Capítulo 59 – Amor y deseo entrelazados 1
Ji Ling voló los diques y liberó el agua, inundando la ciudad de Lianchi de la noche a la mañana, y ocupó la ahora vasta tierra de la abundancia de Lianchi , que se convirtió en un mar de agua, sin perder un solo soldado. Qiu Chuzhao lideró la fuerza principal del ejército de Jiang, abandonando la recién capturada ciudad de Yanyun, y regresó apresuradamente a la retaguardia para reconquistar Lianchi. Sin embargo, fueron emboscados en el Paso de Yanyun en el camino, sufriendo grandes pérdidas de decenas de miles de hombres. El general Qiu Chuzhao y el estratega Su Huan, con los ojos inyectados en sangre por el agotamiento, lucharon desesperadamente durante días y noches antes de escapar finalmente con menos del 40% de sus tropas derrotadas restantes, huyendo al sur, a Lingzhou, donde se aislaron.
La acción despiadada y absolutamente inhumana de Ji Ling no solo heló los corazones del pueblo, sino que también produjo un giro de ciento ochenta grados en el curso de la guerra.
La otrora invencible Gran Dinastía Jiang, antes arrogante e imperiosa, ahora yacía destrozada, acobardada como un perro con el rabo entre las piernas, sin atreverse a provocarlos en lo más mínimo, mientras tanto, la moral del Reino Jing se disparó cada vez más y, como una espada afilada, que atraviesa las defensas, rompieron tres pasos sucesivamente, ¡sus fuerzas amenazando directamente a la próspera y rica Ciudad de Lingzhou!
El Reino Jiang, que había disfrutado de décadas de paz, se sumió repentinamente en la confusión y eruditos y literatos errantes clamaban a diario: “¡El cielo va a destruir a nuestro Gran Reino de Jiang!”
Chen Ji y Jun Min Xin pasaron los últimos días consolando a los habitantes de las ciudades recién conquistadas, mientras que Shen Liangge y Jun Xian recompensaban a los soldados y corregían la disciplina militar. ¡Cualquiera que fuera descubierto robando propiedad de los civiles, sin importar la cantidad, sería ejecutado!
Durante las últimas dos semanas, habían trabajado incansablemente, ganándose el corazón de la gente; por lo que todo había valido la pena. Ese día en particular, con medio día libre, los cuatro se reunieron para beber, discutir y planear cómo proceder a continuación.
El calor era intenso y sofocante a finales del verano y todos vestían ropa de verano ligera y casual. Jun Min Xin vestía un traje masculino color verde claro, con el cabello negro recogido con una horquilla de jade azul, revelando su delicado rostro y su hermoso cuello. Chen Jiyi también se había quitado la armadura plateada, y vestía únicamente una túnica marcial azul oscuro, con cinturón y muñequeras de tela negra, y botas de tela azul, su cabello negro y rizado aún estaba recogido en lo alto con una cinta, y su rostro color trigo, con ojos profundos y una nariz prominente, irradiaba un encanto masculino maduro y atlético.
Chen Ji estudió el mapa un rato y de repente dijo: “El territorio del Reino Jing se ha más que duplicado en comparación con antes.”
Jun Min Xin sonrió y dijo: “No es ni una cuarta parte de lo que era el Reino Li en aquel entonces.”
Shen Liangge y Jun Xian intercambiaron una mirada, conscientes de que la mujer tranquila y serena que tenían delante ya era ambiciosa, así que le aconsejaron con amabilidad: “Un ciempiés con cien patas no muere fácilmente*, el Gran Reino Jiang es un pedazo de carne demasiado grande; si te lo tragas entero, podrías sufrir de indigestión.”
(N/T: * «百足之蟲,死而不僵» (bǎi zú zhī chóng, sǐ ér bù jiāng) es un modismo chino que se traduce literalmente como «un ciempiés no se cae ni se pone rígido ni siquiera muerto». Significa que algo con una base sólida o una estructura grande, aunque decline o muera, mantiene una influencia o apariencia de poder por un tiempo.)
Jun Min Xin comprendió su intención y sonrió.
Después de charlar un rato, Jun Xian le guiñó un ojo a Chen Ji. Chen Ji comprendió y se giró para preguntarle a Jun Min Xin: “Min’er, ¿no ha vuelto Ji Ling para informar?”
Shen Liangge, que había estado charlando y riendo, hizo una pausa, con su abanico aún cerrado, y guardó silencio. El ambiente se sumió al instante en el silencio; como si Ji Ling se hubiera convertido en un tema tabú…
Jun Min Xin reprimió lentamente su sonrisa, bajó la mirada y dijo con calma: “Envía otra orden. Si sigue sin presentarse a rendir cuentas, ¡castígalo de inmediato según la ley militar!”
Mientras tanto, Ji Ling, quien se creía que había hecho una gran contribución, desde que las aguas de la ciudad de Lianchi retrocedieron, naturalmente consintió que sus soldados saquearían las propiedades del pueblo. Sus hombres acumularon montañas de oro, plata y joyas, y vivió una vida de ocio durante bastante tiempo. Jun Min Xin envió mensajeros repetidamente para instarlo a regresar, pero el arrogante siempre agitaba la mano con desdén, amenazando con una mirada siniestra a los funcionarios: “¡Volveré con naturalidad cuando todo esto se resuelva! ¡Una palabra más y me aseguraré de hacerte callar para siempre!”
Eso continuó durante más de medio mes, hasta que finalmente llegó una orden severa. Sabiendo que Jun Min Xin estaba algo enojada, Ji Ling finalmente escogió un cofre con sus tesoros más preciados y lo llevó de vuelta con calma.
El pavo real, orgulloso y lleno de energía, entró en el campamento y vio a todos estaban reunidos allí y lo miraban con semblantes sombríos. Ji Ling se sorprendió un poco, pensando: ‘Quienes han prestado un servicio meritorio son realmente diferentes; ¡incluso al regresar al campamento hay una fila de personas para recibirme!’
Pensando así, ¡su engreimiento se acentuó aún más! Sonrió con los labios entreabiertos y justo cuando estaba a punto de inclinarse y hacer una reverencia ante Jun Min Xin, a quien no veía desde hacía mucho tiempo, vio a Chen Ji rugiendo:
“¡Ji Ling, sabes cuál es tu delito!”
Ji Ling se sobresaltó por el grito repentino, quedando momentáneamente aturdido, con la mente dando vueltas, pero aun así replicó con arrogancia: “¿Crimen? ¿Qué crimen? He prestado un gran servicio, ¿qué crimen he cometido?”
Shen Liangge se frotó la frente y negó con la cabeza, aparentemente anticipando la formidable escena que estaba a punto de desarrollarse. El rostro de Chen Ji se endureció mientras decía: “Inundar la ciudad de Liachi, arrebatar sin piedad la vida de cuarenta mil inocentes… ¡Un acto tan inhumano e injusto, carente de conciencia, es el primer gran crimen!”
“¡Chen Ji, estás jodidamente loco!”
Ji Ling finalmente se dio cuenta de que no se trataba de una ceremonia de premiación. ¡No había oro, plata ni mujeres hermosas, ni ascensos ni títulos! ¡Solo había un grupo de personas inexplicables que estaban allí para acusarlo!
“¡Qué mierd4 tan ridícula es esta!” – Ji Ling estaba conmocionado y furioso, con el rostro enrojecido. – “¿Quién no es inocente? ¡La muerte y las bajas son normales en una guerra entre dos naciones!”
Chen Ji permaneció impasible, declarando fríamente: “¡Permitir que tus tropas se apoderen de las propiedades y tierras fértiles del pueblo, secuestren esposas e hijas y opriman al pueblo, es un comportamiento idéntico al de los bandidos! ¡Ese es tu segundo gran pecado!”
Al oír eso, Ji Ling apretó los puños con tanta fuerza que crujieron, sus ojos de fénix se abrieron de par en par, como si estuviera listo para lanzarse a la batalla en cualquier momento. Miró a Jun Min Xin y luego a Chen Ji con odio, burlándose fríamente:
“¡Se han llevado a todos mis seres queridos, así que qué importa si me llevo unas cuantas cosas viejas!”
“¡Que insolencia!” – El gran general Jun Xian golpeó la mesa con la mano, y toda la sala se estremeció al romperse la mesa.
Ji Ling, en un ataque de ira, exclamó, sin importar quién fuera: “Me f0ll0 a tu madre…”
“¡Ji Ling!” – Jun Min Xin sintió un dolor de cabeza desgarrador y gritó. – “¡Cállate!”
Ji Ling se sobresaltó, logrando contener las palabras vulgares que estaban a punto de salir de su boca, cerrando la boca obedientemente, sin embargo, su cuerpo temblaba violentamente, lo que indicaba claramente que estaba haciendo un gran esfuerzo por reprimir su creciente ira.
Chen Ji se mantuvo firme con el rostro serio y continuó: “¡Ignorar repetidamente las órdenes y sin respetar la ley militar! ¡Esto también es un delito capital!”
Esta vez, Ji Ling permaneció en silencio, con una mirada inusualmente tranquila, una frialdad como si estuviera congelado en una bodega de hielo milenaria, aterradora y patética.
Él miró en silencio a Jun Min Xin, aparentemente esperando un veredicto.
Jun Min Xin levantó la vista, pero no lo miró a él, en cambio, se volvió hacia Shen Liangge y preguntó fríamente: “Estratega, según la ley militar, ¿cómo se debe tratar a Ji Ling?”
“El señor Ji ha cometido tres graves crímenes y debe ser ejecutado en el acto.” – Dijo Shen Liangge con solemnidad; con lo inteligente que era, ¿cómo podía no entender los pensamientos de Jun Min Xin?
Agitó su abanico de papel y luego cambió de tono, sonriendo con suavidad: “Pero el Señor Ji capturó la ciudad de Lianchi sin perder un solo soldado, lo que permitió a nuestro Ejército Jing emboscar al enemigo y avanzar sin obstáculos, lo cual también es un gran logro. En mi humilde opinión, sería mejor expiar sus crímenes con sus méritos y darle al Señor Ji la oportunidad de enmendarse.”
“La pena de muerte puede ser condonada, pero no puede escapar de un castigo severo.” – Jun Min Xin, que ya tenía una salida, asintió con sumisión y le dijo a Jun Xian, que estaba a su lado. – “Dejemos que el Gran General se encargue de él.”
Jun Xian se incorporó rápidamente y dijo con voz grave: “Considerando que esta es tu primera ofensa, serás castigado con cien latigazos. ¡No debe repetirse!”
Al oír eso, los dedos de Jun Min Xin, apretados bajo sus mangas, finalmente se relajaron.
Ji Ling quedó paralizado en su lugar, con la mirada fija en Jun Min Xin, sin vacilar, sin apartarla ni un poco en todo momento, sin pronunciar palabra, era como si el castigo que se discutía en la sala no tuviera nada que ver con él. Ese hombre, antes arrogante y altivo, ahora parecía completamente sin alma…
Solo cuando llegaron los soldados de ejecución con pesadas porras de madera para escoltarlo, apartó lentamente la mirada, sus finos labios se curvaron en una sonrisa y echó la cabeza hacia atrás, soltando una serie de risas roncas y estridentes hacia el cielo. Aquella risa maniática, burlándose de todos los seres vivos, hacía tiempo que había perdido la noble compostura que él solía mantener.
En ese momento, casi todos sintieron lástima por aquella hermosa bestia salvaje e indómita. ¿Cuándo había sido ese hombre tan humillado? ¿Cuándo había sonado su magnífica voz tan ronca? Esos agudos y estrechos ojos de fénix ¿habían lucido alguna vez tan tristes?
Hasta quedarse sin aliento de la risa, Ji Ling finalmente se liberó de los soldados que lo sujetaban, se enderezó y salió paso a paso de la tienda. Se quitó la túnica exterior, luego giró fríamente la cabeza y dijo: “¡Golpeen!”
El sordo golpe de las porras al golpear la carne era escalofriante. Cada golpe se sentía como un golpe al corazón.
Jun Min Xin levantó la cabeza y miró a Chen Ji, que estaba a su lado, con un brillo suplicante en sus ojos. Chen Ji suspiró para sus adentros: Efectivamente ella no podía soportarlo…
Sin pensarlo más, Chen Ji se dio la vuelta y salió de la tienda, deteniéndose ante los dos soldados que llevaban a cabo la ejecución, con el pie izquierdo adelantado y la pierna extendida. Sin decir palabra, los soldados que llevaban a cabo la ejecución comprendieron en secreto: se trataba de una señal codificada dentro del campamento pidiendo clemencia.
Los dos soldados comprendieron la situación, y los garrotes siguieron cayendo con fuerza, pero el impacto en la carne era mucho más leve.
Aun así, después de cien golpes, incluso el cuerpo de hierro de Ji Ling no pudo soportarlo. Al caer el golpe final, Ji Ling quedó casi al borde del desmayo, con la espalda y las nalgas cubiertas de sangre y carne desgarrada. Tardó mucho en incorporarse temblorosamente.
Alguien intentó ayudarlo, pero él apretó los dientes y apartó a esa persona con todas sus fuerzas. El esfuerzo casi lo hizo desplomarse de nuevo, y tardó un rato en recuperar el equilibrio, con un sudor frío corriéndole por la frente.
Jun Min Xin también sintió una punzada de preocupación por él. Tras recuperar el aliento, Ji Ling finalmente recuperó algo de fuerza, enderezó su espalda empapada en sangre, caminó tambaleándose paso a paso y regresó a su tienda… Durante todo el tiempo, rechazó cualquier ayuda.
Cien latigazos habrían lisiado o matado a cualquier otra persona. Pero ese hombre frente a ellos, esa belleza venenosa que nunca había sido menospreciada, se marchó con orgullo, dejando un rastro de sangre a cada paso…
“¡Un hombre de verdad!” – Comentó Jun Xian.
Chen Ji miró a la exhausta Jun Min Xin, que mostraba un aire de cansancio, y en ese momento, pareció comprender por fin por qué insistía tanto en contar con Ji Ling.
Ji Ling estuvo postrado en cama todo el día, negándose a tomar su medicina, y esa noche tuvo fiebre alta.
Jun Min Xin encontró el ungüento secreto para curar heridas que había traído de la Región Occidental tiempo atrás y, al amparo de la noche, llegó a la tienda de Ji Ling. Un soldado bastante joven estaba preparando una decocción. Jun Min Xin le hizo un gesto para que guardara silencio, y el chico, percibiendo su urgencia, se retiró.
Ji Ling seguía inconsciente. Jun Min Xin se sentó junto a la ventana, levantó la fina manta que le cubría la espalda, dejando al descubierto su espalda desgarrada y sangrante. Ese hombre testarudo y orgulloso se mostraba claramente reacio a la aplicación de la medicina; algunas zonas aún sangraban levemente, lo que contrastaba marcadamente con su piel pálida: una visión verdaderamente horrorosa.
Con ese calor, si eso continuaba, lo más probable era que se infectara… Jun Min Xin suspiró suavemente, untó las yemas de sus dedos en el ungüento y comenzó a aplicar la medicina.
Una vez transcurrido el tiempo que tarda en consumirse media varilla de incienso, terminó de aplicar todo el frasco de ungüento. El efecto refrescante del ungüento debió de funcionar, ya que Ji Ling dejó escapar un suspiro de satisfacción. Entonces, justo cuando Jun Min Xin estaba a punto de levantarse, abrió lentamente los ojos.
(N/T: * La expresión 半柱香一過 (pinyin: bàn zhù xiāng yī guò) significa literalmente «una vez transcurrido el tiempo que tarda en consumirse media varilla de incienso». Es una forma tradicional china de medir el tiempo antes de la invención de los relojes modernos, muy común en novelas históricas, de artes marciales (wuxia) o fantasía (xianxia). Dado que no existía una medida estándar para el incienso, el tiempo exacto puede variar según el contexto de la obra, pero generalmente se interpreta de la siguiente manera: Tiempo estimado: Una varilla completa suele representar unos 30 a 45 minutos. / Media varilla: Por lo tanto, «media columna de incienso» equivale aproximadamente a 15 a 20 minutos.)
Sus miradas se encontraron.
“Tú…”
“Yo…”
Silencio de nuevo.
La mirada de Ji Ling se apartó lentamente del frasco de medicina que Jun Min Xin sostenía en la mano para encontrarse de nuevo con sus ojos oscuros como la tinta. Rompió el silencio primero con una risa fría.
Él dijo: “Jun Min Xin, a veces realmente te odio.”
Jun Min Xin lo miró sin decir nada. Ji Ling se rió de sí mismo con sarcasmo y continuó: “Mucha gente me odiaba en ese entonces, pero tú insististe en traerme de vuelta. Me esforcé tanto por ser una ‘buena persona’ a tus ojos, y ahora entiendo lo doloroso que es ser una buena persona…”
Su largo cabello negro caía suelto, ocultando la mitad de su rostro y dejando al descubierto solo un par de ojos brillantes. Ji Ling se burló: “Estoy destinado a no ser una buena persona. Jun Min Xin, no puedo soportarlo más.”
Las largas pestañas de Jun Min Xin, como alas de cuervo, se agitaron y miró fijamente a los ojos de Ji Ling, diciendo con seriedad, palabra por palabra: “Ji Ling, no eres mala persona. Simplemente no puedes amar a los demás como me amas a mí.”
Al oír eso, Ji Ling se quedó paralizado, con una extraña expresión de incredulidad en su rostro. Esos ojos, que siempre destilaban locura y crueldad, ahora brillaban con una luz de inocencia infantil.
Ignorando las heridas y el dolor en su cuerpo, Ji Ling se enderezó de repente y abrazó a Jun Min Xin con fuerza.
El cuerpo desnudo del hombre se apretaba contra su espalda; su calor abrasador se transmitía claramente a través de la fina capa de ropa. Jun Min Xin se sobresaltó e instintivamente intentó liberarse de su agarre, pero escuchó la voz ronca, casi suplicante, de Ji Ling susurrarle al oído:
“No te muevas, solo déjame abrazarte un rato.”
Jun Min Xin sonrió y, con suavidad pero firmeza, apartó los brazos. Ji Ling la abrazó apresuradamente, balbuceando: “Jun Min Xin, cásate conmigo. Puedo conquistar el mundo por ti, y una vez que se restablezca la paz, me quedaré contigo en el palacio por el resto de mi vida.”
Atónita por sus palabras, Jun Min Xin extendió la mano para tocar la frente de Ji Ling; la sentía ardiendo. No pudo evitar soltar una carcajada: “Ji Ling, ¿estás delirando de fiebre?”
El hombre detrás de ella se puso rígido y, tras una larga pausa, dijo con burla: “¡Jun Min Xin, a veces realmente te odio!”
“Lo sé, lo sé, ya lo has dicho dos veces.”
“…Pero en cuanto me tratas un poco mejor, olvido cómo odiarte.”
“…”
Fuera de la tienda, nadie vio a un joven de cabello rizado de pie en silencio en la puerta, observando todo lo que sucedía dentro como una estatua. Las sombras de la noche lo envolvieron, difuminando su expresión…
Después de un largo rato, apretó los labios con fuerza y finalmente se alejó en silencio.
Nota del autor: Probablemente queden seis o siete capítulos más para terminar. ¿Alguien quiere leer un capítulo extra? Si es así, por favor, díganme qué pareja o persona les gustaría ver… Si no, no escribiré un capítulo extra y me iré a rellenar otros huecos de la trama.
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