MNM – HP 9 (FIN)

MNM – Historia Paralela 9

 

Madame Benoit inclinó su taza de té, observando la puesta de sol.

Así como el aroma del té perfumado se deslizaba por su garganta, el sol que teñía el cielo, enriquecía la visión de Madame Benoit. Plenamente. La belleza de la mansión de Benoit era reconocida incluso dentro del imperio.

Especialmente la puesta de sol, que iluminaba la mansión, era digna de admiración. Madame Benoit tarareó en voz baja.

Hubo días en los que nunca imaginó que podría disfrutar de tanta paz. En el pasado, cuando la vida de Madame Benoit solo estaba llena de dificultades, se maldijo a sí misma por no haber podido resistir hasta el final y se odió a sí misma por no haber muerto.

Pero, Madame Benoit sabía que su muerte traería un dolor inmenso a alguien, así que no se atrevió a hacerlo. Incluso en aquel entonces, no podía causarle tanto dolor a Fidelis, quien la visitaba a diario siempre que tenía tiempo.

‘Todo es cosa del pasado.’

Madame Benoit sonrió, le tomó mucho tiempo antes de que pudiera dejar atrás todo ese dolor, solo tenía que dar un paso al frente… Quizás Madame Benoit estaba esperando el momento oportuno.

“Diana.”

“Ah. ¿Cuándo llegaste?”

“Justo ahora. ¿En qué estabas pensando? Ni siquiera te diste cuenta de que llamé.”

Fidelis tocó el hombro de Madame Benoit, luego besó con ternura la mejilla de la dama y se sentó frente a ella. Madame observó los pasos vacilantes de Fidelis con preocupación, sin embargo, cuando Fidelis se sentó y miró a la Gran Dama, ella sonrió, fingiendo no darse cuenta.

“Solo… pensé que el atardecer era hermoso. Supongo que también pensaba que me gustaría envejecer de una forma tan bonita como esa.”

Fidelis volvió la mirada hacia el cielo que la Gran Dama contemplaba.

“Es precioso, tal como dijiste.”

Fidelis sonrió.

“Estás envejeciendo preciosa así, conmigo. No estás sola, ¿sabes?”

La Gran Dama asintió. Su sonrisa se profundizó al tomar la mano extendida de Fidelis, la calidez que se filtraba en su mano era suave y encantadora. Fidelis incluso besó el dorso de la mano de la Gran Dama.

“¿Qué tal tu visita al palacio ayer? ¿Dijiste que la Emperatriz está embarazada de su segundo hijo?”

“Sí. Irenea está embarazada de su segundo hijo. Esa niña piensa demasiado, no sabía si podría ser de ayuda, pero pensé que verla podría mejorar las cosas, así que fui a visitarla.”

“¿Cómo está?” (Fidelis)

“Está bien, sigue siendo hermosa y brillante. Parece que no se da cuenta de cuánto brilla.”

“Con el carácter de Su Majestad la Emperatriz, podría no saberlo.” (Fidelis)

Fidelis asintió.

“Por cierto, es el segundo hijo, quizás Su Alteza el Príncipe Berhil haya crecido un poco para cuando nazca.”

“No lo sé, es muy joven todavía.”

Era una conversación casual, cotidiana. La Gran Duquesa reflexionó de nuevo, fue una muy buena decisión no ascender al puesto de Emperatriz Viuda. Si lo hubiera hecho, ese momento podría no haber llegado. El Palacio Imperial habría sido una prisión diferente para la Gran Duquesa.

Una prisión espléndida y hermosa, sin carencias materiales.

Pero eso no era lo que la Gran Dama necesitaba. En lugar de aferrarse al poder y riqueza, eligió a Fidelis, una vida con Fidelis, una vida donde pudieran conversar sobre cosas cotidianas, mirarse a los ojos y pasar incluso un breve momento juntos cada día.

Amaba esa vida que finalmente podía compartir con Fidelis. Sabía que tenía este momento gracias a Fidelis, quien nunca había renunciado a la Gran Dama durante décadas.

“Diana.”

Fidelis llamó a la Gran Dama en voz baja, ahora, él era el único que llamaba a la Gran Dama por su nombre. Cada vez que Fidelis la llamaba, sentía como si volviera a ser la querida Gran Dama de hacía treinta años.

La Diana de su juventud.

“¿Por qué?” – Dijo Diana en voz baja.

“Es solo que te llamé, me miraste y respondiste. Me encantan todos estos momentos, son adorables.”

Fidelis habló en voz baja. La miró con una mirada que parecía que no sería suficiente incluso si pudiera darle todas las cosas bellas del mundo.

“Diana. Algún día… volvamos a Benoit.”

“…”

“No hay solo recuerdos dolorosos allí, ¿verdad? Hubo muchos momentos felices. No quiero que te aten los recuerdos dolorosos y olvides los buenos momentos. Por eso, cuando miras hacia el pasado, viene a tu mente los recuerdos tristes en lugar de felices… Eso perturbador y doloroso.”

“Sé a qué te refieres, Fidelis.”

La Gran Dama tomó la mano de Fidelis y apoyó la frente en ella. Era la mano de alguien que la había esperado y amado durante mucho tiempo, se había podrido por la epidemia, había cruzado el río de la muerte para finalmente regresar a sus brazos.

En aquel entonces… pensó qué si Fidelis moría, ella moriría con él, pensó que ya no tenía sentido vivir. César era lo suficientemente mayor como para valerse por sí mismo, y además, tenía a Irenea.

Pero para la Gran Dama, Fidelis lo era todo. Lo conocía desde hacía más tiempo del que había vivido sin él. Sabía que no podría soportar su desaparición, ya que él había ocupado la mayor parte de su vida

Y, sin embargo, al final, Fidelis había regresado a su lado. Eso le bastaba a la Gran Dama, se había convertido en alguien capaz de hacer lo que Fidelis deseara.

“Hagamos lo que desees. Algún día, regresemos juntos a Benoit, encontremos las cosas que anhelamos y revivamos lo que hemos olvidado. Sería maravilloso envejecer juntos allí, el lugar donde tú y yo nos conocimos por primera vez.”

Fidelis sonrió, ahora tenía arrugas alrededor de los ojos y el cabello canoso y aunque muchas cosas habían cambiado con el paso del tiempo, su corazón seguía siendo el mismo. No, al contrario, se había profundizado.

Fidelis ahora estaba siendo recompensado por el tiempo que había soportado, porque sostenía a Diana en sus brazos. Sus miradas se encontraron.

La Gran Dama pensó que la mirada de Fidelis era tan hermosa como el atardecer que ahora coloreaba el cielo.

 

* * *

 

El segundo hijo de Irenea y César nació y tal como César había deseado, fue una niña, una niña encantadora, que heredó los ojos dorados de Irenea y el cabello negro de César. La niña tenía los rasgos faciales de Irenea, y se decía que su sonrisa era la viva imagen de la de su madre.

“¡Dios mío! Mira qué sonrisa. Es una Irenea en miniatura, ¿verdad?” – Murmuró Madame Benoit.

“Me alegra que esté sana.” – Añadió Fidelis.

La niña se llamaba Iris. Había pasado exactamente una semana desde el nacimiento de Iris, más tres días, por eso ahora la presentaban ante el público.

Iris abrió su boquita y la movió.

“¿Tiene hambre?” (Madame)

“No, madre. No ha pasado mucho tiempo desde la última vez que comió.”

Irenea se echó a reír. Berhil estaba en brazos de Irenea, Berhil también había crecido mucho y hablaba mejor e incluso formaba frases.

“¡Bebé!”

Berhil señaló la cuna y exclamó.

“Así es, Berhil. Es la hermana pequeña de Berhil. ¿Verdad que es bonita?” (Irenea)

Berhil ladeó la cabeza e Irenea se inclinó hacia la cuna sosteniendo a Berhil que movía las caderas. Los ojos de Berhil brillaron.

“Es bonito. El bebé es bonito.”

“¿Verdad?” (Irenea)

“¡Guau! ¡Berhil también es bonito!”

“Por supuesto. ¡Berhil también es increíblemente bonito!” (Irenea)

Irenea besó a Berhil en la mejilla y Berhil, encantado, sonrió ampliamente y luego arrojó el muñeco de conejo que sostenía en la cuna.

“¿Berhil?” (Irenea)

“¡Un regalo para el bebé! ¡Un regalo para ella! ¡Iris también! ¡Una muñeca!”

Berhil sonrió tímidamente.

“Qué amable es nuestro Berhil.” (César)

César arrebató a Berhil de los brazos de Irenea y levantándolo en el aire, lo hizo girar.

“¡Kyaaaah!”

Berhil forcejeó y estalló en carcajadas.

“Incluso dándole regalos a su hermanita. ¿A quién se parece nuestro Berhil para ser tan amable?” (César)

“¡Uf…! ¡Mamá!”

“¿Y papá?” (César)

Le preguntó César a Berhil, con la voz visiblemente decepcionada. Berhil se sumió en un pensamiento profundo, para un niño de su edad, sin duda era el dilema más serio. Berhil frunció los labios.

“Uf, uf.”

Berhil ladeó la cabeza.

“¡Berhil es guapo porque se parece a su papá!”

“¿En serio? Berhil, papá te quiere mucho.” (César)

“¡Berhil también quiere a papá!”

Irenea levantó a Iris de la cuna, que se esforzaba por alcanzar algo, como si quisiera que la incluyeran en la conversación.

La Gran Duquesa y Fidelis sonrieron ampliamente al ver esa escena, ambos parecían tan felices, como si no quedara rastro del pasado.

Vivirían en esa dicha eterna.

La felicidad se acumulaba capa tras capa.

Era su propio santuario, uno que nadie podía invadir.

 

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<Final – Historias Paralelas>

[Mi nuevo marido será un hombre cariñoso y obsesivo]


Nameless: ¡He terminado! ¡¡Estoy a las justas de tiempo, así que no diré más, solo que disfruten la novela!!

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