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El Camino de las Almas | Capítulo 1 —Nieve

Capítulo 1. Nieve

Nieve, había mucha nieve, caía en aumento, era profunda, pero no se me hacía difícil caminar debido a ella. El cansancio era mi mayor obstáculo.

Por unos minutos he estado ignorando la sangre que escurre de mi brazo, duele, duele como el infierno. Pero mis piernas se mueven por sí solas, mi cuerpo se maneja sin mí. Aún escucho sus pasos detrás de mí, intentan ser lo más silenciosos posibles, pero es imposible ocultarlos en este fúnebre silencio del bosque.

¿20? ¿30? ¿50 metros de lejanía?

No lo sé, pero no importa la distancia a la que estén, alguno tomara la iniciativa y vendrá por mi cabeza. De seguro debieron de ofrecerles una recompensa grande por mí, soy una presa codiciada.

En ese momento, en el paisaje nocturno cubierto de nieve, se estaba llevando a cabo un asesinato.

¿Cómo podré escapar de esta situación? Me cuestioné, mi cabeza empezó a doler, era demasiado. Ya estaba empezando a hatarme.

Una banda de asesinos de alto rango ¿Eh? Me parece gracioso que se hagan llamar así cuando ya he logrado acabar con 10 de ellos, una sola persona logro reducir su grupo a menos de la mitad de lo que eran antes. Debe de ser embarazoso.

Pero no es que haya salido ilesa. De hecho, estoy cubierta de heridas, me pregunto cómo es que aún sigo de pie. Tal vez sea mi instinto de supervivencia, o mis ganas estúpidas de aferrarme a esta vida de infierno que tanto detesto. Es realmente irónico.

Poco a poco, los pasos detrás de mí se volvieron impacientes. Di una mirada a mis espaldas, pero era demasiado oscuro para siquiera poder saber sus posiciones.

Di dos pasos más y me detuve en seco, ya no tenía sentido seguir huyendo a paso de tortuga, solo terminaría desperdiciando la poca energía que me quedaba.

Los pasos en cuestión de segundos pasaron de ser impacientes a ya estar corriendo velozmente. Al parecer ellos también notaron que no tenía sentido seguir ocultándose en esta situación.

Agarré el mango de la espada colgada en mi cintura con fuerza, tratando de serenarme antes de que empiece el caos. Pero ¿Eso servirá de algo?

Mi mano no deja temblar por la adrenalina, siento que estoy en un estado shock, y sé que normalmente tu vista no se desenfoca a cada segundo. Eso sólo puede ser señal de que estoy empezando a perder la consciencia.

No me queda mucho tiempo.

Una ligera ráfaga de viento sopló en mi nuca, esa inexplicable sensación que eriza mi piel cuando el peligro se acerca, me atacó.

Debo acabar con esto tan pronto como sea posible.

¡Clang!

Un agudo sonido cortó el aire, dos espadas chocaron con agresividad. Aquel hombre anónimo decidió ser el primero en venir a darme muerte.

Una espada era recta, de un filo doble que terminaba en una persona punta. La otro era igual, pero mucho menos robusta que la anterior, ligeramente curveada  con un mango característico de la región ham-yong.

Con fuerza forcé el roce entre las espadas, el hombre estaba sorprendido, le sorprendía que un muerto aún tuviera tanta energías. Lancé la espada hacia el costado, ocasionado que el hombre terminase siendo empujado hacia atrás. Dándome una apertura.

Mi brazos temblaban terriblemente, toda esa fuerza aplicada era demasiado para mi debilitado cuerpo, pero gracias a  la intervención de Jesmia sigo en pie.

— ¡Agh!

Me apresuré a cortar su pecho, dejando una herida terriblemente profunda, la sangre salpicó en la nieve, apesar de la oscuridad, debo decir que el contraste era impresionante. El asesino cayó convulsionando al suelo, su cuerpo al parecer se negaba a dejarse morir, pero eso solo lo apresuró.

Pronto dejó de moverse, pero no tuve tiempo para celebrar aquello, pues otros cinco se acercaban con impaciencia.

Querían sangre, pero la única terminarán viendo es la suya.

Mi cuerpo entró en un estado de frenesí, ahora que había acabado con uno, no estaría tranquila hasta que acabara con todos ellos.

Debía aprovechar eso.

Su plan cambió. Todos comenzaron a atacarme simultáneamente, era estúpido irse contra mí por turnos.

Ellos tenían la ventaja, solo me quedó defenderme.

Pronto fui asediada de ataques por todos lados, apenía podía esquivarlos con mis reflejos y esa espada de baja calidad.

 

—¡Ugh! —no lo vi venir, bajé la guardia y terniné recibiendo un golpe en el rostro. Dolió, su codo se clavó en mi mejilla con furia, me dolían los dientes, el sabor de mi propia sangre me devolvió a mis sentidos.

 

Me eché unos pasos hacia atrás. esquivando un segundo codazo. Una de las pocas cosas que tenía para presumir era mi belleza, no podía permitirme que mi cara fuese lastimada.

 

Esos malditos.

Zas.

Un zarpazo fue suficiente para cortar su garganta, el tipo agarró su cuello con horror. Una patada fue suficiente para lanzarlo hacia unos de sus compañeros, ambos terminaron en el suelo.

Una sonrisa salio de mi rostro, aunque era díficil, poco a poco podría acabar con ellos.

 

Bueno tal vez me confié demasiado. Pues otro me embistió con su espada, demonios era fuerte, mi cuerpo se veía pequeño ante su gran musculatura. Mi brazos temblaron como si estuviesen hechos de hoja, iba a ceder, y si lo hacía su espada desprendería mi cabeza de mi cuello.

 

En un movimiento desesperado, obligué a que nuestras espadas se separaran.

 

Huck.

 

No.

 

No debí hacer eso.

 

Fue un movimiento estúpido.

— ¿Como diablos…?

 

¿Como diablos pude cometer un error así?

 

No…

 

¡No!

 

—¡…! —mi cuerpo salió expedido hacia atrás, caí en la nieve. ¿Me ha golpeado? El ador comenzó a extenderse por todo mi abdomen, sin pensarlo quise levantarme, pero el dolor me paralizó. Toqueteé mi abdomen unas par de veces, no podía ver nada. Pero mi mano estaba húmeda.

 

Estaba sangrando.

 

No me había golpeado, al final el filo de su espada terminó hiriéndome.

 

Oh mierda.

 

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Al fin logré terminar este capítulo, lo díficil es empezar xd
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