Arco 1: Escamas herbívoras
Capitulo 13
En cuanto Jian Yao y Bo Jinyan subieron, vieron a Fang Qing liderando a un grupo en una salida de emergencia. Tras enterarse de la razón, Jian Yao dijo: “Iremos con ustedes.” Bo Jinyan asintió también.
En el coche patrulla que iba a toda velocidad, la expresión de Jian Yao era de pura tensión. Bo Jinyan, observándola, preguntó: “¿Estás preocupada por ese padre?”
“Sí” respondió ella. “Ya no tiene a su hijo. No quiero que cometa una locura y arruine lo que le queda de vida.”
“¿Te recuerda a tu propio padre?” preguntó Bo Jinyan de nuevo.
Jian Yao apoyó la cabeza en su hombro sin decir nada. Bo Jinyan le acarició el cabello suavemente y, tras pensarlo, dijo: “Sin embargo, me tienes a mí.”
Jian Yao sonrió levemente: “Tú no eres mi padre.”
“Lo que quiero decir es…” Sus ojos brillaban con una luz clara “que en el futuro seré un buen padre.”
Jian Yao parpadeó, mirándolo en silencio.
Ƹ̴Ӂ̴Ʒ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ♥ Ƹ̴Ӂ̴Ʒ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ
La casa de los Yao era, efectivamente, un caos.
La posada había dejado de funcionar, y cuando el equipo de Fang Qing entró, los empleados corrían de un lado a otro presa del pánico. En el patio trasero había estallado el desastre.
Resulta que Fu Dafan, tras leer el cuaderno del detective, se había sumergido en una especie de locura frenética. Por un lado, sentía una agonía infinita por la mala suerte de su hijo al cruzarse con una psicópata; por otro, su rabia se centró en las descripciones sobre la familia Yao.
Si la familia Yao no hubiera maltratado a Tong Min, ¿habría llegado ella a tal grado de represión y locura como para matar?
Si Yao Yuange no tuviera tantas esposas, y si esas mujeres despechadas no descargaran su furia sobre los sirvientes, ¿se habría visto involucrado su hijo?
¡Fue una desgracia caída del cielo!
¿De qué servía atrapar a Tong Min? Fu Dafan era un hombre con cierta educación y sabía que muchos enfermos mentales, tras ser capturados, no son sentenciados a prisión, sino recluidos en hospitales psiquiátricos. Entonces, ¿con quién se cobraría la muerte de su hijo?
‘Si no fuera por estos ricos, que viven de forma depravada y no tratan a los demás como seres humanos… si no fuera por ellos…’
Fu Dafan había abandonado la comisaría en silencio y seguido el coche de la familia Yao. Al frente iba el Audi A6 de Ming Lan, de un negro brillante y ofensivo.
Lloró sin parar en el taxi, tanto que el conductor guardó un respetuoso silencio. Cuando llegaron a la posada y vio que todos entraban, él los siguió ocultando un cuchillo de fruta que había comprado unos días atrás.
Debido al asesinato previo, la casa de los Yao estaba acordonada, pero el interior de la posada era un desbarajuste y la familia Yao era numerosa. Por puro azar, Fu Dafan se topó con el único hijo de Yao Yuange, un niño de 5 años, que estaba llorando solo en un rincón de la posada. Al ver al pequeño, los ojos de Fu Dafan se encendieron.
En el jardín trasero de los Yao, entre plantas silvestres y pasillos sinuosos, se mezclaban gritos, pasos apresurados, súplicas y rugidos de ira.
Los policías ya habían entrado en el jardín, apartando a las mujeres de la familia y dejando solo a Yao Yuange y a la madre biológica del niño, Ming Yue. Fu Dafan, sujetando al niño como rehén con el cuchillo, había sido acorralado en una esquina. Su rostro estaba congestionado y la mano que sostenía el arma temblaba. Su mirada era una mezcla de locura y vacío absoluto.
“¡Suelta a mi hijo!” rugió Yao Yuange. “¡Loco! ¿Qué tiene que ver la muerte de tu hijo con nosotros? ¡Atrévete a tocarle un pelo y verás!”
Ming Yue lo sujetó llorando: “¡Cállate! ¡No digas más! Señor, por favor, podemos hablar de lo que sea, pero suelte a mi hijo. ¡Es solo un niño de 5 años!”
El niño estaba petrificado de terror, con la cara empapada en lágrimas y mocos.
Fu Dafan dijo con voz temblorosa: “¿Que no tiene que ver con ustedes? ¡Si no fuera por ustedes… por ustedes, mi hijo no habría muerto! ¡Se creen que el hijo de un rico es intocable! ¡Tú pierdes un hijo y yo pierdo al mío, estamos en paz!”
Yao Yuange estaba fuera de sí: “¡Demente!” Ming Yue se desplomó en el suelo llorando. Ambos fueron retenidos por los agentes.
Fang Qing le hizo una seña a un compañero, se salió lentamente del círculo, abandonó el jardín y rodeó la zona por detrás del muro.
Jian Yao dio un paso al frente: “¡Señor Fu, escúcheme! No haga una locura. Esto es un crimen. Atraparemos a la persona que mató a Fu Wei, se lo aseguro. Pero si Fu Wei pudiera verlo desde el cielo, ¡no querría que su padre pasara el resto de su vida en la cárcel! ¿Y qué hay de su esposa? Si usted va a prisión, ¿quién cuidará de ella? ¿Cree que Fu Wei querría que sus padres terminaran sus días solos y desamparados? Vamos, baje el cuchillo. Sabemos que es un impulso del momento, no pasará nada. Bájelo.”
Esas palabras llegaron directo al corazón de Fu Dafan, quien pareció dudar. Sin embargo, al levantar la vista, se encontró con los ojos de Yao Yuange: una mirada tan siniestra y fría que le dio un escalofrío.
“¡Ya no me importa nada!” gritó desesperado. “¡Si tengo que ir a la cárcel, iré! Mi hijo ha muerto y su madre no tiene fuerzas para seguir; ¡que nos muramos todos! ¡Que este niño me acompañe a la tumba!”
Jian Yao se desesperó, pero en ese instante, la voz gélida de Bo Jinyan intervino: “¿Crees que esto es valiente? ¿Crees que así vengas a tu hijo? El asesino de tu hijo sigue suelto. Tú, siendo un hombre, buscas vengarte en un niño de 5 años. ¿En qué se diferencia tu conducta de la del asesino? ¿Quieres convertir a este niño en el segundo Fu Wei?”
Los ojos de Fu Dafan se abrieron de par en par y su mano se aflojó, bajando el cuchillo unos centímetros. En ese preciso momento, Fang Qing, que había trepado por el muro trasero, saltó sobre él sin hacer el menor ruido. Lo derribó, le inmovilizó la mano, le arrebató el cuchillo y le puso las esposas en un movimiento fluido. Fu Dafan, a pesar de su gran estatura, no tuvo oportunidad de resistirse.
Jian Yao corrió a recoger al niño. Ming Yue se lanzó sobre ellos para abrazar a su hijo. Fang Qing levantó a Fu Dafan del suelo con una mano y lo apretó contra el muro; sin saber muy bien qué decirle ante tal tragedia, se limitó a decir con voz grave: “Venga con nosotros a la comisaría.”
Las lágrimas de Fu Dafan caían sin cesar.
Bo Jinyan y Jian Yao observaban la escena desde un lado en silencio.
De repente, Yao Yuange se abalanzó, agarró a Fu Dafan por la solapa y le propinó un puñetazo: “Maldito, te atreviste a tocar a mi hijo! ¡¿Acaso no quieres vivir?! ¡Te juro que no sales vivo de esta ciudad, pedazo de basura! ¡A mi hijo no lo toca nadie!”
“¡Basta!” gritaron Bo Jinyan y Fang Qing al unísono. No pudieron evitar el primer golpe, que hizo que a Fu Dafan le brotara sangre de la nariz. Cuando Yao Yuange iba a lanzar el segundo, Fang Qing le agarró el brazo y rugió: “¡Yao Yuange, te atreves a golpear a alguien delante de la policía!”
Yao Yuange lo miró con furia: “¿Policía? Ja, ¿qué mierda me importa a mí la policía?”
Ming Lan corrió a sujetarlo. Bajo la mirada inquisidora de los agentes, Yao Yuange pareció darse cuenta de que había perdido los papeles; no dijo nada más, se dio la vuelta y se marchó.
La tercera tragedia potencial había sido evitada. Los policías se llevaron a Fu Dafan. Bo Jinyan y Fang Qing intercambiaron una mirada; ambos vieron algo sospechoso en los ojos del otro.
Ƹ̴Ӂ̴Ʒ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ♥ Ƹ̴Ӂ̴Ʒ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ
Bo Jinyan y Jian Yao regresaron a la jefatura. Como la posada estaba precintada, les asignaron una habitación en una casa de huéspedes cercana. En la habitación de decoración sencilla, Bo Jinyan estaba apoyado en la cama, pensativo. Jian Yao deshizo las maletas suspirando. ¿Quién iba a decir que unas vacaciones se convertirían en esto? Todo estaba lleno de sangre y melancolía.
“Cuando atrapen a Tong Min, el caso estará resuelto, ¿verdad?” comentó Jian Yao. “Entonces podremos volver a Beijing.”
Bo Jinyan la miró y no dijo nada.
Jian Yao se quedó junto a la ventana: “Pero sigo sintiendo que hay cosas en este caso que no terminan de encajar, algo incómodo.”
Bo Jinyan sonrió, se levantó y la rodeó por detrás, apoyando su barbilla en el hombro de ella: “No esperaba menos de… la señora Bo.”
Jian Yao se sorprendió: “¿A qué te refieres?”
Bo Jinyan miró con ella por la ventana y dijo: “Las palabras de Tong Min anoche me hicieron sentir que este caso tiene un trasfondo oculto; no es tan simple como un asesinato cometido por una psicópata. Además, en el crimen de anoche hay tres puntos sospechosos muy evidentes.
Jian Yao pensó un momento: “Yo solo he encontrado uno.”
Bo Jinyan sonrió con suficiencia.
Jian Yao le dio un toquecito en la cara: “¡Eres incorregible! ¡No te rías!”
En ese momento, alguien llamó a la puerta. Jian Yao preguntó: “¿Quién es?”
Bo Jinyan dijo: “¿Quién va a ser? Seguro es Fang Qing, que viene a discutir este «caso dentro del caso» con nosotros.”
Jian Yao abrió la puerta y miró a Fang Qing, luego a Bo Jinyan. Realmente parecía que su marido se estaba volviendo adivino.
Fang Qing entró y soltó de golpe: “Tengo dos noticias nuevas. Primero: no se encontró ninguna huella dactilar en el mango del cuchillo que mató a Zhao Xia anoche. Segundo: el documento de identidad de Tong Min es falso.”

