DDUV

DEULVI – 172

CAPITULO 172

De repente, la conversación volvió a centrarse en Flora…

“Ah, pero Anika Flora” intervino una de ellas, mientras Flora se giraba hacia ella. “¿No te sientes un poco sola sin Jin contigo? Recuerdo perfectamente que eran muy unidas cuando eran mucho más jóvenes. Igual que esas dos ahora.”

Aunque parecía que esperaba que Flora afirmara, su tono de voz no implicaba nada más. Ninguna de las Anikas pensó que Flora desearía siquiera que Jin siguiera con ella. Después de todo, la Flora que era ahora era una mujer segura de sí misma y de buen hablar. Pero de niñas, Flora solía seguir a Jin; era tan callada con la otra Anika, tan reservada…

Como si quisiera estar en cualquier otro lugar menos con ella. Y en el momento en que Jin dejó la Ciudad Santa, Flora finalmente comenzó a expresarse mejor, con palabras y pensamientos. Y para algunos, si no para la mayoría, fue un cambio desagradable.

“Bueno, lo único que es seguro es que a medida que envejecemos, nuestras vidas eventualmente cambiarán”. Flora respondió bastante vagamente: “Además, no creo que ninguna de nosotras hubiera esperado que Jin se fuera así como así”, respondió, terminando con una sonrisa prístina.

Después de todo, había aprendido siguiendo a Jin. No había perdido el tiempo persiguiendo a alguien con quien se sentía incómoda. Las anikas no eran como las personas de lengua afilada de la clase alta. Como gatitos, siempre le mostraban las garras al mundo.

Pero si bien las Anikas fueron especiales desde su nacimiento, provienen de familias diferentes y de orígenes diversos. Mientras que Jin nació en una familia prominente y adinerada, Flora provenía de una familia de orígenes humildes.

Gracias a sus conexiones con muchas otras familias nobles, Jin llevaba a Flora consigo a todas las reuniones. Flora sabía que no era porque Jin fuera amable, ella era incapaz de serlo. Sino que Jin la usaba como si fuera un cómplice. Para llamar la atención.

Todas las Anikas poseían una belleza exquisita, aun así, Flora había sido considerada la más hermosa. Pero cada vez que estaba junto a Jin, todos sus excelentes rasgos se volvían imperceptibles. No sería más que la sombra de alguien que pudiera llamar la atención mejor que ella.

Si Jin era una rosa espléndida en el jardín, Flora no era más que un sutil y hermoso lirio. El contraste entre ambas era evidente cada vez que estaban una al lado de la otra, y hacía que Jin destacara aún más.

Incluso sus personalidades eran opuestas.

A diferencia de Flora, quien rara vez expresaba con firmeza su opinión, Jin actuaba como si no tuviera nada que temer. Se comportaba como una diosa y menospreciaba a los demás. No dudaba en aplastar a quienes se interponían en su camino, ni le importaban las críticas ajenas.

Su fuerte personalidad la catapultó a la fama. Y así, la rosa hizo crecer sus espinas, o la mariposa reveló su néctar venenoso. Algunos incluso dirían que el aroma de Anika Jin era venenoso. Pero a pesar de la evidente repugnancia que la gente sentía por ella, nadie tuvo el valor de contárselo abiertamente.

Después de todo, Jin contaba con el apoyo de personas poderosas. No solo de Sang-je, quien mostraba un interés especial en ella, sino también con sus padres, que harían cualquier cosa por ella. Eran así de ricos y poderosos. Lo que hacía que Flora, a quien Jin había arrastrado a todas partes, tuviera una relación complicada con Anika.

Ambas eran más cercanas que los demás, pero en el fondo seguían siendo desconocidas. Así que Flora pensó que si Jin iba a usarla, ella también la usaría para su propio beneficio. Y mientras seguía a la descarada Anika, ella también había comenzado a forjar sus propios contactos en la alta sociedad.

Y entonces su relación se detuvo abruptamente en el momento en que Jin se fue a casar apresuradamente con el Rey del desierto.

Sintió que se había liberado de sus ataduras, aliviada de que Jin ya no estuviera. Y empezó a descubrir más cosas por sí misma, como sus verdaderos pensamientos y sentimientos…

Su mayor deseo es borrar a Jin de su propia vida.

“Han pasado ya bastantes años, pero sigue siendo un shock. ¿Quién iba a imaginar que Anika Jin se casaría con un rey?”

“Exactamente. ¡Y el Rey del Desierto, nada menos! Ese es el reino al final del desierto.”

La conversación se prolongó durante un buen rato, con Jin como tema central. Flora no lo demostró, pero se sentía incómoda al saber que, incluso ahora, jamás podría liberarse por completo de Jin.

Han pasado tres años, y aún así…

Ella era la que quedaba, pero la gente aún no había olvidado a Jin. Y cuando hablaban de ella, solían mostrar curiosidad o, ¿se atrevería a decirlo?, añoranza.

Ninguna de ellas sabe lo insidiosa que realmente es.

Aunque a Jin le daba igual cómo quedaría ante la mayoría de la gente, siempre se portaba de maravilla cuando las Anikas empezaban a reunirse. Sabía qué límites no cruzar, y las Anikas eran las pocas que se habían librado de su crueldad.

Para las otras Anikas, solo había rumores infundados, unos que ni siquiera podían imaginar, porque Jin siempre había sido una chica recatada con ellas, así que los ignoraron, pensando que solo eran rumores de celos. A Flora le molestaba aún más que las Anikas más jóvenes admiraran a Jin, pensando que solo era segura de sí misma.

Le hizo doler el estómago.

“¡Todas!” Una voz familiar interrumpió los terribles pensamientos de Flora. La charla se detuvo al darse cuenta de que las dos Anikas finalmente habían llegado, y con ellas venía una niña de unos diez años. Sonrieron mientras la acercaban con cuidado.

“Esta es Anika Margaret, se unirá a nuestras reuniones a partir de ahora”, la presentaron. Las Anikas la miraron un momento antes de darle una cálida bienvenida.

“¡Dios mío!”

“¡Anika Margaret! ¡Bienvenida!”

“¡Encantado de conocerte, Anika Margaret!”

 

 

 

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