Capítulo 62: Educación prematrimonial
En los últimos de diez años, Jun Min Xin se había preguntado más de una vez por qué Luo Chang’an había decidido matarla de manera tan despiadada. El primer año, pensarlo todavía le causaba un dolor insoportable. Más tarde, gradualmente se fue volviendo indiferente, tranquila y también lo entendió …
Si no fuera por la flecha de Luo Chang’an en aquel entonces, incluso si Jun Min Xin hubiera sobrevivido, su cuerpo habría quedado completamente profanado, una humillación más dolorosa que la muerte. En ese momento, Luo Chang’an estaba solo y no podía salvarla, así que eligió matarla con sus propias manos.
‘Pura llegó a este mundo y pura debe irse, mejor que caer en el lodo de una zanja.’ – Ese era el pensamiento de Luo Chang’an, por lo que Jun Min Xin ya no lo odiaba.
De hecho, con la edad llega la sabiduría y se adquiere una perspectiva más clara sobre muchos asuntos.
***
El tercer día del Año Nuevo Lunar, Jun Min Xin y su séquito regresaron al palacio. Toda la población de la ciudad salió a las calles a dar la bienvenida al triunfante ejército del Reino de Jing. Tras la independencia del Reino Jing, el Rey Jing ordenó de inmediato una reducción de impuestos a nivel nacional, lo que emocionó enormemente al pueblo, y la bulliciosa capital real bullía de entusiasmo.
El Rey Jing, cercano a los cuarenta, aún conservaba una apariencia apuesta y elegante y un rostro como jade. Cuando su hermano menor Jun Xian, vestido con armadura, entró al palacio, el Rey Jing despidió a sus asistentes, levantó sus ojos violetas y dijo con seriedad:
“Hermano pequeño, mientras estabas en campaña, este Rey te consiguió una hermosa esposa en palacio, así que ve rápido y ve si te gusta.”
Al oír eso, Jun Min Xin y Chen Ji intercambiaron miradas de desconcierto. No entendían por qué el Rey Jing había conseguido de repente una esposa para Jun Xian. ¿Acaso el Gran General Jun no sentía afecto por la Señorita Ye, que vendía huevos de té en la puerta de la ciudad?
“¿Qu… qué está pasando?” – Jun Xian también estaba profundamente conmocionado, como si un rayo le hubiera caído sobre la cabeza, y apenas podía hablar con claridad.
Shen Liangge, que estaba a un lado, saliendo de su estupor, sonrió con picardía y dijo: “¡El general tiene más de treinta años, es tan imponente y fuerte, que es hora de que se case!”
Jun Xian, todavía visiblemente conmocionado, preguntó con la mirada perdida: “No, mi hermano el Rey nunca me lo mencionó… ¿Cómo conseguí una esposa de repente? ¿Y qué pasa con la señorita Ye?”
El Rey Jing simplemente sonrió y dijo: “No tuve tiempo para decírtelo hasta ahora, puedes volver y verlo por ti mismo.”
Desconcertado, Jun Xian caminó entre la niebla y la bruma hacia su residencia. Jun Min Xin sacó un dedo de debajo de su manga, enganchándolo suavemente alrededor del nudillo de Chen Ji y dijo con interés: “Vamos a echar un vistazo también.”
Una fila de espectadores siguió a Jun Xian hasta la mansión del Gran General, el anciano mayordomo de la mansión se apresuró a recibirlo y dio unas palmaditas con las mangas y con una sonrisa llena de arrugas, dijo: “¡El amo ha vuelto! ¡Este sirviente saluda al Rey y a la Princesa, por favor, pasen a la habitación interior a sentarse!”
Jun Xian miró a su alrededor con ansiedad y el anciano mayordomo comprendió de inmediato, le trajo rápidamente una taza de té y dijo con una sonrisa: “Amo, la señora está amamantando a la pequeña Señorita en la habitación interior, espere un momento, ¿voy a pedirle a la señora que salga?”
‘¿La pequeña Señorita? ¡¿Amamantando?!’
¡Ellos dos ni siquiera se conocen! ¿De dónde salió esa hija?
Todas las miradas estaban fijas en Jun Xian, el gran general que había mantenido la calma incluso en el campo de batalla en situaciones de vida o muerte, ahora estaba completamente desconcertado.
Un momento después, una mujer de mediana edad con aspecto de nodriza condujo a una joven vestida de verde a la habitación. La joven era de estatura media y no era excepcionalmente hermosa, en el mejor de los casos, solo de apariencia normal. Sin embargo, su piel era clara y tersa, con una tez redondeada y sonrosada, probablemente debido al parto reciente. Su larga cabellera estaba peinada con un sencillo y elegante recogido, sin maquillaje, lo que hacía que sus ojos lucieran aún más naturales, impecables, puros y llenos de energía.
La joven, que acunaba al bebé en brazos, parecía tener cierto nerviosismo al ver a tanta gente en la mansión por primera vez. Su mirada era tímida y vacilante, pero sin la menor afectación. Ella se arrodilló con gracia, con la cabeza gacha, y dijo con voz clara y melodiosa:
“¡Esta humilde servidora rinde sus respetos a Su Alteza el Rey y la Princesa! ¡Y saluda a… su esposo!”
Quizás por timidez, la palabra “esposo” fue pronunciada en voz muy baja, casi inaudible.
Jun Xian se quedó atónito. El Rey Jing solo pudo sonreír y decir: “Levántate.”
Jun Min Xin añadió con cuidado: “Nodriza, por favor, ayude a la señora, ¡tenga cuidado con la pequeña hermana que lleva en brazos!”
Al girar la cabeza, vio a Chen Ji a su lado mirando a la joven y, sorprendentemente, sonrió. Jun Min Xin reflexionó un momento, sabiendo que debía haber adivinado algo, y rápidamente presionó para obtener más detalles: “Ah’Ji, ¿conoces a esta mujer?”
Chen Ji sonrió y le susurró al oído: “Ella es la Señorita Ye.”
Los ojos de Jun Min Xin se abrieron de par en par, sorprendida.
Efectivamente, Jun Xian, al otro lado, recobró el sentido y dijo con incredulidad: “¿Señorita?” Luego miró a la bebé en sus brazos, de menos de un mes, y tartamudeó: “¿Esta es… mi hija?”
(N/T: Tengo una duda si 小姑 = tía o hermana menor del esposo, tiene realmente ese significado, yo lo traduje como Señorita, pero se lee como: Xiaogu y he estado en la duda si ese es el nombre de la chica:)
Las mejillas de la Señorita Ye se sonrojaron y asintió casi imperceptiblemente, diciendo con voz clara: “Su Majestad el Rey le otorgó un nombre, su nombre de cortesía es Erya, Jun Erya.”
El Rey Jing sopló las hojas de té y rió entre dientes: “Hermano, de verdad, te precipitaste al campo de batalla sin arreglar las cosas en serio. Has hecho que mi cuñada quedara embarazada en secreto, y tras descubrirse el asunto, fue expulsada de su familia, sin saber a dónde ir, acudió a ti porque estaba desesperada, pero tú fuiste al campo de batalla. Ella lloró todo un día frente a la mansión del Gran General antes de que el anciano mayordomo la trajera ante mí. El médico imperial le tomó el pulso y en ese momento ya estaba embarazada de tres meses…”
Jun Xian recordó los votos que hizo con ella antes de Año Nuevo, prometiéndole casarse con ella para finales de año. Sin embargo, antes de poder cumplir su promesa, se apresuró al campo de batalla. ¿Quién iba a imaginar que unas cuantas noches de pasión darían como resultado una hijita regordeta? Jun Xian, sorprendido y encantado a la vez, tomó en brazos a su hija menor, que aún no tenía un mes y le dijo con cariño: “¿Por qué no me lo escribiste para contármelo, hermano?”
El Rey Jing tomó un sorbo de té y sonrió: “Mi cuñada no me lo permitió, temía que te distrajeras en el campo de batalla.”
Se dice que la Señorita Ye sufrió un día y una noche de dolores de parto, experimentando un parto difícil e incluso en el momento en que su vida pendía de un hilo, instruyó repetidamente al mayordomo que no dijera ni una sola palabra sobre su destino, ya fuera viva o muerta, a su esposo, que se encontraba lejos, en el campo de batalla. Por el bien de su país y su familia, prefería asumir la carga ella misma antes que dejar que su esposo se distrajera con preocupaciones… Tal coraje superaba las capacidades de las mujeres comunes; no era de extrañar que Jun Xian le tuviera tanta devoción.
Jun Min Xin la admiró en secreto.
Tres días después, el Rey Jing organizó una gran ceremonia de boda para Jun Xian y la señorita Ye. En un instante, el apuesto y extraordinario general y la humilde señorita Ye se convirtieron en el centro de las habladurías de toda la ciudad.
Al finalizar el banquete de bodas, el Rey Jing se quedó a solas con Jun Min Xin.
“Chen Ji vino a verme el otro día para pedirme que te casara con él.” – El Rey Jing giró la cabeza para mirar a su hija, sonriendo suavemente. – “Ustedes dos han superado tantas tormentas, y finalmente, han llegado a este punto. Con Chen Ji a tu lado, tu padre estará muy tranquilo.”
No esperaba que Chen Ji viniera a proponer matrimonio tan pronto. Jun Min se sobresaltó, sintiendo una repentina inquietud, un leve rubor se apoderó de sus mejillas y aferró con fuerza su abanico de hueso, susurrando: “Ah’Ji, ¿te lo ha contado todo?”
“Sí, padre estuvo de acuerdo.” – Sacando un edicto de la manga de su túnica, el Rey Jing miró a su hija con ojos cariñosos y sonrió con dulzura. – “Han pasado veinte años en un abrir y cerrar de ojos y sin darme cuenta, Min’er ha crecido muchísimo. Tómalo y léelo, esta es la última cosa que tu padre puede hacer por ti.”
Jun Min Xin tomó el edicto y vio que estaba lleno de anotaciones para otorgar títulos y honores a funcionarios meritorios:
En primer lugar estaba Jun Xian, a quien se le concedió el título de Príncipe Rong, y a su esposa, Lady Ye, el título de Dama Protectora de Primer Rango del Estado;
Luego estaba Chen Ji, a quien se le concedió el título de Príncipe An. Tras casarse con Jun Min Xin, se convertiría en el yerno imperial.
Shen Liangge, por otro lado, ascendió al cargo de Primer Ministro, al mando de todos los funcionarios.
Ji Ling fue nombrado General de Caballería; Mu Jin recibió el título de Princesa de la Lealtad (Yicheng) y Jin Lan, el de Princesa de la Benevolencia (Wenxi); además, las generales Nan Susu, Xiao Jiu recibieron ascensos, al igual que Dong An …
Jun Min Xin sonrió, con un destello de alegría en los ojos, y dijo: “Todos estos rangos oficiales están establecidos por una dinastía. ¿Significa eso que Padre va a proclamarse Emperador en una fecha propicia?”
El Rey Jing entrecerró sus ojos violetas, negó con la cabeza y sonrió sin decir nada, indicándole que continuara leyendo.
Al final del edicto, escrito letra por letra con tinta bermellón: [‘El decimoquinto día del primer mes del trigésimo octavo año de Jingli, el trono se transmitirá a la Princesa Jun Min Xin.’]
¿El trono transmitido a… Jun Min Xin?!
La mano de Jun Min Xin tembló, miró a su padre con asombro, con la garganta ahogada por la emoción. Tras una larga pausa, finalmente logró balbucear, con los ojos enrojecidos: “Padre, usted…”
El Rey Jing levantó un dedo largo y delgado para indicarle que se callara y tras una larga pausa, suspiró suavemente y dijo con dulzura: “Min’er, desde el momento en que nací, nunca he escapado del pantano de la política. Durante treinta y ocho años, nunca he salido del palacio, nunca he visto los dieciséis kilómetros de flores de durazno de Jiangnan, nunca he presenciado las vastas tierras nevadas del Norte, nunca he viajado a las interminables arenas amarillas de la Región Occidental… Todo lo que he visto es este Palacio Jing, perpetuamente desolado, como si mil años hubieran pasado en un solo día. Estoy cansada en esta jaula. Déjame vivir libremente durante el resto de mi vida.”
Las lágrimas corrían silenciosamente por el rostro de Jun Min Xin, imposibles de enjugar.
Su padre siempre lo había sido todo para ella, el pilar de esa nación. Nunca imaginó que un día, su padre, alto y firme como una montaña, también envejecería, se cansaría y anhelaría la libertad… Su padre se iba, y a partir de entonces, tendría que soportar sola el peso de ese vasto y pesado cielo.
“No puedo hacerlo…” – Murmuró Jun Min Xin, casi con impotencia. – “Padre, sin ti, no puedo hacerlo…”
“Niña tonta, nadie puede depender de nadie para siempre, este día llegaría tarde o temprano, tienes que mirar hacia adelante.” – El Rey Jing acarició suavemente el cabello de su hija. – “Después de que te cases con Chen Ji y asciendas al trono como Emperatriz, tu padre se retirará a la Villa del Loto Rojo en la montaña Luoxia. Escuché a tu tío Xiao Xian que allí hay dieciséis kilómetros de lotos rojos, los perales florecen en primavera, los lotos rojos en verano, la escarcha otoñal y la nieve invernal; cada día es un espectáculo hermoso. Tu padre irá allí a elaborar vino, como tu abuela y si alguna vez te sientes cansada, ven a visitar a tu padre…”
El Rey Jing sonrió con dulzura: “Min’er, debes proteger esta tierra que tanto te costó conseguir para la familia Jun.”
Jun Min Xin contuvo un sollozo y se desplomó en los brazos del Rey Jing.
***
Tras distribuirse las recompensas a los funcionarios meritorios, la noticia de que el Rey Jing tenía la intención de abdicar en favor de Jun Min Xin se extendió como la pólvora por toda la ciudad y la noticia de que la futura Emperatriz de Jing se casaría con el Príncipe An se extendió por toda la ciudad como un torbellino, provocando un frenesí de entusiasmo y toda la ciudad real hirvió por un tiempo. Multitudes de felicitaciones prácticamente abarrotaron el palacio, creando una atmósfera extremadamente festiva.
Las doncellas del palacio presentaron el atuendo nupcial de la Emperatriz, que había sido modificado según los deseos de Jun Min Xin: una amplia túnica exterior con fondo rojo y estampados negros con fénix y cien aves rindiendo homenaje, un cinturón negro con bordados dorados y una falda carmesí con sutiles estampados de peonías; sencillo pero elegante, digno pero a la vez grácil.
Ese día, Jun Min Xin acababa de probarse su atuendo nupcial cuando Ji Ling irrumpió en el salón principal con rostro sombrío, seguido a regañadientes por los guardias que intentando detenerlo torpemente.
“¡General Ji, General Ji, por favor, espere un momento! Su Alteza está ocupada con asuntos importantes. ¿Podría esperar en la sala lateral?”
‘¡Este tipo, sigue tan voluntarioso como siempre!’
Jun Min Xin levantó la mano e hizo un gesto para despedir a los guardias, antes de sonreír con calma y decir: “Ah’Ling, has venido con mucha prisa. ¿Hay algo urgente?”
Ji Ling no vestía su habitual túnica rojo sangre; en su lugar, vestía una túnica azul oscuro de oficial de segundo rango; lo que indicaba que había ido corriendo hasta allí tan pronto como salió de la audiencia. Su hermoso rostro era frío, sus largos ojos de fénix, ligeramente vueltos hacia arriba, miraron fijamente a Jun Min Xin durante un largo rato antes de pronunciar fríamente unas palabras desprovistas de calidez:
“Tú, ¿vas a casarte con Chen Ji?”
Jun Min Xin lo miró fijamente, y su sonrisa se desvaneció lentamente. Justo cuando pensaba en cómo formular su respuesta, Ji Ling dijo con los dientes apretados y un tono desesperado:
“Quiero casarme contigo, eso es lo que me debes.”
Estas palabras cayeron como un rayo, impactando a Jun Min Xin. Ella quedó atónita, con un repentino dolor de cabeza y forzando una sonrisa amarga, dijo: “Ah’Ling, mi esposo es Chen Ji, yo lo amo. Solo lo amo a él.”
El rostro de Ji Ling palideció, sintiéndose un poco avergonzado, pero obstinadamente se negó a ceder. – “Estás a punto de convertirte en Emperatriz y no es posible que solo haya un hombre en tu harén. ¿Por qué no puedo ser yo?”
Tales palabras absurdas hicieron que los ojos de Jun Min Xin se abrieran de par en par, dejándola sin palabras por un momento.
Ji Ling apretó los puños con fuerza, pensando que Jun Min Xin dudaba, entonces mordiéndose el labio, susurró con amargura: “Incluso si es con Chen Ji, no me importaría…”
Jun Min Xin quedó profundamente conmocionada, y tardó un poco en recuperarse y sacudiendo la cabeza, sonrió con amargura: “Si ese es realmente el caso, Ji Ling, eso no es amor. Solo tienes veinticuatro años, eres increíblemente hermoso, ¿por qué siempre eres tan terco? Hay tantas mujeres buenas en el mundo, ¿por qué obsesionarse con la menos indicada?”
Hizo una pausa y se señaló el pecho: “Ah’Ling, aquí no hay espacio para nadie más…”
En un instante, el rostro de Ji Ling palideció, luego se tornó ceniciento; la escena era extremadamente embarazosa. Ese hombre arrogante, incluso si bajaba su postura hasta el polvo, aún no podía retener ni un poco de su afecto. En ese momento, deseó estrangularla, ¡llevársela con él a la muerte!
Sin embargo, no lo hizo.
“Lo entiendo.” – Él soltó una risa fría y maliciosa, con la mirada sombría, repitiendo. – “Lo entiendo.”
Al día siguiente, Ji Ling se ofreció como voluntario para ir al Desierto del Noroeste, partiendo con determinación.
Quedaban cinco días para la ascensión de Jun Min Xin al trono y su ceremonia nupcial, una ocasión única y feliz en la vida y el palacio bullía de actividad a cada instante. Sin embargo, lo que más avergonzaba a Jun Min Xin era que todos los días, al anochecer, la gran dama de palacio, encargada de los asuntos amorosos, venía a enseñarle puntualmente sobre los asuntos de la alcoba…
“¿Su Alteza sigue siendo virgen?”
Jun Min Xin se sonrojó, con el corazón latiendo con fuerza, luego miró fijamente a la gran dama de palacio, de rostro serio, durante un largo rato antes de asentir a regañadientes.
La gran dama de palacio, inexpresiva, desplegó de golpe una pintura erótica, señalando a la pareja desnuda y entrelazada en la imagen, y dijo: “Como es la primera vez de Su Alteza, esta posición es menos propensa a lesiones. Los preliminares son esenciales antes del coito; espere a que de sus genitales fluya…”
“¡Alto! ¡Alto!”
Una imagen tan directa y realista, un lenguaje tan fácil de entender… Jun Min Xin ya no lo soportaba más, la vergüenza y la turbación la invadieron, su hermoso rostro enrojeció; rápidamente interrumpió a la gran doncella y se dio la vuelta para marcharse.
La gran doncella agarró la manga de Jun Min Xin, preguntando con duda: “Todavía no es hora, Su Alteza. ¿Por qué tiene que irse? Si no me he explicado con suficiente claridad, todavía hay una piedra tallada aquí.”
Dicho eso, la gran dama de la corte, sin expresión alguna, tomó una escultura de piedra que representaba a un hombre y una mujer en una posición sexual y la colocó frente a Jun Min Xin. Jun Min Xin se quedó mirando el objeto insertado en los g3nitales de la mujer durante un buen rato, y de repente, Min Xin sintió un mareo inexplicable, apartó a la gran dama de la corte y salió corriendo por la puerta.
El viento frío del exterior enfrió gradualmente el calor de su rostro. Jun Min Xin dio unos pasos cuando, de repente, una persona salió corriendo por la puerta de la habitación de enfrente, seguida de un eunuco que llevaba algo. El eunuco gritó con voz tensa: “Príncipe An, ¡aún no he terminado! Aún quedan varias posiciones…”
Jun Min Xin se sobresaltó. ¿Quién más podría ser sino Chen Ji?
“¡No hace falta!” — Dijo Chen Ji con voz grave y al levantar la vista vió a Jun Min Xin de pie frente a él. Como si recordara algo, el apuesto rostro de Chen Ji se sonrojó completamente…
Jun Min Xin desvió lentamente la mirada hacia el objeto en manos del eunuco, y se detuvo… ¡Efectivamente! ¡Era esa explícita talla de piedra otra vez!
Las miradas de Jun Min Xin y Chen Ji se cruzaron con torpeza; ambos se sonrojaron al instante, con la sangre corriendo descontroladamente sin permiso. Jun Min Xin contempló la escultura de piedra un buen rato, luego observó la expresión incómoda de Chen Ji y después de un largo silencio, sin decir una palabra, no pudo evitar estallar en carcajadas hasta doblarse por la mitad…
———————————————-
Nota del autor: Mmm… ¿Alguien quiere algo de picardía?
Por cierto, se supone que esta es una historia limpia (cara seria), pero de repente cambiar a obscenidades es realmente extraño… Mmm… Leí por accidente en una investigación que los antiguos Emperadores tenían damas de la corte y eunucos a cargo de la educación en el dormitorio, incluyendo la educación sexual… ¡Ay, es realmente embarazoso! (Me cubro la cara)
| Anterior | Novelas | Menú | Siguiente |


Así parece, lo de la educación sexual, seguro porque había más inocencia, diferente a los plebeyos