Capítulo 1 – Nunca volveré a ser amada
Arianna agonizaba en la oscuridad, sin un solo rayo de luz.
¿Qué hice mal?
¿Dónde me equivoqué?
No quería mucho. Nunca deseé nada excesivo.
Simplemente quería ser amada.
Mi madre. Mis hermanas. Mi esposo y su familia. Y Harold Blenwit.
Ni siquiera quería un amor profundo.
Un poco de afecto y reconocimiento: eso era todo lo que necesitaba. Una sonrisa cuando me iba bien, preocupación cuando estaba enferma; eso era todo lo que necesitaba.
Eso era todo lo que quería, el tipo de cosa que una persona normal recibiría con la misma facilidad con la que respira.
¿Era demasiado pedir?
¿Era algo que no debería haber deseado?
Había estado encerrada en la mazmorra más profunda del Castillo Rosen, en el palacio del Imperio Kameria, durante un año. Ninguna de las personas en quienes Arianna confiaba y amaba vinieron a visitarla.
Mañana, mañana, si acaso mañana, seguro que sí.
Esas esperanzas se habían desvanecido hacía tiempo.
Las escasas comidas que antes llegaban cada dos días, de repente, se convirtieron en algo infrecuente.
Más insoportable que el hambre y la sed aplastantes era la soledad.
Los cuatro estados vasallos de Este, Oeste, Sur y Norte existían como si rodearan el Gran Imperio de Kameria.
Arianna era hija del Gran Duque* Russell, gobernante de Este, y de Rachel, hija del Señor Feudal de Oeste.
(N/T: El término «dongjehu» (동제후) se refiere históricamente a los señores feudales o príncipes de los Estados del Este en el contexto de la antigua China. Dado que lidera un estado vasallo podría considerarse un Rey o por lo menos un Gran Duque. Creo que a futuro voy a usar el término Gran Duque.)
(**El término «서제후» (Seojehu) Podría referirse a los «Señores feudales del Oeste»)
Rachel se divorció del Gran Duque Russell inmediatamente después de dar a luz a Arianna, huyó de vuelta a Oeste y se volvió a casar con el Duque Jacob Bronte.
Arianna recordaba vívidamente sus días en la mansión del Duque de Bronte en el Oeste.
Su madre, Rachel, siempre alegre; su padre adoptivo Jacob; un padrastro, anticuado pero cariñoso; su hermana mayor, Helena, inmadura pero siempre sonriente; su hermana menor, Victoria, madura y refinada para su edad; y su hermano menor, Joyson.
La Mansión Bronte era cálida y apacible, pero allí no había lugar para Arianna.
Arianna también recordaba sus días en la mansión del Vizconde Albrecht.
Su esposo, Ingo Albrecht; su suegra, Laone; y su cuñada, Elise, de su misma edad.
Eran muy unidos, pero incluso allí, Arianna no encontraba su lugar.
Harold Blenwit, el Tercer Príncipe y ahora Emperador, era la única fuente de calidez de Arianna. En Harold, encontró el afecto y la confianza que ni siquiera su propia familia podía ofrecerle.
<“Me gusta una mujer inteligente como tú.”>
<“Prefiero una mujer útil como tú, no una mujer que vende sonrisas radiantes y depende de los hombres.”>
<“Si subo al trono, te apreciaré. La familia imperial se convertirá en tu invernadero.”>
Creí en esas palabras.
Así, hasta que ascendió al trono, actué como su espada secreta.
Lo ayudé a derrotar al Gran Señor del Este, uno de los estados vasallos más ricos, y ayudé a sacar a la superficie al solitario Señor del Sur y decapitarlo.
No dudé en ayudar a derrotar al Gan Señor del Este.
La calidez de su presencia era más valiosa que la de mi padre, con quien nunca había hablado.
También reuní información para ayudar a mantener a raya al Señor del Norte, quien gozaba de la confianza del Emperador y del Príncipe Heredero. Esto casi me llevó a la muerte varias veces.
Fui capturada y torturada mientras trabajaba como espía, pero acepté incluso la tortura con gusto.
Ser útil a alguien era tan importante para Arianna que incluso la tortura más dura le resultaba dulce.
El Tercer Príncipe Harold era el más inteligente de todos, pero mientras el Príncipe Heredero disfrutara del amor y la confianza del Emperador, sus posibilidades de ascender al trono eran escasas.
Sin embargo, Arianna creó esa posibilidad caminando entre la inmundicia por Harold, y Harold logró matar al Príncipe Heredero y al Emperador y asumir el trono.
Ahora la familia imperial pertenecía a Harold, pero a Arianna se le negaba incluso un pequeño rincón del Palacio.
Arianna no podía entenderlo.
Simplemente nací. Simplemente viví.
¿Pero por qué el mundo es tan cruel conmigo?
“¿Qué hice…”
La voz ronca y quebrada no sonaba como la suya.
“¿Qué más podría haber hecho?”
Arianna se cubrió la cara con ambas manos.
Sintió su piel, magullada y agrietada, contra sus dedos resecos. Incapaz de comer bien, el más mínimo roce le hacía caer el cabello.
El hambre y la sed se habían prolongado tanto que ya ni siquiera podía derramar lágrimas.
<¡Bang…!>
La pesada puerta de hierro de la mazmorra resonó.
<¡Tac, tac…!>
Los pasos ligeros eran diferentes a los de los guardias de la prisión que traían la comida.
Incluso en esa situación, una pequeña esperanza brotó.
‘¿Podré finalmente irme de este lugar?’
Bajé la mano y levanté la cabeza, y una mujer noble estaba de pie fuera de los barrotes, sosteniendo una lámpara.
No era hermosa, pero su sonrisa alegre la hacía lucir radiante.
“Hermana…”
“No, hermana no. Llámame Duquesa de Deccan.”
Helena habló con voz cantarina y sonrió.
“Pero te ves horrible. Incluso el cabello que mostrabas con tanto orgullo se ha caído. La gente pensará que eres un monstruo.”
Incluso ante el lamentable aspecto de su hermana, Helena parecía encantada.
Arianna se puso de rodillas, se agarró a los barrotes y levantó la cabeza. El resto de su cabello azul claro le caía por las mejillas y los hombros.
“Hermana, ¿cuándo podré salir de aquí?”
Helena frunció el ceño ligeramente y pateó a Arianna.
“¿No dijiste ‘Duquesa’, te dije que no me llames ‘Hermana’?”
Helena miró a Arianna, quien, débil por el hambre, sucumbió fácilmente a la patada de la dama.
Mirando a Arianna, que se revolcaba en el suelo, Helena sonrió fríamente.
“En fin, podrás salir pronto.”
El rostro de Arianna se iluminó.
Pero el rayo de esperanza que había surgido hacía tiempo se hizo añicos con sus siguientes palabras.
“Si morir es salir, que así sea.” (Helena)
“Mo… ¿morir?”
“Bueno, es cierto. Por tu culpa, Su Majestad el Emperador murió y también Su Alteza el Príncipe Heredero.”
Los ojos de Arianna vacilaron.
Aunque Arianna había hecho todo lo que le pidieron por sed de afecto, no era una insensata.
“Hay quienes cuestionan la muerte de Su Majestad el Difunto Emperador, entonces van a convertirme en su chivo expiatorio.”
“¿Un chivo expiatorio? Fue todo obra tuya. Te colaste en la habitación del difunto Príncipe Heredero y lo apuñalaste en el corazón, y envenenaste la medicina de Su Majestad el Difunto Emperador, ¿verdad?” (Helena)
Es cierto que les dio la oportunidad y la información, pero Arianna no los mató ella misma.
Pero sabiendo que esas excusas no funcionarían, Arianna se aferró a la última gota que le quedaba.
“Harold… ¿Ha dicho algo Su Majestad?”
Helena sonrió con crueldad ante la mirada suplicante de Arianna.
La expresión de Helena era de una alegría insoportable.
“Su Majestad está con Victoria… Oh, ya no es Victoria, sino Su Majestad la Emperatriz. En fin, está ocupado disfrutando de su tiempo con Su Majestad la Emperatriz. No tiene tiempo para pensar en gente como tú.”
“Mentiras… ¿Sabe Su Majestad que estoy atrapada aquí?”
“Por supuesto. Su Majestad es quien ordenó que te encerraran aquí.”
<¡Kuuung-!>
Se oyó el sonido de algo derrumbándose.
Arianna levantó lentamente la cabeza y miró al techo.
Pero el techo no tenía nada de malo, y Arianna sabía que el sonido no era más que el sonido de su cielo derrumbándose.
El cielo de Arianna, indiferente a nadie.
Cuanto más se derrumbaba Arianna en la desesperación, más brillante se hacía la sonrisa de Helena.
“¿Por qué… por qué eres tan cruel conmigo? ¿Qué te hice?”
“¿Qué me hiciste?”
Helena frunció el ceño brevemente y luego se inclinó para encontrarse con la mirada de Arianna. La luz de la lámpara titiló en los ojos negros como la brea de Helena.
“Fue tu culpa haber nacido, Arianna.”
“…”
“Cada vez que mamá te ve, piensa en el Gran Duque del Este y siente ganas de vomitar. Yo siento lo mismo. Cada vez que te veo, siento tanta pena por mamá que me siento mal. Tuvo que contraer un matrimonio no deseado y un embarazo no deseado de ese horrible Señor feudal del Este*.”
Lágrimas que creía secas corrían por las mejillas de Arianna.
“No deberías haber nacido, Arianna. Pero ya que naciste, al menos deberías ser útil. ¿No crees?”
Helena hizo un gesto, y los caballeros que se habían escondido en la oscuridad aparecieron. Arianna ni siquiera se había dado cuenta de que Helena los había traído.
Helena le sonrió dulcemente a Arianna y le dijo:
“No te preocupes, Arianna. No haré que tu muerte sea espantosa. Asesinaste a Su Majestad el Príncipe Heredero y a Su Majestad el Emperador, y luego te quitaste la vida en señal de arrepentimiento. Claro que recibirás algunas críticas, pero si Su Majestad el Emperador demuestra buen gobierno, las críticas hacia él disminuirán un poco.”
Arianna observó con la mirada perdida cómo se abría la puerta de hierro y entraban los caballeros a tropel.
Incluso cuando le pusieron la soga al cuello, Arianna no protestó.
Simplemente pensó:
Estaba mal desear amor.
Es un error desear afecto.
Confiar es un pecado.
Porque quería vivir a pesar de que nadie la deseaba, y porque además deseaba amor, estaba siendo castigada por ello.
La áspera soga se tensó alrededor de su cuello, pero Arianna no se resistió.
Simplemente se decidió.
Si le dieran otra oportunidad, jamás volvería a buscar el amor. Nunca confiaría en nadie. Simplemente viviría con la culpa de haber nacido así.
‘Pero esa oportunidad nunca llegará.’
En el momento de su muerte, Arianna se rió de su vana esperanza.
Incluso con la piel agrietada y el cabello cayéndose, una sonrisa se dibujó en su hermoso rostro.
Helena se horrorizó, pero fue fugaz.
El pequeño cuerpo de Arianna dejó de moverse, y sus jadeos y gemidos de dolor se desvanecieron.
La fecha de la muerte de Arianna, 20 de abril del 222 de Ratan, un día que nadie recuerda.
Arianna, esposa del Conde Albrecht, un noble del territorio Occidental, se quitó la vida en una oscura mazmorra, arrepintiéndose del crimen de asesinar al anterior Príncipe Heredero y al anterior Emperador.
***
Septiembre de 222 de Ratan.
Cyrus Carha, el Señor del Norte*, declaró la independencia del territorio Norte y se autoproclamó Emperador, marcando el inicio del Imperio Arcana y simultáneamente, alzó un ejército contra el Imperio Kameria.
(El término Bukjehu (en coreano: 북제후) su significado literal es «señores feudales del norte».)
20 de abril de 224, Ratan.
El Imperio Kameria, que se había derrumbado desde la frontera oriental hasta la occidental, cayó, y el Emperador Harold y la Emperatriz Victoria fueron ahorcados en los muros del Palacio Imperial de Kameria.
El crimen fue el asesinato del anterior Emperador y Príncipe Heredero, y esto ocurrió exactamente dos años después de la muerte de Arianna.
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