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DEULVI – 251

CAPITULO 251

“Creo que me estoy adaptando demasiado rápido a mi vida en este mundo. ¿Es normal?”

“¿Ramita es un poder del alma o del cuerpo?”

“Por supuesto, es el poder del alma.”

“Conviérteme en una verdadera Jin Anika. Por favor.”

“Su Santidad, recuperaré mi Ramita a toda costa.”

“¿Cómo te atreves a llamarme madre?”

“Sentí claramente que había alguien más dentro del cuerpo de mi hija.”

Se juntaron piezas dispersas para formar una imagen. A pesar de que faltaban algunas piezas, Eugene tuvo suficiente para tener una idea aproximada de su forma final.

Eugene se quedó estupefacta y conmocionada cuando finalmente lo comprendió. ¡No era la impostora, después de todo! En realidad, este mundo era el lugar al que debería haber pertenecido desde el principio.

“Jin, mi bebé.”

Eugene sintió que sus pestañas temblaban sin darse cuenta. La voz sonaba tan cálida que sintió como si la abrazaran. A pesar de no tener ni un solo recuerdo antes de los nueve años, había una voz que se quedó atrapada para siempre en su cabeza. Sonaba tan cálida que fue suficiente para hacerla llorar

“Jin, mi bebé.”

Eugene siempre había pensado que la voz pertenecía a su madre. Supuso que fue su madre quien le susurró esas palabras cuando era muy pequeña, abrazándola fuertemente contra su pecho mientras la miraba con los ojos llenos de amor maternal. La hacía feliz solo imaginarlo en su mente.

La única creencia que alguna vez recibió el amor de sus padres fue el único poder que mantuvo su vida en marcha.

Creía que su madre solo estaba agotada por el peso de la vida y que volvería a llamarla diciéndole: “Jin, mi bebé” si la vida mejoraba para ellas. Y si ese día llegaba, solo quería arrojarse a los brazos de su madre como cuando era niña.

Esa era la razón por la que Eugene se resistía tanto a renunciar a su familia. No podía dejarlos, a pesar de las innumerables decepciones.

Ah. Eso lo explica todo.

Eugene abrió los ojos de nuevo. Al instante, todo se le aclaró al ver a Dana, quien la miraba con tanta calidez. Dana debió ser quien transmitía la voz que Eugene recuerda tan vívidamente hasta el día de hoy.

“Mamá…” Apenas logró pronunciar la palabra ya que su voz estaba restringida por el nudo en su garganta mientras su nariz y ojos picaban por las lágrimas.

«Mamá…» Pronto, los años de tristeza la invadieron. Su corazón rebosaba de alegría y resentimiento a la vez. De repente, le pareció injusto haber pasado toda su infancia sola cuando más necesitaba el amor paterno.

Eugene rompió a llorar, abrumada por la oleada de emociones. Como las lágrimas le nublaban la vista, se las secó rápidamente con el dorso de la mano, pues no quería perderse ni un solo cambio en la expresión de Dana. Necesitaba pruebas para aclarar que, después de todo, no estaba soñando.

“Sí, cariño.” Con ambas manos, Dana apretó más la mano de Eugene mientras las lágrimas fluían sin cesar de sus ojos.

“Mamá.”

“Sí. Mamá está aquí.”

“Yo… yo estaba tan sola y asustada. ¿Por qué no viniste a buscarme?”

A pesar de que sus palabras sonaban apagadas por el sollozo, Dana sabía exactamente a qué se refería su hija. «Lo siento mucho. Mamá se equivocó. Mi dulce hija, debes haber sufrido mucho. Ven. Deja que mamá te abrace, ¿quieres?»

Eugene se puso de pie y se arrojó a los brazos abiertos de Dana. Había algo nostálgico en el aroma que emanaba de ese cuerpo suave y cálido. Era el aroma de su madre.

Dana pasó suavemente su mano por la espalda de Eugene, que lloraba desconsoladamente como un bebé, y acarició suavemente el cabello de su hija.

“Mi pequeña… Mira cuánto has crecido. Mamá lo siente. Mamá lo siente mucho.”

Dana dijo con la voz entrecortada por las lágrimas. Después de besar la cabeza y el rostro de Eugene, la abrazó con fuerza y ​​volvió a mirar el rostro de su hija. Ambas lloraron y rieron al mismo tiempo. Madre e hija compartieron su calor abrazándose.

♛ ♚ ♛

Toda la mansión se puso patas arriba cuando Dana se desmayó. Por orden de Arthur, se envió un mensajero inmediatamente para informar a Patrick y Enoch. El médico de familia llegó poco después de que Arthur acostara a su madre en la cama.

Eugene y Kasser no podían hacer nada en semejante confusión. Como irse sin ver a Dana despierta era impensable, ambos esperaron en silencio en un sofá de la sala.

Poco después, Patrick y Enoch regresaron a casa. Patrick recibió con desgana los saludos de su hija y su yerno antes de irrumpir en la habitación. Enoch también estaba muy ocupado interrogando a Arthur sobre las circunstancias anteriores, por las que no le había prestado mucha atención a su hermana.

Una vez que la conmoción pareció calmarse, Enoch saludó a su hermana como es debido. Tras varios intentos de entablar conversación, finalmente se rindió, pues Eugene solo respondió con breves respuestas, por mera formalidad. Enoch intentó ser comprensivo con su hermana, considerando que aún se recuperaba del shock de ver a su madre desplomarse ante sus ojos. Un silencio incómodo invadió la sala de estar donde Eugene, Kasser, Enoch y Arthur estaban reunidos en el sofá.

Tras dos horas de espera, Patrick salió por la puerta y les aseguró que Dana había recuperado el conocimiento. Le dijo a Eugene que Dana la buscaba y desapareció tras la puerta con Eugene esta vez. Pero cuando regresó, estaba solo.

“¿Dónde está?” Kasser rompió su silencio por primera vez después de haber permanecido en silencio durante toda la espera.

“Parece que necesitan algo de privacidad. Debe ser una especie de conversación secreta entre madre e hija, ya que a mí también me pidieron que me fuera.”

“¿Quieres decir… que está sola con Lady Arse ahora mismo?”

“Tengo a mis guardias vigilando la puerta, así que estoy seguro de que estarán bien”.

Enoch no pudo evitar sentirse extraño al escuchar la conversación entre su padre y el Rey del Desierto. La forma en que el rey interrogó a su padre no parecía indicar que solo preguntara por el paradero de su esposa; parecía ansioso al dejar a Jin sola con Dana. Lo cual era extraño, ya que era completamente irrazonable que tuviera la idea de que esta casa, donde Jin nació y creció, era de alguna manera peligrosa para ella.

¿Estoy simplemente sobre interpretándolo?

Sin embargo, Enoch había presenciado algunas escenas interesantes durante las dos horas que estuvo sentado frente a su hermana y su esposo.

Cada vez que el Rey del Desierto le apretaba la mano a Jin como para ver cómo estaba, Jin se giraba hacia él y le dedicaba una leve sonrisa. Fue un instante tan fugaz que nadie lo habría notado si no se hubiera prestado mucha atención. Pero Enoch estaba seguro de haber sentido el vínculo especial entre ellos dos.

Esto sorprendió mucho a Enoch, pues nunca pensó que su matrimonio se basara en el amor. Creía, en cambio, que había razones intrincadas tras su matrimonio.

Enon lanzó miradas furtivas al Rey del Desierto para observarlo con más atención. Y concluyó que el Rey del Desierto era, en efecto, un hombre de piedra. Su rostro carecía de expresión, igual que el de su hermano Arthur, pero peor.

Quizás fue sólo debido a su suposición, pero le pareció que el Rey del Desierto, a pesar de su exterior tranquilo, estaba cada vez más inquieto a medida que pasaban los segundos.

Y Enoch tenía toda la razón. Kasser estaba al borde de su asiento, reprimiendo el impulso de irrumpir y ver si Eugene estaba bien. Solo podía pensar en cómo ella le había implorado que la ayudara si cometía algún error y se preguntaba si lo necesitaba ahora.

Su esposa había estado ansiosa camino a la mansión Arse, a pesar de ser el lugar donde ella crecía. No era difícil darse cuenta de que no era un lugar cómodo para ella.

Pensándolo bien, había algo inusual en la reacción de su madre al ver a Eugene, antes de desmayarse frente a ellos. Eso le hizo preguntarse si habría algún secreto familiar que desconociera.

Debería haber traído a Kid con nosotros.

Después de unos treinta minutos, Kasser volvió a romper el silencio. “Parece que la conversación se está alargando más de lo que esperaba”.

«Deben tener mucho que ponerse al día después de haberse visto por primera vez en mucho tiempo», respondió Patrick con naturalidad. La conversación se estancó de nuevo en un silencio continuo. Solo después de un rato, Patrick finalmente se dio cuenta de su error.

Cometí una gran descortesía al haber invitado a un huésped tan importante.

 

 

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