UNQSPAM – 05

Capítulo 5 – A primera vista, en un instante

 

Ella había pensado en ese encuentro.

Seúl no podía ser tan extensa, así que era posible que algún día se cruzaran.

Jeong-Oh había imaginado esa coincidencia.

Y se había preparado mentalmente.

Aunque se lo encontrara, no se alteraría.

No lloraría, ni reiría, ni se enfadaría.

No sentiría dolor.

No diría que había sufrido mucho.

Lo trataría con la mayor calma posible.

Si pasaban de largo, pues que así fuera…

A pesar de haberlo decidido varias veces.

Sentía que su corazón fallaba, latiendo con fuerza como si se estuviera rompiendo. No, sentía que todo su cuerpo estaba roto.

No podía moverse. Ni siquiera tenía fuerzas para zafarse de su agarre en el brazo.

Las lágrimas amenazaban con brotar, pero sentía como si él la hubiera bloqueado por completo, y no podía soltarse de su agarre.

Sus ojos se reflejaron en los del otro.

A diferencia de Jeong-Oh, que apenas podía respirar, Ji-Heon la miraba con indiferencia.

Sin rastro de felicidad, sorpresa, disgusto ni vergüenza. Solo una expresión que miraba algo insignificante.

… ¿Qué demonios podría ella decir?

Mientras una mezcla de emociones la invadía, Ji-Heon la enderezó.

Las piernas de Jeong-Oh seguían temblando. Quería desplomarse al suelo.

Antes de que la situación se volviera demasiado incómoda, Mi-Ran le presentó a Jeong-Oh a Ji-Heon.

“Director, ella es Lee Jeong-Oh, la nueva redactora del Equipo de Producción 2.” (Mi-Ran)

“Ah, ¿una redactora?” (Ji-Heon)

Él ni siquiera arqueó una ceja y, en lugar de su nombre, mencionó su puesto.

‘Para ti, solo soy eso.’

Fue sorprendente, incómodo y vacío, pero sus labios permanecieron inmóviles.

“Encantado de conocerte.” (Ji-Heon)

Con calma, él extendió la mano para estrechar la suya.

Jeong-Oh bajó la cabeza lentamente para mirar su mano.

Sintió como si una gruesa línea recorriera las puntas de sus dedos.

Parecía que decía: ‘Siento conocerte así, pero por favor, mantén la distancia.’

Tras dudar un instante, Jeong-Oh extendió lentamente la mano. No pudo evitar el temblor en sus dedos.

El hombre al que no había visto en siete años. La mano que había estrechado después de siete años.

Su mano seguía siendo lo suficientemente grande como para envolver la suya por completo, pero la calidez que una vez sintió ya no estaba.

‘… ¿Es esta es tu respuesta?’

‘No llores.’

Apretó los dientes con fuerza para contener sus emociones.

Solo después de confirmar su reacción pudo recordar su antigua resolución.

Ella lo trataría con la mayor calma posible.

Ella no se derrumbaría.

Levantó la cabeza para mirarlo.

Sus ojos eran oscuros, secos y fríos como la noche del desierto.

Los ojos profundos y penetrantes que una vez amó tanto ya no estaban.

‘Has cambiado tanto.’

Sentía como si fuera otra persona…

Jeong-Oh decidió aceptar la realidad.

Finalmente, sus manos se separaron.

Sin mostrar emoción alguna, se alejó con calma.

Solo entonces un largo suspiro escapó de sus labios.

Sus piernas cedieron, obligándola a apoyarse contra la pared que tenía al lado.

“¿Estás bien?” – Preguntó Mi-Ran, que estaba de pie junto a ella.

“Oh, sí. Estoy bien.” – Respondió Jeong-Oh apresuradamente, poniéndose de pie.

‘¿Qué debo hacer ahora? ¿Puedo seguir trabajando en esta empresa?’

Las preocupaciones realistas seguían invadiéndola. Sentía como si se le secara el cuero cabelludo.

Aún aturdida, Mi-Ran la guió hasta llegar al área de su equipo.

“Este es el personal de nuestro equipo del que les hablé ayer. Ella es la redactora Lee Jeong-Oh.” – Dijo Mi-Ran, presentándola a los demás miembros del equipo. Dos personas se levantaron de sus asientos.

“Este es el director de producción de nuestro equipo, Park Young-Gwang, y este es el diseñador gráfico Song Gi-Hoon.” – Dijo Mi-Ran, presentándolos.

Después de que Mi-Ran los presentara, Jeong-Oh finalmente reaccionó.

“Hola. Soy la redactora Lee Jeong-Oh.”

“Ah, así que eres la asistente. Bienvenida.”

“¡Guau! ¡Hola!”

El hombre, que aparentaba unos treinta y tantos años, y el otro, de unos veinte, la saludaron a su vez. Ambos tenían expresiones amables. Sin embargo, la mujer, que solo giró ligeramente la cabeza sin levantarse, mostraba una expresión de disgusto.

“Y esta es la diseñadora gráfica Ko Eun-Joo.” (Mi-Ran)

“Encantada de conocerte.” (Eun-Joo)

Eun-Joo asintió para saludarla y luego volvió a su monitor. Su expresión no coincidía con sus palabras de bienvenida.

Jeong-Oh pensó que trabajar en esa empresa no sería fácil.

 

***

 

“¡No, no, no! ¡No voy a aprender Go*, ughhh!”

(N/T: *El Go es un juego de captura territorial: el objetivo principal es rodear la mayor cantidad de territorio posible. Al hacerlo, se pueden capturar las piedras del oponente, y el ganador es el jugador que al final tenga la mayor cantidad de territorio y piedras capturadas.)

Dobin se sentó frente al edificio de la academia de Go y gritó desconsoladamente.

Los transeúntes lo miraron con curiosidad. Para ellos, la academia de Go parecía menos un lugar de aprendizaje y más un matadero.

“¡Vamos, deja de llorar!” (Jin-Seo)

Su madre, Jin-Seo, también alzó la voz. Aunque estaban llamando la atención, no podían hacer nada.

La semana pasada, mientras veían una transmisión de Go sentados junto a su padre, el niño le hizo varias preguntas sobre las reglas del juego. Sus preguntas revelaron una sorprendente perspicacia para un niño de siete años.

Cuando le preguntó si quería probar una academia de Go, ya que había mostrado interés, Dobin asintió con entusiasmo. Así que Jin-Seo también buscó información sobre la academia y lo inscribió con mucha ilusión.

Pero al cabo de un día, el niño se quejó de que era aburrido. Hoy, rompió a llorar.

Jin-Seo también sintió ganas de llorar.

La matrícula había sido un desperdicio. Ella deseaba que al menos fuera un mes.

Jin-Seo apenas logró calmar sus emociones y tranquilizó a Dobin con palabras de aliento.

“Hijo, siéntate solo 30 minutos más, ¿de acuerdo? Si estudias durante 30 minutos, te dejaré jugar una partida durante 30 minutos.” (Jin-Seo)

“…Una hora.”

“De acuerdo. Entra rápido.” (Jin-Seo)

Finalmente, con esa triste condición, el niño se secó las lágrimas. De alguna manera, le produjo una sensación agridulce.

Al ver los hombros caídos de su hijo mientras abría la puerta de la academia, Jin-Seo dejó escapar un profundo suspiro.

Quería ser una buena madre.

No necesariamente perfecta.

Ella creía que su hijo sobresaldría en todo. Antes de pedirle que hiciera algo, pensaba que lo manejaría con destreza, y que cuando le enseñara una cosa, aprendería dos, tres o cuatro con naturalidad. Después de todo, había sido bastante obediente incluso antes de comprender completamente el lenguaje.

Pero los niños no crecen según las expectativas. Solo quieren hacer lo que quieren, comer lo que quieren, y además, ¿cómo puede un niño de siete años ser tan fuerte?

Aunque su hijo era adorable, a veces, no, a menudo, era agotador.

Así, llegó a comprender una dolorosa verdad que nadie le había contado.

Para ser una ‘buena madre’, algo esencial era tener un ‘hijo dócil.’

(N/T: Nunca me había puesto a pensar en eso, gracias a Dios la primera me salió dócil y con la segunda no pude, me rendí, pero ella solita cambio porque quería parecerse o ser mejor que su hermana mayor y ya no tuve que pelar tanto.)

Snif, snif.

A pesar de que le habían dado una hora para jugar, Dobin seguía sorbiendo por la nariz.

Como los niños mayores de primaria estaban en clase, todos estaban en el aula. Había otro profesor cerca, pero estaba ayudando a los mayores a resolver problemas. Dobin se sentía abandonado.

Tenía que aguantar así al menos un mes, pero no veía cómo iba a lograrlo. Después de todo, tenía que aguantar 30 minutos…

“Oye.”

En ese momento, una niña se sentó frente a Dobin, que seguía sorbiendo por la nariz. Él levantó la vista para verla.

Era una niña guapa, de ojos grandes y rostro delicado, casi como una muñeca.

“No llores; mira esto.” (Niña)

Parecía una princesita, pero su voz era tan clara y dulce como la de un villancico.

Por alguna razón, de repente le dijo que mirara el tablero de Go.

Dobin miró el tablero de Go como una oveja dócil. La niña colocó su mano sobre el tablero como una hoja de arce.

“Prueba esto.” (Niña)

Dobin siguió el ejemplo de la niña.

De repente, ella comenzó a colocar fichas de Go una por una en la pequeña mano de Dobin.

Él no entendía por qué lo hacía. Dobin, que había dejado de llorar, estaba nervioso y preguntó: “¿Qué es esto? ¿Por qué haces esto?”

“Si se te cae, te daré un golpe.” (Niña)

La niña llenó la pequeña mano de Dobin con fichas de Go. Era como una flor con cinco hojas blancas que brotaban sobre capullos negros.

Cuando la niña formó la flor y rió, Dobin olvidó por completo que había estado llorando hasta entonces.

“Me llamo Lee Ye-Na. ¿Cómo te llamas tú?”

“…Park Dobin.”

Incluso mientras respondía, Dobin estaba tenso, preocupado de que se le cayeran las fichas de Go. Ye-Na volvió a preguntar.

“¿Vas a la guardería Kkwekkori?” (Ye-Na)

“¿Cómo lo supiste?

“Vi tu bolso ayer.” (Ye-Na)

… ¿Lo había estado observando desde ayer?

Los ojos de Ye-Na, llenos de risa, brillaban como joyas.

La flor que florecía en su mano parecía flotar hasta su corazón.

Justo cuando su brazo tenso estaba a punto de congelarse, Ye-Na soltó las piedras que había colocado en la mano de Dobin. Fue como jugar a las estatuas, y finalmente, Dobin pudo mover su cuerpo.

Mientras Ye-Na retiraba las piedras de Go una por una, explicó: “Mira. Esta es una piedra blanca y esta es una piedra negra.”

“Ya lo sé.”

“¿Quieres jugar con las piedras blancas o con las negras?” (Ye-Na)

“Con las negras.”

Dobin respondió a todas sus preguntas como si estuviera hechizado por ella. Si ella le preguntaba, sentía que podía decirle su dirección, así como el nombre de su casa, asi como el nombre de su madre, su padre y su hermano menor.

Ye-Na asintió y acercó el cuenco de piedra negra a Dobin y el cuenco de piedra blanca frente a ella. Luego colocó una piedra blanca en el centro del tablero de Go.

“Entonces la pondré aquí.” (Ye-Na)

“…”

“¿Sabes cómo capturar esto?” (Ye-Na)

Esa pregunta era difícil. Sin embargo, recordaba fácilmente la respuesta de su padre de hacía unos días. Dobin rodeó la piedra blanca con cuatro piedras negras para bloquear su camino.

“Oh. ¿Sabes jugar al Go?” (Ye-Na)

Como si su movimiento ordinario fuera algo asombroso, Ye-Na lo elogió. El rostro de Dobin se puso rojo como una rosa. Las flores que brotaban de su corazón comenzaron a formar un ramo.

Era una niña con aroma a flores.

“¿Por qué lloras si sabes jugar? No llores.” – Ella dijo.

Park Dobin, de siete años, nunca había conocido a una niña como ella. Fuera de la academia, Jin-Seo esperaba ansiosamente a su hijo. Ella esperaba que el permaneciera durante 30 minutos, pero llevaba más de 40 minutos sin salir.

“¿Sigue llorando todo este tiempo?”

Finalmente, Jin-Seo abrió la puerta de la academia y entró.

“Dobin.”

“¡Mamá!”

Al ver a su hijo, radiante con una sonrisa, a diferencia de cuando entró a la academia, Jin-Seo suspiró aliviada. La profesora la saludó con una expresión de satisfacción.

“Mamá de Dobin, Dobin se está adaptando muy bien.” (Profesora)

“¿Ah, sí?”

Ese fue el elogio más conmovedor. Expresó su gratitud abrazando a su hijo, que había corrido hacia ella.

“Bueno, profesora, contaré con usted mañana.”

“Sí, no se preocupe.” (Profesora)

“Dobin deberías despedirte.”

“¡Adiós!”

Dobin se despidió cortésmente de la profesora y luego gritó fuerte hacia la sala de práctica.

“¡Ye-Na, adiós!”

“¡Sí, adiós!” (Ye-Na)

Una niña guapa saludó con la mano desde dentro de la sala de práctica.

‘Ya se ha hecho amigo de sus compañeros.’

Jin-Seo sintió una oleada de orgullo por la sociabilidad de su hijo.

Una vez fuera de la academia, Jin-Seo le preguntó a Dobin: “¿Qué tal la academia, hijo? ¿Te lo pasaste bien?”

“¡Sí! ¡Muchísimo!” – Dobin respondió con entusiasmo.

“¿Qué fue lo que más te gustó?”

Su sonrisa era radiante. Su voz sonaba alegre.

La madre no podía ignorar esa felicidad.

Después de un rato, Dobin, que no pudo responder de inmediato, hizo otra pregunta:

“Mamá, ¿te enamoraste de papá a primera vista?”

“¿Dónde aprendiste eso?” – Preguntó Jin-Seo, riendo levemente. – “¿Sabes lo que significa?”

“Sí, lo sé.”

‘¡Porque lo estoy experimentando ahora mismo!’

“¡Mamá, voy a esforzarme al máximo en la academia de Go!” – Gritó Dobin con determinación.

Fue el comienzo de un primer amor.

 

***

 

Tras regresar de una excursión, Ji-Heon se sentó, frunciendo el ceño y cerrando los ojos suavemente.

Una mujer con la que solo se había cruzado brevemente seguía rondando en su mente durante toda la tarde…

La nueva redactora del Equipo de Producción 2.

¿Cómo se llamaba?

La mujer que lo había mirado con ojos de conejo asustados en su pálido rostro.

Era guapa, pero su belleza no explicaba del todo los sentimientos que despertaba en él.

Sus ojos reflejaban diversos colores como las alas de una libélula. Parecía que esas alas aleteaban precariamente y se habían hundido en el agua. Las alas empapadas parecían pesadas, como si apenas respiraran.

Era una mujer que se aferraba a sus pensamientos en ese momento.

La impresión que le dejó en tan poco tiempo fue muy compleja.

Fue un poco, no, extremadamente desagradable…

Esas simples alas de libélula no podían bloquear el agua que fluía. Sin embargo, se sentía extrañamente incómodo y asfixiante.

Era una mujer que despertaba sentimientos extraños en él.

<¡Toc, toc!>

Oyó que llamaban a la puerta.

“Sí.”

Ante la respuesta de Ji-Heon, la puerta se abrió. La jefa de equipo, Seong Mi-Ran, con quien se había topado en el pasillo esa mañana, entró con documentos en la mano. Era el formulario de solicitud de presupuesto preliminar y la lista de participantes para el concurso de talentos en la que participaban.

Entre los nombres que recordaba, uno destacaba incómodamente: Lee Jeong-Oh.

“¿La nueva integrante del equipo de Seong es redactora publicitaria?” – Preguntó Ji-Heon casualmente mientras firmaba los documentos.

Mi-Ran respondió:

“Sí, se refieres a la asistente Lee Jeong-Oh, ¿verdad?” (Mi-Ran)

“¿Se hizo un chequeo médico antes de incorporarse?”

Los ojos de Mi-Ran se abrieron de par en par, como si se preguntara por qué le hacía esa pregunta. Pero respondió de inmediato.

“No lo he confirmado, pero probablemente tuvo que someterse a ello como requisito.” (Mi-Ran)

“Es que parecía que iba a desmayarse de repente y temblaba cuando la sujeté.”

“…” (Mi-Ran)

“Parece que podría tener algún problema de salud.”

Ante el comentario de Ji-Heon, la expresión de Mi-Ran volvió a quedar en blanco.

‘¿De verdad le preocupa la empleada?’

Había pensado que era un hombre frío y aterrador, ya que no lo había visto sonreír ni una sola vez en la semana desde su nombramiento. Pero tal vez eso no era del todo cierto.

“¿Será porque el director es demasiado guapo?” (Mi-Ran)

Mi-Ran relajó sus músculos tensos e hizo una broma. Quería llevarse bien con el nuevo jefe de departamento. No era por un deseo de congraciarse con él, sino más bien por el deseo de disfrutar de su trabajo.

“¿Acaso parezco el tipo de persona que disfruta de los halagos?”

Sin embargo, su respuesta inmediata fue escalofriante.

Mi-Ran apretó los labios con fuerza. Su mirada penetrante parecía capaz de atravesar el papel de los documentos, erizándole el vello de la nuca.

“Trae a Lee Jeong-Oh.”

Mi-Ran lamentó internamente haberlo mencionado al recibir esa orden tan extraña.

Miró a Ji-Heon sorprendida.

El jefe de departamento había mencionado que quería realizar entrevistas personales con los empleados del mismo departamento. Sin embargo, aún no había sucedido nada.

‘¿Iba a comenzar esas entrevistas? ¿Sería Lee Jeong-Oh, la empleada recién transferida, la primera?’

Como jefa de equipo, quería saber el propósito de eso, aunque fuera brevemente, y abrió los labios para preguntar de nuevo.

“¿Qué tiene que ver Lee Jeong-Oh…?”

“Tráela aquí.” (Mi-Ran)

Pero Ji-Heon la interrumpió sin dudarlo.

Él solo tenía un pensamiento.

‘Necesito verla otra vez. Ahora mismo.’

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