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LRS 079

Capitulo 79

El aroma único del viento del bosque tocó mi nariz. Fingiendo no darme cuenta de que el miedo me revolvía el estómago, relajé los músculos y me paré en las escaleras.

El carruaje había estacionado justo en medio del bosque fronterizo. Con la boca seca, miré a mi alrededor. No había rastro de Ahin, por mucho que buscara. No sabía si realmente eran sus feromonas las que había sentido, pero había varias personas tiradas en el suelo.

Me sentí aliviada al ver que no había manchas de sangre visibles en sus cuerpos y miré hacia adelante. Todo lo que podía ver eran las personas desconocidas y enmascaradas que yacían en el suelo, además del cochero y los dos caballeros de la familia Grace, que escoltaban el carruaje. Me sentí aliviada porque todos parecían estar vivos, pero eso significaba que podían levantarse en cualquier momento… Cuando vi que algunos de ellos estaban moviendo ligeramente los brazos, me di cuenta de que sería más inteligente ponerlos a dormir.

“Espera un poco.”

Evitando que Ash corriera, reuní mis feromonas en la punta de mis dedos.

‘Sí, así….’

Cada vez que los frotaba, las personas caídas caían en un sueño profundo. Era tan increíble que ni siquiera podía creer que fuera mi habilidad. Cuando la última persona que intentaba levantarse se movió, lo golpeé rápidamente y luego todos se durmieron. Intercambié miradas con Ash y luego salí del carruaje, lentamente.

“… Ahin, ¿te estás escondiendo ahí?”

Era imposible. Todo lo que podía oír eran grillos. Estaba oscureciendo rápidamente. Caminando con cuidado, me acerqué a una de las personas dormidas, que vestía una máscara y una capa negra. Su apariencia era demasiado sospechosa. Le arranqué la máscara y le obligué a abrir los párpados sin que se despertara, y encontré unos ojos violetas.

‘… Un hombre-bestia liebre.’

¿Podrían ser solo bandidos del bosque y yo estaba equivocada? Pero era imposible. Si es así, Quinn y Evelyn no habrían actuado así y yo no habría sentido las feromonas de Ahin.

Formé un puño con mi mano sudorosa. No tenía sentido hacer conjeturas, así que tenía que buscar a Ahin para averiguarlo todo.

“Ash, ¿te quedarás en el carruaje?”

Limpiando mis manos sudorosas en mi ropa, noté que Ash se había ido.

“¿Ash?”

Mirando a mi alrededor, vi una cola negra balanceándose en medio de un arbusto, un poco más lejos.

“¿Qué pasó?”

¿Encontró algo allí? Siguiéndola, me adentré en el vasto matorral, y después de despejar la vegetación, alcancé a ver, atada a un árbol, una brida. Y al final había un caballo negro que conocía muy bien.

“¿Jane…?”

Las joyas incrustadas en la brida y la silla lo dejaban claro. De hecho, Ahin estaba aquí y debería haber estado cerca. Cuando me acerqué a Jane, algo crujió entre los arbustos y me sorprendió.

“¡Vaya!”

Un conejo blanco saltó del arbusto y corrió como loco tan pronto como vio a Ash. Observé su espalda alejándose con sentimientos complicados.

‘Eso…’

El camino por el que corrió el conejo tenía arbustos cortados a ambos lados, como si alguien los hubiera abierto con una espada. Además, las huellas marcaron una ruta hacia el bosque fronterizo. En dirección al territorio de las liebres.

 

***

 

Aven, sentada en el carruaje estacionado sin el escudo familiar que usaba cuando quería viajar en secreto, enderezó la espalda. El olor a selva tropical no le agradaba, pero se sentía bien. Pronto, Vivi estaría de vuelta en sus brazos. Ella sonrió. Su plan iba tan bien como ella podría haber esperado.

La información que le había dado al líder del clan era vaga, pero ya había creado sospechas sobre Vivi. Como se desconocía su origen, se la había considerado una persona sospechosa dentro de la mansión.

Ahin Grace, que la había cabreado mucho al principio, había resultado ser un peón perfecto. Mientras actuara como se esperaba, no había riesgo de que condenaran a Vivi. Nadie querría ir en su contra, ya que eso significaría convertir al clan de las panteras negras en su enemigo. Por lo tanto, era probable que el problema del incendio pronto se silenciara.

De hecho, solo lo había hecho para mantener a Vivi dentro de la mansión por más tiempo, y había sido tratada casi como una invitada noble. Ridículos rumores sobre bailarinas y leones fueron variables inesperadas.

Pero al final, como era de esperar, Ahin Grace había decidido llevar a Vivi de vuelta al territorio de las panteras negras. Estaba claro que el objetivo de los Grace era escabullirse, escapando de los rumores.

Así que saldrían en un grupo pequeño, y Ahin Grace, quien todavía negociaría con el líder, se quedaría atrás. Eso le dio a Aven la mayor oportunidad de todas. Si Vivi cruzaba la frontera, la perdería para siempre.

Aven no se atrevería a ordenar un ataque con un carruaje dondequiera que estuviera Ahin Grace, pero sin él, tenía una oportunidad. Después de todo, si Vivi ingresaba en el registro de la familia Grace, nunca podría revertirse. Era su única oportunidad de llevarse a su hija sin la interferencia de Ahin Grace. Así que contrató mercenarios cuyo pago equivalía a un año de los ingresos de la familia Labian.

‘La única pregunta que queda es…’

¿Cómo reaccionaría Ahin después de perder a Vivi y cuál era la relación entre los dos para empezar?

‘Mmm…’

Una vez que ella se había humanizado, no podían decir que era una mascota… Aven, reclinándose en el asiento del carruaje, recordó la noche del baile. La apariencia de Vivi era muy bonita, dando una fuerte impresión. Pero, ¿cuál era la posibilidad de que alguien se enamorara de un conejo bebé que había coleccionado y resultó ser una persona?

Sonaba como un cuento de hadas, pero el hecho de que la persona en cuestión fuera Ahin Grace lo cambió todo. Había rumores de que no le gustaban las mujeres. Los nobles solían comentar cómo, a pesar de recibir ofertas de matrimonio todos los días, no había noticias de que siquiera las considerara.

Aunque la familia Grace era un poco salvaje, tenían la regla de tener solo una esposa o un esposo, a diferencia de la costumbre en la mayoría de los territorios.

Valence Grace, que había perdido a su marido hacía años, nunca se había vuelto a casar. Entonces sería así con Ahin también. Entonces, como única esposa, ¿cómo podría esta familia aceptar a Vivi, que no tenía estatus alguno? Además, a pesar de que podía percibir las feromonas, como había presenciado Aven, todavía era una herbívora. Al lado de los Grace, ella no era nadie.

‘… Pero tampoco parecía que estuviera jugando con ella.’

La sonrisa inocente de Ahin hacia Vivi esa noche apareció en la mente de Aven. Ella sacudió su cabeza. Incluso si fuera realmente amor, terminaría pronto. Era una relación destinada a romperse tarde o temprano.

Después de todo, eran un depredador y una herbívora. Además de la cuestión de los instintos, la diferencia de estatus era una barrera infranqueable. Si Vivi ya estuviese registrada con la familia Labian, a Aven no le importaría esperar hasta que los Grace la echaran. Sin embargo, con la situación como estaba, no podía arriesgarse.

“¡Lady Aven!”

¡Bang!

La frente de Aven se arrugó cuando un jinete abrió la puerta del carruaje sin permiso.

“¿Qué descortesía, qué es esto?”

“¡¡Tiene que salir de aquí ahora mismo– ahhh!!”

El hombre, echando espuma por la boca, cayó al suelo. Aven lo miró, vacilante, y pudo ver a un hombre parado fuera del carruaje. Se sentía como una ilusión que la muerte había enviado como lo último que vería en la vida…

‘Como…’

La persona frente a ella era Ahin Grace, y su cabello plateado brillaba. Alguien que nunca debería estar allí.

“Sal de ahí.”

Los ojos de Ahin, habiendo encontrado a la persona que estaba buscando, se curvaron en una sonrisa refrescante.

“¿O prefieres que entre…?”

Aven, pensando que estar a solas con él en un espacio pequeño sería mucho peor, agarró el dobladillo de su falda y saltó del carruaje. Desde la distancia, ella le advirtió.

“… No importa cuán poderosa sea la familia Grace, amenazar a los nobles de otros territorios no es algo que los demás dejarán pasar.”

Aven miró a su alrededor, tratando de evaluar la situación. Todos los caballeros y mercenarios habían caído, y ella estaba en medio del bosque oscuro y lejos de los guardias fronterizos. No había manera de escapar de esta situación.

“Ah, entonces, ¿está bien que ordenes un ataque contra el carruaje de Grace?”

“…¿Qué ataque? No sé nada al respecto.”

“Entonces yo tampoco sé nada sobre el ataque a tu carruaje.”

“… El cochero y mis caballeros yacen aquí a nuestro alrededor. ¿Cómo puedes decir eso?”

“Veo que estás tratando de ganar tiempo. Habría sido una buena estrategia. Que pena.”

Eso significaba que iba a matarla a ella a continuación. No había otra manera de interpretarlo. Tomando una respiración profunda, ella dio un paso atrás.

“Matar a una dama noble…. ¿Crees que escaparás sin consecuencias?”

“Pronto no serás noble. La familia Labian se extinguirá.”

“…¿Cómo?”

“Dejará de existir. Quedará en el basurero de la historia.”

“Pero que…”

Su conversación fue abruptamente interrumpida por un conejo que salió de un arbusto. Como era el territorio de los conejos, Ahin supuso que debía haber conejos salvajes en el bosque fronterizo, pero extrañamente, le dieron ganas de reír.

De hecho, las comisuras de su boca se movían solo por ver al animal mirándolos con expresión confundida.

Aven miró asombrada a Ahin, quien de repente bajó la cabeza y comenzó a sacudir los hombros. No sabía si él estaba temblando de rabia o riéndose de su situación.

“Vete. Vamos, ¿no?”

Ahin le habló al conejo.

“Te dije que te fueras.”

Desafortunadamente, los conejos, con la excepción de Vivi, no entendian lo que decía Ahin. El animal, después de caminar un rato, se sentó justo en la punta del zapato de Ahin. Su trasero estaba frío, tal vez por el clima helado. Ahin no podía sacudir una bola de algodón que le recordaba tanto a Vivi. Luego, mirando al conejo, asintió y se volvió hacia Aven.

“Continuemos nuestra conversación.”

Ella no podía creerlo, pero Ahin, quien debería haber estado avergonzado, estaba tranquilo.

Los rumores de que estaba loco deben ser ciertos.

Pensó, con el estómago revuelto. Su porte y la espada en su cintura eran intimidantes, pero la apariencia general, ahora que tenía un conejo blanco sentado en su zapato, de alguna manera se había vuelto aún más aterrador.

 

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