Arco 2: Las oscuras ondas del pasado, lentas y constantes
Capitulo 38
Wen Xiaohua y Xu Sheng recordaban con total claridad lo ocurrido aquella noche.
¿Cómo podrían olvidarlo? Cada fotograma, cada escena, estaba grabada en sus mentes como un dibujo minucioso trazado con pluma.
Fue pasadas las doce de la noche cuando recibieron la llamada de Lu Ji: “Vengan de inmediato a casa de Ke Qian”.
Wen Xiaohua no entendía nada: “¿Tan tarde? ¿Cómo fue la charla con él?».
“¡No preguntes tanto! Solo ven” la voz de Lu Ji sonaba muy extraña.
Y entonces, todos fueron.
Al entrar en la casa, se quedaron petrificados. El suelo estaba cubierto de sangre. Ke Qian, increíblemente, llevaba puesta una peluca negra, un vestido de gasa blanca y estaba maquillado; era el personaje femenino que más le gustaba interpretar. Tenía un cuchillo clavado en el lado izquierdo del pecho y yacía en un charco de sangre. Sus ojos estaban abiertos, pero ya no respiraba.
La sangre seguía fluyendo. Wen Xiaohua nunca supo que una persona pudiera sangrar tanto.
“¿Qué ha pasado?” gritó Rong Xiaofeng. “¿Lo mataron? ¿Lo mataron ustedes?”
Xu Sheng y Wen Xiaohua perdieron el habla. Jiang Xueran estaba sentado allí, con heridas en la cara. La habitación era un desastre. Lu Ji se apoyaba en el marco de la puerta, pálido como la cera.
“Fue un accidente” la voz de Jiang Xueran también temblaba. “De repente cambió de actitud, se negó a darnos el dinero. Entonces llegamos a las manos.”
“No quería matarlo, no quería…” dijo Lu Ji con voz trémula. “Todos nos peleamos, yo agarré la daga de la mesa para asustarlo. Pero él se resistió con demasiada violencia; cuando se trataba del dinero, era más feroz que de costumbre. Nos gritó que nos largáramos y dijo que nos denunciaría. Me cegó la rabia por un momento…”
Todos guardaron silencio. Una atmósfera inquietante llenaba la habitación.
“¿Llamamos a una ambulancia?” preguntó Wen Xiaohua con pavor.
“Ya no respira, no tiene pulso” dijo Jiang Xueran en voz baja. “Lo comprobamos hace un momento. Y si llamamos a la ambulancia, ¿creen que saldremos limpios de esto?”
Los rostros de los presentes se tornaron grises. Rong Xiaofeng exclamó de repente: “¿Qué quieres decir con «nosotros»? Tú lo mataste, ¿qué tenemos que ver los demás? ¿Por qué nos involucras? ¿Por qué nos llamaste?”
Xu Sheng también quiso decir algo. Lu Ji no respondió y desvió la mirada. Jiang Xueran rugió: “¡Maldita sea! ¿No acordamos entre todos venir por el dinero? ‘Tuviera ganas o no, tendría que dárnoslo’, ¿no es eso lo que todos aprobaron? Xiaofeng, ¿no estabas esperando este dinero para irte de viaje al extranjero con tu novio? Esto ha sido un accidente, un accidente que no es solo responsabilidad nuestra, les incumbe a todos. Intenten llamar a la policía y vean si no los acusan de conspiración. ¿Creen que los policías creerán que son inocentes?”
Rong Xiaofeng quedó muda de terror. Xu Sheng guardó silencio y Wen Xiaohua estaba fuera de sí: “¿Iremos… a la cárcel?”
Jiang Xueran pausó un momento: “Sí. Si llamamos a la policía, sí. Pero si no lo hacemos…” Miró a Lu Ji, quien estaba aún más pálido. “Ke Qian… no tiene otros amigos. Vive solo. Se graduó hace medio año y no tiene trabajo.”
“Vamos a enterrarlo juntos” dijo Jiang Xueran lentamente. “Ha desaparecido, nadie lo sabrá. Nos repartiremos el dinero, 400,000 para cada uno.”
Aquella noche fue especialmente oscura y la luna especialmente brillante. Cinco jóvenes a punto de entrar de lleno en la sociedad cargaron con un cadáver, evitando las miradas de todos, y caminaron hasta aquel terreno baldío.
Aunque Ke Qian era delgado, era alto, y su cuerpo pesaba mucho. Al principio, Wen Xiaohua podía oír el tic-tac de la sangre goteando dentro de la bolsa de lona. Luego, dejó de gotear.
Esa noche, Xiaohua incluso olvidó llorar; solo miraba con la mente en blanco los árboles lejanos y la luna. Había visto en la televisión que, tras morir, los cuerpos se enfrían. En ese momento sintió de verdad cómo el cuerpo de Ke Qian se volvía más y más frío. Aquel chico que siempre observaba con cautela el ánimo de los demás en el estudio, que les traía el desayuno y limpiaba sus mesas; el único que, cuando él enfermó, fue bajo la lluvia a comprarle medicinas con una sonrisa… ese chico estaba realmente muerto, sin rastro de calor.
Cavaron el foso y lo enterraron. Los ojos de Ke Qian estaban cerrados; no sabía si alguien se los había cerrado o si lo hizo él mismo. En ese instante, a Xiaohua le cruzó un pensamiento extraño: Quizás sea mejor que muera así. Con ropa blanca, cabello largo y un maquillaje exquisito, empapado en sangre. Congelado para siempre en su imagen favorita y más hermosa. Él no encajaba en esta sociedad; era demasiado ingenuo y frágil.
Él era diferente a todos ellos. Él creía en los sueños y persistía en ellos. En realidad, tenía más valor y talento que todos ellos juntos. Y por culpa de dos millones, murió a manos de gente mediocre y cobarde como ellos.
Pero ahora, Wen Xiaohua y Xu Sheng miraban el foso vacío, incapaces de creer lo que veían.
¿A dónde se había ido el cadáver? ¿A dónde se había ido él?
Ƹ̴Ӂ̴Ʒ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ♥ Ƹ̴Ӂ̴Ʒ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ
El segundo lugar que los inspectores registraron fue la habitación que Ke Qian alquilaba. Era una pequeña estancia propiedad de un granjero local que no se había percatado de su desaparición.
“Porque hace medio año pagó dos años de alquiler y servicios por adelantado” dijo el dueño. “La casa es vieja y está apartada, no suelo ir por allí.”
Por fuera, parecía una casa vieja y estrecha, pero cuando Bo Jinyan y su equipo entraron, quedaron sorprendidos. Las paredes estaban decoradas con papel tapiz beige con flores delicadas y del techo colgaba una lámpara de papel. Aunque eran objetos baratos, encajaban perfectamente con el estilo del lugar. Los muebles eran de madera antigua; Jian Yao sabía que a mucha gente le gustaba buscar esos tesoros en mercados de segunda mano. No había cama, sino una gran hamaca de red con una almohada de los Minions.
Había polvo acumulado, pero la sangre que debería haber estado en el suelo había sido limpiada meticulosamente.
“Es su estilo” murmuró Bo Jinyan.
Esas palabras desconcertaron a Jian Yao. De repente se dio cuenta de que, quizás, no conocía a Bo Jinyan tan bien como creía. Sabía que era inteligente, arrogante y firme; que nunca temía enfrentarse a criminales atroces, e incluso disfrutaba con ello.
Pero ante ciertos criminales, como Xie Min en el caso de la ciudad antigua o ahora Ke Qian, él mostraba una emoción profunda y difícil de describir. ¿Era compasión? No, él nunca sería blando por ello. ¿Era comprensión? Él siempre decía que, por muy desesperada que fuera la razón, no se debía matar.
Era contemplación.
A Jian Yao le vino esa palabra a la mente. Una mirada tranquila, piadosa y serena. No se dejaba conmover, pero tampoco juzgaba con prejuicios o desprecio. Miraba a estos criminales acorralados de la misma forma en que miraba a una persona inocente.
Al pensar en esto, Jian Yao levantó la vista y lo observó. Su perfil apuesto y concentrado, sus ojos brillantes y agudos. Por eso lo amaba. Por encima de cualquier paisaje que hubiera visto en su vida.

