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DEULVI – 141

CAPITULO 141

Mientras hablaba, los pensamientos de Flora viajaron a través de sus recuerdos, hacia el pasado lejano. Sintió como si hubiera regresado a ser una niña que le contaba la historia de su primer sueño lúcido a Sang-je.

Para Anika, su primer sueño lúcido es un momento decisivo. Es la prueba de su existencia, el momento en que es aceptada y reconocida. Sin importar la edad ni el tiempo, Anika jamás olvidaría este momento trascendental de su vida. Flora, hasta el día de hoy, lo recordaba todo como si hubiera sucedido ayer.

De pequeña, carecía del vocabulario necesario para describir las maravillas que había presenciado, las emociones que experimentó. Si tan solo pudiera expresar su emoción, el fantástico debut de la pequeña emocionaría a todos los que la escucharan. Por desgracia, solo pudo esforzarse torpemente por expresar y explicar adecuadamente lo que había visto. Estaba un poco disgustada, pero no podía hacer nada. Una vez que terminó de narrar, se sentó allí, mirando con entusiasmo a Sang-je, como ahora.

“Flora Anika, parece que estás recibiendo bendiciones especiales de Mahar.”

Parecía que nunca se cansaría de oír esas palabras. Cada vez que se encontraban, Sange-je siempre las repetía, proyectándole una sonrisa alegre.

“Cada día vivo agradecida y en deuda con el benévolo Mahar”, respondió ella con una sonrisa.

De joven, no entendía el significado y solo repetía las palabras como un loro. Pero ahora, lo sabía.

Sang-je trataba a todas las Anikas por igual. Nunca juzgaba su valor ni hacía ni decía nada que insinuara que alguno era superior o inferior a las demás. Por eso, viniendo de él, la palabra “especial” representaba el mayor elogio.

“Recientemente he escuchado su voz.”

Flora, sorprendida, se levantó y se inclinó profundamente hacia Sang-je.

“Que la bendición de Mahar sea eterna”, dijo. “Te felicito, Sang-je”.

“Sus palabras siempre tienen un profundo significado. No sería bueno retrasar la interpretación de sus palabras. Por eso he pedido reunirme con usted hoy.”

Flora, mientras se sentaba de nuevo, levantó la vista con los ojos muy abiertos. “¿Había algo en sus palabras dirigido a mí?”

El Sang-je meneó la cabeza.

“No pude interpretar completamente su significado. Solo tenía el intenso deseo de encontrarme contigo.”

“¿…Conmigo?” Flora estaba desconcertada. No lograba conectar el curso de los acontecimientos.

“Mahar se preocupa especialmente por ti. Me preocupaba que te hubiera pasado algo, pero me alegra ver que estás bien.”

“Sí, me ha ido bien gracias a usted, Su Santidad”.

“Flora Anika. Si hay algún cambio en tu sueño lúcido, por favor, avísame de inmediato. Aunque sea un cambio pequeño o aparentemente insignificante.”

“Sí, Su Santidad.”

“Confío en tu veracidad”

Flora contuvo la respiración, solo por un instante. Fue un instante tan breve que nadie más que ella lo habría notado. Con una expresión de profunda fidelidad, juntó las manos e inclinó la cabeza.

“Simplemente obedezco la voluntad superior de Mahar”.

Después de que Flora se fue, entró un caballero.

“No dejes entrar a nadie hasta que yo te llame.”

“Sí, Su Santidad.”

Las puertas de la Cámara de Presencia se cerraron al salir el caballero. Sang-je, que había permanecido inmóvil en la silenciosa cámara, dejó escapar un leve suspiro.

Había observado a Flora Anika con gran interés desde muy joven. Era de carácter puro y honesto. Quizás en comparación con Jin, quien a menudo era convocada junto con ella, la ingenuidad de Flora era aún más pronunciada. Sang-je estaba seguro de que Flora no era de las que mentían.

Pero a lo largo de los años, Sang-je había visto y tenido a su lado a innumerables seres humanos. La humanidad era una paradoja. Cuanto más se intentaba comprender, más se confundía. Era buena y mala a la vez, pero al mismo tiempo ni buena ni mala. Si había algo que se podía decir con certeza sobre esta raza era que no existe nada tan impredecible como el ser humano.

Los humanos… seguro que son bastante difíciles, pensó para sí.

Había muchísima gente que anhelaba ver a Sang-je, aunque solo fuera una vez, y también había quienes temían acercarse incluso a su sombra. Recelaban acercarse a él por temor a que sus pensamientos fueran leídos y expuestos.

Cada vez que pensaba en esto, Sang-je reía secamente para sí mismo. Si tan solo pudiera leer los pensamientos de la humanidad como un libro, entonces todos los problemas que lo aquejaban tendrían fácil solución.

Jin… Flora… ¿Quién es? ¿Quién completará el viaje final?

Las pestañas doradas que bordeaban sus párpados cerrados temblaron.

¿O quizás no será ninguna de las dos? ¿Tendré que esperar más?

Sus pestañas se alzaron lentamente y sus iris rojos se revelaron. Estos ojos, fijos en un punto del vacío, parecían canicas de cristal frías y carmesí.

 

 

 

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