. Al oler la sangre y las feromonas en sus manos, él habló.

“¿Qué demonios estás haciendo?”

“Me preguntaste cómo me humanicé.”

Vivi, cuyas lágrimas se habían detenido por completo, habló.

“Lo hice por mi cuenta, controlando mis feromonas yo misma.”

“…¿Por ti misma?”

Ahin preguntó con incredulidad. Su mirada parecía fría. Las feromonas, que Vivi no podía dominar, no podían controlarse de la noche a la mañana.

“Esto es impo-”

Vivi cubrió la boca de Ahin con sus manos, sin aceptar que él la criticara.

“Es verdad. Como dijiste, hasta ayer era imposible.”

Sintiendo el toque de sus manos en sus labios, la miró sin comprender.

“Pero hoy logré convertirme en humana controlando mis propias feromonas. Y no sentí mucho dolor. Nunca tuve un ataque a excepción de cuando absorví más feromonas de las que necesitaba, o cuando inhalé esa droga gris”.

Después de respirar, Vivi continuó.

“Ah. Si puedo controlar tus feromonas de la misma manera, no tendrás más ataques. Como el día que ocurrió el ataque tan inesperadamente en el territorio de las liebres. Estaba claro que ayudé a detener tu ataque. Ni siquiera puedes controlar tus propias feromonas, ¡así que tendré que cuidarte!”

Esperando una respuesta, que no llegó, Vivi respiró hondo y enojada. Ahin seguía atrapado, sin moverse. Después de un tiempo, su racionalidad, que estaba nublada por la ira, volvió.

Ella observó bien el rostro de Ahin, justo al lado del suyo. Su expresión era de asombro. Vivi, sorprendida al darse cuenta de su situación actual, miró sus propias manos, pegadas a los labios de Ahin. El área donde ella había agarrado su cuello estaba tan arrugada que se había soltado un botón.

‘Me volví loca…!’

Vivi, soltándolo, trató de retroceder, pero pronto su espalda se apoyó contra la pared.

‘Dios de las bestias, dame coraje…’

Vivi, pegada a la pared, llamó a un Dios que no la miraba.

“Lo que quiero decir es…”

Usando el poder de Dios, abrió la boca.

“Encontremos una solución… juntos.”

“¿Una solución?”

Vivi, tragando saliva, asintió.

“Una forma de detener tus ataques para siempre. Haré todo lo posible para controlar mis propias feromonas lo más rápido posible. Como has pasado por algunos ataques, ¿sabes si tienes un ciclo? Quiero que me digas todo lo que puedas.”

Vivi, tratando de persuadir, dejó de hablar. La persona que estaba en peligro de morir era Ahin, entonces, ¿por qué era ella la que suplicaba? Todavía estaba enfadada por la forma en que hablaba, como si no tuviera derecho a que le importara.

“Vivi.”

Ahin, sonriendo inocentemente, preguntó.

“¿Alguna vez has considerado la posibilidad de que pueda estar utilizándote para aprovechar tus feromonas?”

Incluso dijo cosas así. Vivi frunció el ceño con enojo.

“Si fuera así, no me habrías descrito como alguien que te importa. Además, incluso si fuera cierto, está bien. Mientras sobrevivas. Encontremos una manera, usando mis feromonas curativas.”

Entonces se dio cuenta de lo atrevida que estaba siendo al decir las cosas y se calló. Hubo un silencio que pareció durar horas. Vivi apretó el dobladillo de su vestido. Volvió a ser consciente de la distancia casi inexistente entre ella y Ahin y las locuras que había hecho.

“¿Y si no lo encuentras?”

Una voz profunda la hizo levantar la cabeza.

“Si no encuentras la manera, ¿me ayudarás directamente cada vez que tenga un ataque?”

“… Si no tuviera esa intención, no habría iniciado el asunto.”

“¿Por el resto de tu vida?”

“Por-…”

Vivi, repitiendo las palabras sin darse cuenta, se detuvo. Tenía miedo de dejar salir sus sentimientos si respondía sin pensar. Ahin, que todavía estaba a cuatro patas, enderezó la espalda y se arrodilló. Pero aun así tuvo que agacharse, porque su cabeza volvió a golpear la mesa. Aun así, agarró la muñeca de Vivi.

“¿Incluso cuando estás temblando así?”

Le temblaban la muñeca y las manos. Vivi cerró los ojos y los volvió a abrir. Entonces vio que él había tocado su propia boca y levantado su labio superior. Los colmillos que se revelaron chispearon a la luz de la lámpara.

“…Mira.”

Vivi contestó, su voz aguda.

“Yo… no me desmayaré incluso si los miro.”

En ese entonces, se había desmayado al escuchar que era un refrigerio de emergencia. Simplemente entraba en estado de shock y se desmayaba, una y otra vez. Ahin incluso había preguntado si desmayarse era su pasatiempo.

“Si me acostumbro, no tendré miedo de tus caninos con el tiempo.”

Esto fue una pura mentira.

“…Quizás.”

Vivi predijo intuitivamente que tendría miedo de los caninos mientras viviera.

“Sabes, soy mucho mejor en controlar mis feromonas. Y el abuelo me entrenará a partir de ahora. Por lo tanto, pronto tendré plena capacidad para tratar con ellas.”

‘Después de todo, ya he derrotado tanto a Evelyn como a Quinn.’

Su rostro arrogante mostraba claramente su orgullo.

“…Sé que dijiste palabras groseras porque estabas preocupado de que exagerara. Pero no te preocupes. Incluso si Ahin no dice nada, mi vida y mi seguridad son mis prioridades número uno.”

Los ojos rojos temblaron. Si la seguridad de Vivi estuviera en peligro, él haría cualquier cosa para ayudarla. Pero cuando ella mencionó que priorizaba su propia vida, lo que implicaba que podría morir, los sentimientos de Ahin se volvieron más complejos.

“Así que no pienses en ignorarlo todo. ¿Pretendes vivir como si nada y tener otro ataque de feromonas?”

“¿Crees que eso es una mala idea?”

“Claro que sí.”

“Ah, claro.”

Ahora que incluso se estaba bromeando, Ahin pensó que su estado de ánimo había mejorado. Vivi era alguien que pisaba firme en el suelo y no renunciaba a lo que creía, incluso en su forma de conejo, por lo que, naturalmente, su temperamento no cambiaría por haberse humanizado.

“Después. Si Ahin tiene un nuevo ataque, usaré mis feromonas curativas, incluso si me dices que no. Encontraré una manera, así que ni siquiera intentes detenerme. No importa lo que hagas, hasta que estés completamente curado, no me iré.”

Vivi, habiendo dicho todo lo que quería, agarró los dedos de Ahin, que todavía sostenían su labio para mostrar sus colmillos, y los deslizó hacia afuera. Luego trató de colocar su mano en su suave mejilla, pero él la bloqueó y la agarró de la muñeca. Sus manos, tocando su piel, eran cálidas.

Entonces Ahin lamió la herida en su palma. Las manos de Vivi temblaron. Sintiendo el sabor metálico de la sangre, Ahin preguntó con voz ronca.

“¿Cómo se supone que debo entender todo lo que dijiste?”

“¿Como…? En el sentido literal…”

“Entonces, ¿significa que si nunca me curo de los ataques de feromonas, Vivi estará a mi lado para siempre?”

Vivi se quedó boquiabierta ante esta interpretación. Él podría morir si tuviera más ataques. ¿Quién haría una pregunta como esa, con su vida en juego? En medio de estos pensamientos, descubrió que no podía concentrarse mientras él seguía lamiendo su palma. Cada vez que la lengua se deslizaba, la herida ardía.

“¿No es así?”

La astuta pantera negra ahora estaba tratando de seducirla. Decidida a no ceder a la tentación, Vivi trató de aguantar fuerte.

“… Vas a empeorar las cosas de esa manera.”

Los ojos lilas temblaron vigorosamente. Ahin se inclinó lentamente hacia Vivi, soportando su peso con las manos. Al mismo tiempo, Vivi, que intentaba levantarse, dejó de respirar.

“Quién hubiera pensado que estaría así, encima de la coneja que recogí. ¿No crees?”

Incluso en esta situación, seguía siendo un loco. Vivi estaba molesta, pero no podía decirlo. Siguió conteniendo la respiración, porque su rostro estaba peligrosamente cerca. Ella habló, temblando.

“… Siempre estuviste por encima.”

“¿Es cierto?”

“Sí, ayer mismo dijiste que me ibas a comer con ensalada.”

Sus ojos se encontraron en el aire.

‘Él es un depredador muy peligroso…’

“Bueno, de ahora en adelante, voy a saltarme la ensalada.”

Sus mejillas se pusieron más rojas y sus ojos se agrandaron. Ahin estaba radiante. Vivi, sin saber de quién era el corazón que estaba escuchando, sintió que algo suave tocaba sus labios.

 

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