Capítulo 4 – Siete años después
“Parece que ha perdido la memoria durante los últimos tres años.” (Médico)
La Sra. Jang preguntó al médico de guardia para aclarar la situación.
“Si son tres años, ¿significa que los recuerdos de mi hijo se quedaron estancados en los veintitrés años?”
“Así es.” (Médico)
“¿Es posible que recupere la memoria algún día?”
“Podría suceder. Sin embargo, dado que podría ser angustiante para el paciente, por favor, intente no estresarlo demasiado. Su estabilidad es lo más importante.” (Médico)
“…”
“También podría haber otros problemas, así que tendrá que vigilarlo durante un tiempo.” (Médico)
Ante el consejo del médico, el pulso de la Sra. Jang se aceleró.
Era una lástima que su hijo hubiera perdido tres años de memoria.
Pero si solo se trataba de los últimos tres años, ¡quizás fuera para mejor!
En los últimos tres años, lo único que le había sucedido a su hijo era su alistamiento militar, su baja y un breve romance con una chica llamada Lee Jeong-Oh.
Si solo era eso, perder esos recuerdos podría no ser tan malo.
Su vida universitaria solo había abarcado dos semestres en esos tres años, así que no se quedaría atrás con respecto a los demás.
La mente de la señora Jang bullía de ideas.
Necesitaba borrar todo rastro del pasado de su hijo, especialmente cualquier vestigio relacionado con esa chica, Jeong-Oh. Así podrían regresar al tiempo en que él no la conocía y empezar de nuevo.
Esa era una oportunidad para que su hijo fuera más feliz.
“Sí. Lo vigilaré de cerca. Gracias, doctor.”
La señora Jang agradeció al médico y salió de la consulta. Afuera estaba Eun-Bi, con expresión preocupada.
“Madre.” (Eun-Bi)
La hija del juez del Tribunal Supremo Chae Seobok.
Esta chica, que había regresado recientemente a Corea tras estudiar en Estados Unidos, había velado fielmente junto a la cama de Ji-Heon.
Podría ser por sentido del deber como testigo del atropello, pero parecía preocuparse sinceramente por Ji-Heon.
Ella provenía de una buena familia y tenía una buena educación.
Si iba a ser la pareja de su hijo, al menos debería ser así de capaz.
“Cierto, Eun-Bi.”
“¿Qué dijo el médico?” (Eun-Bi)
“Dijo que ha perdido la memoria de los últimos tres años. No saben si la recuperará o no.”
La señora Jang suspiró profundamente mientras hablaba con Eun-Bi.
“¿Entonces también ha perdido la memoria sobre mí?” (Eun-Bi)
El rostro de Eun-Bi también reflejaba preocupación, con lágrimas en los ojos.
“Oppa me quería mucho, ¿sabe?” (Eun-Bi)
“¿Ah, sí?”
“Incluso dijo que quería salir conmigo cuando volviera a Corea, aunque probablemente era una broma. Pero ahora no lo recordará.” (Eun-Bi)
Al escuchar la confesión de Eun-Bi, la señora Jang instintivamente le tomó la mano con fuerza.
“¡Está bien! Podemos empezar de nuevo.”
“¿De verdad? ¿Lo cree?” (Eun-Bi)
“Por supuesto. Absolutamente.”
Ver su tímida sonrisa mientras la señora Jang la animaba la hacía lucir verdaderamente hermosa. La señora Jang comenzó a imaginar un futuro feliz.
Qué maravilloso sería si una chica así se convirtiera algún día en su nuera.
Tras despedirse de Eun-Bi, la señora Jang regresó a la habitación del hospital.
Ji-Heon, que había estado durmiendo, ahora estaba despierto, mirando fijamente por la ventana con la mirada perdida.
“¿Estás despierto? ¿Cómo te sientes?”
“Bien.” (Ji-Heon)
Ji-Heon respondió secamente, con un tono monótono y sin emoción. La señora Jang intentó de nuevo entablar conversación con él; quería infundirle algo de vida a su hijo.
“¿Viste a Eun-Bi? Mientras estabas inconsciente, ella trabajó muy duro. Venía a visitarte todos los días.”
“¿La hermana menor de Eun-Yeob?” (Ji-Heon)
“Sí. Acaba de regresar de estudiar en el extranjero hace unos días y todavía está un poco desorientada, pero te cuidó muy bien.”
“…”
“Por cierto, ¿te acuerdas de esto? Parecías pensar que Eun-Bi era muy linda. Antes de irte al extranjero, incluso dijiste que saldrías con ella cuando volvieras a Corea.”
“¿En serio? Qué raro.” (Ji-Heon)
“La hermana de Eun-Yeob no es mi tipo.”
Dijo Ji-Heon con frialdad, como si no tuviera emociones.
Su expresión era vacía, como si tuviera un gran vacío en el pecho.
Parecía que su accidente no solo le había hecho perder la memoria, sino que también había roto muchos de sus lazos emocionales.
Al ver eso, la señora Jang no pudo evitar esbozar una débil sonrisa.
“Bueno, tal vez solo lo dijiste por cortesía.”
“…” (Ji-Heon)
“Pero esa chica es muy amable y guapa. Es brillante e inteligente. Me trató muy bien también. Seguro que te parecieron adorables sus gestos.”
No, probablemente no dijo semejante tontería ni por cortesía. Seguramente no la encontraba atractiva en absoluto.
Ji-Heon quería discutir, pero al mismo tiempo, sentía ganas de quedarse callado, así que guardó silencio.
¿Qué había pasado durante los tres años que había perdido?
El servicio militar… ¿le había resultado Tan duro? ¿Cómo era posible que no recordara nada?
Quería recordar hasta el más mínimo detalle, pero era inútil. Mientras fruncía el ceño, la señora Jang, con expresión preocupada, preguntó:
“¿Qué te pasa? ¿Te duele la cabeza otra vez?”
“Estoy bien.” (Ji-Heon)
“…”
“Siento que he olvidado algo muy importante.” (Ji-Heon)
Cuanto más luchaba por recordar, más sentía que la cabeza le iba a estallar.
Sin embargo, en lugar de lágrimas en lo ojos, sentía que estas le brotaban del pecho.
***
Jeong-Oh no podía ir al hospital.
Cuando estaba con Ji-Heon, sentía que podían superar cualquier cosa, pero el simple hecho de haber perdido el contacto con él la agotaba por completo.
Pero su cuerpo no le fallaba. El sueño la venció y un dolor intenso se instaló en su pecho. Incluso sentada, sentía náuseas.
No podía posponerlo más. No podía seguir desesperada así.
Tenía que tomar una decisión.
Tenía que intentarlo una vez más.
‘Intentemos contactarlo una última vez.’
Respirando hondo, Jeong-Oh tomó valientemente su teléfono.
<¡Rin, rin!> …Su corazón latía con fuerza durante el tono de llamada, pero la llamada no se conectó.
Su corazón se hizo pedazos. Una vez más, su mente quedó destrozada, incapaz de albergar la más mínima esperanza.
Justo cuando se sentía tan seca que ni siquiera las lágrimas le brotaban, su teléfono vibró por primera vez en mucho tiempo.
Inesperadamente, apareció el nombre de Ji-Heon.
Jeong-Oh contestó la llamada apresuradamente.
“Hola.” (Ji-Heon)
“¿Lee Jeong-Oh?”
Sin duda era la voz de Ji-Heon. ¿Cuánto tiempo hacía que no lo oía?
“Oppa…”
Tenía tanto que decir. Muchísimo. Todo el dolor que había sentido estalló.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos, que creía secos.
“¿Por qué no me contactaste…?”
Habló con un tono que parecía quejarse. Pero no podía enfadarse de verdad.
‘Sí. Yo también pensé que algo andaba mal. Oppa no cortaría el contacto así sin más.’
“Oppa, ¿pasa algo? No ha pasado nada, ¿verdad?”
Pero su resentimiento no duró mucho. Era más importante saber cómo estaba.
“Estoy bien.” (Ji-Heon)
Jeong-Oh se sintió aliviada al oír la respuesta.
De acuerdo. Mientras no hubiera pasado nada, eso era lo único que importaba. Ahora podían resolver los demás asuntos juntos.
Eso era lo que quería decir.
“Oí que te encontraste con mi madre en lugar de mí. ¿No fue ahí donde terminó todo?” (Ji-Heon)
Su voz seca volvió a sonar.
“…¿Eh?”
“¿Acaso no había expresado ya mi opinión?” (Ji-Heon)
Sus palabras sonaron tan frías que apenas podía creer que fueran sus verdaderos sentimientos.
“Ya que es una molestia, ¿podrías dejar de contactarme?” (Ji-Heon)
Pero era inconfundiblemente su voz.
La expresión de Jeong-Oh se congeló. Una sombra más oscura se cernía sobre ella, mayor que la que la había envuelto cuando perdieron el contacto por primera vez.
“No querrás ser un obstáculo en la vida de alguien, ¿verdad?”
Ella sintió que no podía respirar.
¿Acaso pensaba que ella era un obstáculo en su vida? ¿Por qué? ¿Porque iba a tener un hijo?
“Será mejor que estés preparada si vuelves a contactarme.” (Ji-Heon)
‘… ¿Preparada para qué?’
“¿Qué quieres decir con ‘preparada’?”
“Voy a colgar, espero que hayas entendido. Cuídate.” (Ji-Heon)
Su voz tranquila y firme puso fin a la conversación.
<¡Clic!>
Sin respuesta a su pregunta, y antes de que pudiera siquiera despedirse, la llamada terminó.
Eso no podía estar pasando.
Se sintió completamente agotada y dejó caer el teléfono.
Pero luego negó con la cabeza.
‘No puede ser cierto. Debe ser mentira.’
Recogiendo el teléfono de nuevo, Jeong-Oh se secó las lágrimas con la manga y marcó rápidamente el número de Ji-Heon otra vez.
[‘Este teléfono está apagado, luego del pitido deje su mensaje en el buzón de voz…’]
La voz automatizada, que había escuchado docenas de veces, resonó dolorosamente en sus oídos.
Ese fue el final de su comunicación.
***
Oppa, nuestra hija acaba de cumplir un año.
Ha empezado a llamarme “mamá.”
No sé dónde lo aprendió, pero a veces incluso me llama “papá.”
Ji-Heon, ahora nuestra hija corretea por todas partes. Está empezando el jardín de infancia.
Ella es muy curiosa y come bien.
Le encanta tocarme la cara y, de vez en cuando, canta.
Ji-Heon, el año que viene, Ye-Na empezará primero de primaria.
Es muy guapa, tiene buen carácter y muchos amigos.
Incluso sin padre, no te imaginas lo inteligente que es.
Ya no espero tu llamada.
Pensándolo bien, nunca me dijiste que me querías.
Bueno, creo que no todo fue mentira.
Debías de quererme hasta cierto punto, pero probablemente no me querías lo suficiente como para decírmelo.
Está bien. Ya está bien.
La etapa que no pude dejar atrás durante tanto tiempo solo ha dejado un residuo duro como una bola de acero.
Y ha pasado suficiente tiempo para que esa bola de acero se oxide de nuevo.
Han pasado 7 años.
Ahora, ya no lloro por el amor que perdí.
***
“Mamá, ¿por qué hay una máquina de gacha* aquí?”
(N/T: *Las máquinas gacha (o gachapon) son máquinas expendedoras de cápsulas que contienen juguetes o figuras coleccionables al azar. El nombre proviene de las onomatopeyas japonesas «gacha» (el sonido de girar la manivela) y «pon» (el sonido de la cápsula al caer.)
Preguntó Ye-Na de camino a casa desde la academia.
Ye-Na, que había soltado la mano de su madre y se había adelantado unos pasos, se detuvo frente a la máquina y preguntó:
“Mamá, ¿por qué hay una máquina de gacha aquí?”
Los brillantes ojos de la niña, que la miraban, enternecieron a Jeong-Oh.
Como una piedrecita negra que reluce en las aguas cristalinas del valle, su expresión curiosa era tan encantadora que incluso su picardía resultaba adorable.
“Ye-Na, ¿de verdad preguntas por qué está la máquina de gacha está aquí, o es que quieres probarla?” (Jeong-Oh)
Jeong-Oh entrecerró los ojos y preguntó:
“Sé sincera.” (Jeong-Oh)
“Quiero probarla.”
Atrapada por sus verdaderos sentimientos, Ye-Na frunció sus labios carnosos y confesó.
Ella era tan adorable que Jeong-Oh ni siquiera pudo regañarla.
Jeong-Oh soltó una risita.
“Elige. Te dejaré hacerlo solo una vez. Si no consigues lo que quieres, mala suerte. Solo esta vez.” (Jeong-Oh)
“Esta.”
Ye-Na señaló la máquina de gachas en la parte inferior izquierda.
“Esto cuesta tres monedas de 500 wones. Ye-Na, ¿cuánto es eso?” (Jeong-Oh)
“¡1500 wones!
Jeong-Oh le había pedido que le enseñara matemáticas, pero Ye-Na respondió más rápido de lo normal.
Seguramente ya lo había calculado mentalmente.
Jeong-Oh miró a Ye-Na con los ojos entrecerrados y le entregó tres monedas de 500 wones.
Ye-Na introdujo las monedas en la máquina de gacha con seguridad.
Al ver lo hábil que era manejando la máquina, parecía que había aprendido el truco de su abuela.
Esa niña de siete años era muy lista.
Jeong-Oh pensó en el hombre astuto de hacía siete años.
Tan sutilmente astuto que nunca se dio cuenta de que la había engañado.
Le pareció gracioso que le recordara al padre de Ye-Na de una manera tan extraña.
‘Pero ya no soy la Lee Jeong-Oh de entonces.’ (Jeong-Oh)
Jeong-Oh se había convertido en alguien que podía sonreír con ironía a la versión inocente de sí misma de hacía siete años.
Recordarlo de vez en cuando no significaba que lo echara de menos en absoluto.
Era como un campesino reflexionando sobre una sequía extrema.
Un pasado terrible.
Deseaba no volver a vivirlo jamás.
“¡Guau! ¡Mamá! ¡Conseguí lo que quería!”
Ye-Na, con la cápsula de la máquina tragaperras en la mano, saltaba de alegría, pero Jeong-Oh sintió un vacío.
Una pelota de goma. Solo un trozo redondo de goma. Era absurdo que costara 1500 wones por algo tan trivial, así que Jeong-Oh le preguntó:
“¿De verdad querías esto, Ye-Na?” (Jeong-Oh)
“¡Sí!”
“¿Por qué?” (Jeong-Oh)
“Porque es del mismo color que las fichas de Go.”
Ye-Na, tras sacar el contenido de la cápsula, respondió.
Este trozo de goma con forma de balón de fútbol era de un color similar al de las fichas de Go, lo que la alegró.
¡Qué niña tan encantadora!
Jeong-Oh no pudo evitar sonreír.
Como las hojas de los árboles de la calle en esa época del año, su hija ha crecido inesperadamente. Se ha convertido en una niña que conoce sus preferencias y sabe expresarlas.
Durante todo el camino al restaurante, Ye-Na no soltó su bolsillo.
La forma en que jugueteaba con la bola de gacha en su bolsillo llamó mucho la atención de Jeong-Oh.
Sus pasos eran más rápidos de lo normal. Era evidente que estaba ansiosa por llegar al restaurante de su abuela y sacar la bola de gacha para jugar.
Las dos caminaron con paso firme y llegaron a «Guk-Sun Baekban.»
La madre de Jeong-Oh, Lee Guk-Sun, dirigía el restaurante.
Es un lugar pequeño con solo cinco mesas, pero es famoso en la zona. A la hora del almuerzo, los oficinistas de los alrededores hacen fila, lo que lo hace bastante popular.
“¡Abuela!”
“¿Está mi bebé aquí? ¡Date prisa y come!” (Guk-Sun)
Cuando Ye-Na abrió la puerta del restaurante y gritó, Guk-Sun la recibió con una amplia sonrisa. La cena para ambas ya estaba preparada en la mesa.
Antes incluso de sentarse, Ye-Na sacó la bola de gacha de su bolsillo.
“¿Te tocó otra, verdad?” (Guk-Sun)
Guk-Sun notó lo que Ye-Na sostenía y preguntó. Ye-Na no respondió, como si se sintiera culpable.
El menú de la cena de esa noche era sopa de brotes de soja y cerdo salteado.
Sin chuletas de cerdo ni tteokbokki en la mesa, Ye-Na se puso de mal humor rápidamente.
Sin darse cuenta de los sentimientos de Ye-Na, Guk-Sun tomó la guarnición de anchoas y la colocó en el plato de Ye-Na.
“Vamos, cariño. Tienes que comer.” (Guk-Sun)
Como Ye-Na no se movía, Guk-Sun, instintivamente, tomó su cuchara. Tomó arroz del tazón de Ye-Na y se lo llevó a la boca.
“Mamá, déjala comer sola.” (Jeong-Oh)
Jeong-Oh, sentada frente a ella, se sirvió arroz en la boca como si fuera una niña y dijo mientras comía.
“Ella no come por eso.” – Replicó Guk-Sun.
Su hija y su nieta eran los tesoros de Guk-Sun.
Ver a su hija comer el arroz que ella misma había cocinado hasta saciarse y ver la boca llena de comida de su nieta le llenaba el día.
Como si lo presintiera, Ye-Na miró a su madre y dijo: “Abuela, me siento llena solo de ver a mamá comer.”
Jeong-Oh soltó una carcajada mientras tragaba su arroz.
Los niños son el reflejo de los adultos.
Los niños recogen los fragmentos de palabras que los adultos dicen sin cuidado y los hacen suyos.
Así que Jeong-Oh también se esfuerza por hablar con dulzura y actuar con amabilidad para dar ejemplo a su hija, Ye-Na.
Incluso durante la comida, Guk-Sun se levantó varias veces para atender a los clientes. Jeong-Oh intentó ayudar, pero Guk-Sun adoraba a su hija.
“Come rápido y vete a casa. Prepárate para el trabajo de mañana.”
“No hay nada que preparar para el trabajo.” (Jeong-Oh)
“Es tu primer día después de cambiar de trabajo. Necesitas estar preparada mentalmente.”
Como si la preparación mental fuera comparable a una mudanza a gran escala, la voz de Guk-Sun estaba llena de fuerza.
***
Al día siguiente.
“Que te vaya bien. No te saltes el almuerzo.” (Guk-Sun)
En su primer día en la nueva empresa, Jeong-Oh salió de casa despidiéndose de Guk-Sun.
Se había mudado a esa nueva empresa por recomendación de una compañera que ya se había trasladado. Era una empresa pequeña, pero las condiciones eran buenas, así que no lo dudó mucho.
Sin embargo, cuando Jeong-Oh llegó a la nueva empresa, su compañera le dijo inmediatamente que fuera a Gangnam.
En el cruce del banco, Jeong-Oh esperó a su compañera. Al cabo de un rato, llegó.
“Asistente Lee.” (Senior)
“Senior.”
Tras saludarla, Jeong-Oh le preguntó qué le preocupaba.
“¿Por qué me ha llamado?”
“La empresa fue vendida. A Max Planning.” (Senior)
La vida es impredecible.
Jeong-Oh no pudo cerrar la boca y, tras una larga pausa, preguntó: “¿Cuándo?”
“El anuncio oficial se hizo anoche. ¿No viste el artículo?” (Senior)
Como si lo hubiera visto. Anoche se acostó temprano, como le había aconsejado su madre.
“Parece que todo avanzó muy rápido. Pero tu puesto de asistente sigue ahí. Solo ha cambiado el edificio y la gerencia. Es solo una pequeña confusión, y pronto se solucionará.” (Senior)
“…”
“Como este es tu primer día de trabajo, te he facilitado el inicio directo aquí sin necesidad de firmar el contrato dos veces. Yo también me mudaré pronto, así que no te preocupes.” (Senior)
Ahora que lo pensaba, el lugar donde su superior le había pedido que se reunieran era frente al edificio de Max Planning.
Si bien Max Planning era una empresa mejor y con una buena ubicación, todo fue repentino.
“El equipo de Recursos Humanos se pondrá en contacto contigo. Entra rápido.” (Senior)
“¿Sola?
“Puedes hacerlo, asistente Lee.” (Senior)
Su superior animó a Jeong-Oh con una palmada en el hombro.
La emoción y la tensión de su primer día en el nuevo trabajo se vieron eclipsadas por un miedo extremo.
Se sentía sola en el vasto océano. Pero la vida es, por naturaleza, solitaria.
Treinta años. Las experiencias de una vida larga se han convertido en un valioso recurso para Jeong-Oh. Comparado con la desesperación de antaño, este nivel de tensión no es nada.
‘¡Lee Jeong-Oh, tú puedes!’
Jeong-Oh se armó de valor y entró en el edificio.
Frente a la entrada de la empresa se encontraban una mujer y un hombre.
“¿Eres Lee Jeong-Oh?”
Cuando Jeong-Oh respondió: “¡Sí!”, el hombre la presentó a la mujer.
“Jefa de equipo, esta es la nueva redactora, Lee Jeong-Oh.”
La mujer asintió con entusiasmo y le tendió la mano a Jeong-Oh.
“Asistente Lee Jeong-Oh, encantada de conocerla. Soy Seong Mi-Ran, la jefa del Equipo de Producción 2. ¡Trabajemos juntos para lograr grandes cosas!”
“Sí. Tengo muchas ganas de trabajar con usted.”
Tranquilizada por la amabilidad de la jefa de equipo, Jeong-Oh siguió a Mi-Ran tras despedirse del personal de Recursos Humanos.
“He oído hablar de usted. Se mudó de Sang-A Planning y terminó aquí.” (Mi-Ran)
“Sí.”
“Debe ser confuso. Últimamente todo ha estado bastante ajetreado, así que no tendremos mucho tiempo para ayudarle a adaptarse. Podrá adaptarse, ¿verdad?” (Mi-Ran)
“Sí, por supuesto.”
Respondió Jeong-Oh con seguridad.
A pesar del aparente caos, el interior de la empresa estaba extrañamente silencioso.
Al notar algo inusual, Mi-Ran le preguntó a un compañero del equipo contiguo mientras se dirigían a sus asientos.
“¿Por qué hay tanto silencio?” (Mi-Ran)
“El director Jeong está aquí.” – Rrespondió su colega, señalando hacia el final del pasillo.
Jeong-Oh se giró para mirar al final del pasillo. Allí estaba un hombre alto y delgado, notablemente más alto que los demás. Su espalda parecía más propia de un modelo que de un director.
“¿Ah? Entonces no hace falta saludarlo por separado.” (Mi-Ran)
Mi-Ran murmuró para sí misma, luego se inclinó hacia Jeong-Oh y dijo con seriedad: “En realidad, el director da más miedo que el director ejecutivo. Solo lleva aquí una semana…”
“…”
“Es el hijo del presidente del grupo.” (Mi-Ran)
El hijo del presidente. Alguien de otro mundo.
Quizás era la tensión, pero sentía un nudo en el estómago.
‘Tengo que hacerlo bien. Tengo que hacerlo bien.’
Justo cuando Jeong-Oh se recompuso, el director Jeong se dio la vuelta.
La vida siempre es impredecible.
El rostro de Jeong-Oh se tensó mientras miraba por el pasillo.
…Ese cuerpo, ese rostro.
Siete años. El lapso de tiempo parecía una mentira, pero incluso desde la distancia, lo reconoció claramente.
‘El padre de mi hija. Jeong Ji-Heon. Es él.’
Jamás esperó encontrarse con él así.
No sabía que resultaría ser esa clase de persona.
Mientras Jeong-Oh estaba tan sorprendida que no podía moverse, él se acercó sin dudarlo, sin un instante de pausa ni temblor en sus ojos.
Paso a paso, paso a paso.
El sonido de sus tacos al golpear el suelo resonó como pesadas cadenas que la envolvían.
Sintió como si le hubieran cortado la respiración, dificultándole respirar.
Solo su corazón luchaba en su interior, como si pudiera estallar en cualquier momento.
Él se acercaba.
Un encuentro con el que una vez había soñado.
Pero ahora, quería negar con la cabeza.
Mientras lo negaba mentalmente con vehemencia, él se acercó.
Por fin, sus pasos, que seguían el ritmo de los de ella, se detuvieron justo delante.
El tiempo se congeló.
Sin darse cuenta, retrocedió medio paso, pero Ji-Heon la sujetó con firmeza.
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