LTDLP – 55

Capítulo 55 – Regresando a la calma

 

Al regresar a la capital del Reino Jing, Jun Min Xin no se sintió tan emocionada como había imaginado. Una calma escalofriante, como si después de experimentar todos los altibajos del destino, el polvo se hubiera asentado, todas las restricciones hubieran sido dejadas de lado y la razón se hubiera asentado gradualmente.

Las calles estaban abarrotadas de gente, tan concurridas como el día de su boda de hacía tres años. No hay primavera en el desierto, y al ver de nuevo los vibrantes rojos y verdes a su alcance, junto con las intrincadas y exquisitas vestimentas de los habitantes de las Llanuras Centrales, Jun Min Xin sintió de repente una sensación de déjà vu, una conmovedora sensación de que las cosas habían cambiado… Por el camino, la gente del Reino Jing vitoreaba o expresaba curiosidad, pero también muchos mostraban una fría indiferencia desdeñosa.

Jun Min Xin comprendió que esas gélidas miradas no hacían más que condenarla por su condición de ‘viuda.’ ¿Cómo podía una mujer que se casó con un bárbaro y luego perdió a su marido volver a ser la noble Princesa, o incluso la Reina del Gran Reino Jing?

Los habitantes de las Llanuras Centrales, orgullosos y distantes, a veces eran menos directos y apasionados que los de la Región Occidental. Pensó en Nu Yi y Ah’Ji Keke, que habían llorado desconsoladamente en sus brazos antes de su partida, y una punzada de nostalgia la invadió.

Sumida en esos pensamientos, los carruajes no tardaron en llegar a las puertas del palacio. El Rey Jing, con su majestuosa túnica real, lideraba a los funcionarios civiles y militares de pie bajo las puertas de la ciudad, mirándola desde lejos, inmóviles como si estuvieran congelados en el tiempo.

Los sauces de principios de primavera se balanceaban con el viento, amenizados ocasionalmente por el suave canto de las golondrinas. Chen Ji descendió del caballo y extendió la mano para ayudar a Jun Min Xin a bajar del carruaje. En ese instante, los funcionarios civiles y militares se arrodillaron, ahogados en sollozos. Jun Min Xin sonrió levemente y les hizo un gesto para que se levantaran, diciendo: “¡Levántense!”

“Hija, bienvenida a casa.”

El Rey Jing dio un paso al frente y tomó la mano de Jun Min Xin, tan sereno y amable como siempre, pero las comisuras de sus ojos mostraban rastros superficiales de la edad, y dos mechones plateados en sus sienes resaltaban marcadamente contra su espesa cabellera negra. – ‘Después de todo, mi padre está envejeciendo.’ – En los tres años que había estado fuera, tantos asuntos nacionales, guerras y asuntos familiares habían pesado sobre sus hombros. El apuesto hombre que alguna vez fue suave y elegante fue despojado de su juventud por el tiempo y sus ojos púrpuras eran tan profundos que no se veía el fondo…

Jun Min Xin reprimió el escozor en su nariz y forzando una sonrisa, hizo una reverencia con gracia, tocando el suelo con la frente, realizando un saludo profundo y respetuoso, permaneció inclinada un largo rato, como si mil palabras estuvieran contenidas en esa reverencia postrada en el suelo… El Rey Jing sonrió y la ayudó a levantarse, con los ojos ligeramente enrojecidos, diciendo: “¡Hija, has trabajado duro!”

Jun Min Xin se acurrucó en el cálido y amplio abrazo de su padre, padre e hija se abrazaron con fuerza. El Rey Jing la rodeaba la cintura con un brazo mientras le acariciaba la cabeza con el otro: un amor paternal tierno y cariñoso que Jun Min Xin no había experimentado en tres años.

Pensando en eso, Jun Min Xin apoyó la cabeza en el hombro del Rey Jing, con lágrimas corriendo por su rostro, esas emociones reprimidas por tanto tiempo volvieron a aflorar en ese momento, estallando sin previo aviso.

La música sonó, las trompetas resonaron y los cañones rugieron. Al entrar al palacio, los funcionarios civiles y militares se turnaron para felicitarla. Jun Min Xin los saludó a todos con una sonrisa, intercambiando algunas palabras de cortesía, y finalmente se quedó solamente con Shen Liangge.

Jun Min Xin preparó personalmente una tetera de té, filtrando el sabor turbio de la primera infusión, y le sirvió una taza a Shen Liangge, diciendo con sinceridad: “Liangge, de verdad no sé cómo agradecerte. Mil palabras y diez mil frases* no pueden expresar mi gratitud, así que te ofrezco esta taza de té en lugar de vino al Asesor Militar Shen.”

(N/T: * 千言萬語 (qiān yán wàn yǔ) es un chengyu (modismo chino) que significa literalmente «mil palabras y diez mil frases». Se utiliza para describir una situación en la que hay muchísimo que decir, o para expresar una cantidad inmensa de palabras, sentimientos o pensamientos contenidos.)

“En aquel entonces, en la Región Occidental, le prometí a la Princesa conquistar las ocho ciudades del norte antes de su regreso a la capital de Jing, y Liangge ha cumplido su promesa.” – Shen Liangge tomó su taza de té, brindó con Jun Min Xin a lo lejos y se la bebió de un trago.

Jun Min Xin la admiraba sinceramente y dijo: “Liangge es una mujer de palabra, una experta estratega militar, y tu cooperación con mi tío es impecable. En tan solo un año, casi han duplicado el territorio de nuestro Reino de Jing, ¡una bendición para nuestro Gran Jing!”

“¡Me halaga, Princesa!” – Shen Liangge rió entre dientes un momento, luego se recompuso y dijo. – “¿No teme la Princesa que nuestra causa sea injusta y atraiga las críticas del mundo?”

Jun Min Xin pensó para sí misma que Shen Liangge la estaba poniendo a prueba. Sus ojos parpadearon y dejó la taza de té, reflexionando. – “El Emperador Jiang ha oprimido al Reino Jing durante décadas, imponiendo fuertes impuestos y gravámenes, tratando a la gente de Jing como esclavos, por lo que el pueblo no está con él. Ahora que el Reino de Jing es poderoso, si no nos resistimos, ¿vamos a esperar a que el Gran Reino Jiang nos siga intimidando? No aprendí nada más en la Región Occidental, ¡pero he dominado el significado de la ‘supervivencia del más apto’! Simplemente estoy reclamando lo que legítimamente le pertenece a la familia Jun al Emperador Jiang; ¿Cómo puedes decir que no tengo una causa legítima?”

Shen Liangge frunció los labios y sonrió, con los ojos entrecerrados como los de un zorro. Jun Min Xin la miró un momento y luego dijo en voz baja: “Escuché que después de que el Reino de Jiang nombrara a Su Huan como asesor militar, sufriste varias derrotas. Entonces, ¿podrás vencer a tu sobrino?”

Al oír eso, Shen Liangge frunció el ceño y su sonrisa se tornó amarga. Negó con la cabeza, con las manos metidas en las mangas.

“Si hay alguien en el mundo capaz de romper mi formación, ¡ese es Zi Gui (el nombre de cortesía de Su Huan es Zi Gui)! He luchado con él desde la infancia hasta la edad adulta y nos conocemos tan bien como si nos miráramos en un espejo. Si él está decidido a ayudar incondicionalmente a Jiang, realmente no estoy segura de ser la que ría al final.”

Min Xin preguntó con indiferencia: “¿El amado de Liangge es tu sobrino?”

La expresión de Shen Liangge se endureció. Jun Min Xin captó una fugaz incomodidad en sus ojos, sirvió té y dijo con una leve sonrisa: “Los sentimientos son como un campo de batalla; quien se enamora primero es él que pierde…”

“Princesa.” – La sonrisa de Shen Liangge se desvaneció, se levantó e hizo una reverencia, diciendo con seriedad. – “Los asuntos públicos son públicos, y los privados son privados. ¡Esta ministra nunca se pondrá del lado equivocado!”

Jun Min Xin no esperaba una reacción tan fuerte y tras una ligera sorpresa, rió entre dientes. – “Si no confiara en ti, no te habría hablado con tanta franqueza. ¿Por qué eres tan seria y reservada?”

Del quemador de incienso con forma de bestia, se elevaban volutas de humo, reflejando los pensamientos que se arremolinaban en sus corazones.

Jun Min Xin conversó largo rato con Shen Liangge. Al ver que se hacía tarde, la acompañó personalmente hasta la puerta de la ciudad. De regreso al Palacio Chaolu, encontró al Rey Jing y a Chen Ji esperándola en el salón, con Mu Jin preparándoles té.

El Rey Jing la llamó y le preguntó con cariño: “Min’er, ¿en qué piensas?”

“Tengo muchas reflexiones.” – Jun Min Xin se sentó junto a su padre, sumida en sus pensamientos, y dijo. – “El prestigio que construí hace tres años se ha visto casi completamente erosionado por mi incómoda posición actual… A Min’er le preocupa que la gente ya no confíe en mí.”

El Rey Jing guardó silencio, decidiendo dejar que su hija resolviera el problema por sí misma, ya que el Reino Jing tarde o temprano pasaría a sus manos. Tras reflexionar un momento, él preguntó: “¿Cómo piensas resolver eso?”

“Tras un invierno de descanso, la primavera trae abundante comida y forraje. Jing y Jiang tendrán que volver a la guerra tarde o temprano, y esta hija quiere ir a la batalla con el ejército. ¡La victoria es el mejor atajo para levantar la moral y aumentar el prestigio! En cuanto a la tregua.” – Jun Min Xin frunció el ceño ligeramente. – “Durante la tregua, debo ser considerada con la difícil situación de la gente, y sería mejor si pudiera consolar personalmente a los habitantes de las ciudades recién capturadas, para que confíen en mí y en el Reino Jing… Mmm, todavía tengo que pensar en los detalles específicos.”

El Rey Jing sopló las hojas de té en su taza y sonrió: “Mmm, ese plan es factible. Min’er has madurado de verdad, tus modales y conducta me recuerdan a mi juventud. Una vez que la guerra se estabilice, podré cederte el Reino Jing con confianza.”

Jun Min Xin y Chen Ji se sobresaltaron. Intercambiando una mirad y Min Xin dijo rápidamente: “¡Padre, usted está en la flor de la vida! ¿Por qué dice eso?”

Después de tomar un sorbo de té, el Rey Jing miró a Chen Ji, luego a su hija, y sacudió la cabeza con una sonrisa: “Me estoy haciendo viejo. ¡Papá también quiere vivir como tu abuela, retirarse a las montañas y los bosques, elaborando vino y bebiéndolo!”

“Padre…”

El Rey Jing la detuvo con una mirada y dijo con seriedad: “Min’er, sé lo que quieres decir, pero este padre habla en serio. La vida es muy corta, no quiero quedarme atrapado en el fango toda mi vida. Este mundo eventualmente pertenecerá a los jóvenes.”

“Padre.” – Jun Min Xin tomó suavemente la mano cálida y delgada de su padre, ligeramente callosa, y dijo con ternura y sinceridad. – “Es demasiado solitario vivir toda la vida solo. Madre se fue hace tres años, encuentra una buena mujer con la que puedas sentar cabeza.”

El Rey Jing se quedó atónito y negó con la cabeza. Jun Min Xin pareció no darse cuenta; su mirada se volvió gradualmente un poco errante y se tornó triste, pensando claramente de nuevo en su madre biológica y continuó para sí misma: “No necesita ser demasiado hermosa, solo pura, de mente abierta y virtuosa. Cuando envejezcas, ya sea que vivas en reclusión o viajes por el mundo, tendrás una compañera. Yo, también iré a ver a padre y a ella a menudo, pero no la llamaré ‘Madre’, la llamaré tía…”

Mientras hablaba, Jun Min Xin se atragantó, con los ojos enrojecidos mientras tartamudeaba: “A la mujer que papá ame, también la trataré bien, la respetaré y la amaré… pero no la llamaré ‘Madre’, es lo único que no puedo hacer… Solo tengo una madre, pero ella ya…”

Los ojos de Chen Ji también se enrojecieron. Estaba inextricablemente ligado a la muerte de la Consorte Liu, y ahora, con el pasado a flor de piel, la culpa y el remordimiento lo invadían. Abrió y cerró los labios varias veces, pero al final no pudo pronunciar ni una sola palabra.

El Rey Jing, tomó la mano de cada joven y dijo con ternura: “Está bien, está bien, no piensen demasiado en esas cosas. Padre tiene casi cuarenta años; no le encontraré una madrastra a Min’er, tenerlos a los dos es suficiente para esta vida.” – Una vez que las emociones de la joven se calmaron, el Rey Jing sonrió y dijo: “¡Tu tío, Xiao Xian me escribió de nuevo, preguntándome cuándo fijaré la fecha de tu boda para que pueda regresar a tiempo para el banquete de bodas!”

‘¡Ese tío frívolo!’ – El corazón de Jun Min Xin se aclaró, como si viera la luz después de la tormenta, la tristeza que sentía se desvaneció y divertida, rió y dijo: “¡Antes de eso, padre, deberías aceptar su matrimonio primero! ¡Ahora mismo está haciendo un escándalo por proponerle matrimonio a la señorita Ye, que vende huevos de té en la esquina cerca de la puerta de la ciudad!”

El Rey Jing curvó sus labios con una sonrisa pálida y dijo: “Esa muchacha es una persona honesta. ¡No ayudes a tu tío a arruinarle la vida! El asunto de Shen Liangge me ha estado dando dolor de cabeza durante mucho tiempo; él tampoco se toma un respiro.”

Chen Ji también sonrió, guardando silencio un rato antes de finalmente intervenir: “El Maestro ya tiene más de treinta años; debería haberse casado y tenido hijos hace mucho tiempo. He visto a la señorita Ye dos veces y el Maestro le compra huevos de té siempre que tiene tiempo; se nota que la cuida bien.”

Jun Min Xin preguntó con el corazón en la mano: “¿Qué edad tiene esa chica? ¿Qué aspecto tiene? ¿Conoce la identidad de mi tío?”

“Parece tener veintipocos años, rostro ovalado, estatura mediana y ojos muy vivaces, no habla mucho… No puedo describirla bien.” – Chen Ji sonrió con torpeza. – “Min’er lo sabrá por sí misma a verla en persona la próxima vez. El maestro nunca le ha revelado su verdadera identidad y cada vez que le compra huevos de té, se sienta a charlar con ella.”

Jun Min Xin lo imaginó automáticamente: Un gran general digno comprando una enorme pila de huevos de té para comer en casa y devorándolos a diario y cuando no podía acabar con todo solo, arrastraba a Chen Ji y a las tropas, sentándose juntos en cuclillas en el campo de entrenamiento para comer huevos de té…

Entonces ella rió entre dientes, y Chen Ji la miró perplejo sin entender.

Jun Min Xin hizo un gesto con la mano, cambiando de tema: “Padre, he acogido a alguien y pienso buscarle un puesto primero y cuando vayamos al campo de batalla, lo llevaré conmigo…”

“¿Es Ji Ling?” – La interrumpió el Rey Jing con una leve sonrisa.

Jun Min Xin se frotó la nariz. – “Ya lo sabes, ¿verdad?”

“Ji Ling es un arma de doble filo, la más afilada y peligrosa. Si no puedes satisfacer sus deseos, es muy probable que te traicione. ¿Estás segura de que quieres usarlo?”

“Para destruir al enemigo más formidable, se necesita, naturalmente, la espada más afilada. Es imposible ganarlo todo sin correr riesgos. La vida y la muerte, la victoria y la derrota, están separadas por una delgada línea.” – Jun Min Xin dijo con seriedad. – “Padre, no se preocupe, su hija sabe lo que hace.”

El Rey Jing suspiró y dijo: “Me encargaré.”

Jun Min Xin le dio las gracias en su corazón, pero de repente recordó algo y preguntó: “Padre, ¿dónde está Jin Lan? ¿Por qué no la he visto?”

“Esa niña, desde el día en que te casaste, se rapó la cabeza y se hizo monja por su cuenta, recitando sutras y rezando constantemente por ti en el templo Lingzhao todo este tiempo.”

Jun Min Xin se quedó atónita, sin palabras por un momento, y de repente se levantó y dijo: “Padre, su hija se retira primero. ¡Debo traer a Jin Lan de vuelta con una gran ceremonia, para que mi querida hermana regrese con pompa y circunstancia!” “

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Nota del autor: Últimamente, han estado tomando medidas drásticas contra el contenido explícito… Originalmente, se suponía que habría contenido explícito después de la boda; de lo contrario, no sería divertido para todos leer algo tan insulso, pero parece que no puedo escribir mucho =口=

Por cierto, habrá un epílogo después de terminar la historia. Me pregunto qué epílogo les gustaría ver. Avísenme con anticipación si tienen alguna sugerencia y haré todo lo posible por cumplirla. No ha sido fácil para todos seguir hasta ahora… ¡Intentaré terminarlo lo antes posible!

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