Capítulo 53 – Un instante entre la vida y la muerte
Las heridas en la muñeca de Mu Jin se habían desvanecido, dejando solo finas cicatrices blancas pálidas y superficiales, las humillantes marcas que quedaron tras la amputación de sus meridianos. Jun Min Xin le aplicó suavemente la medicina, guardó el botiquín, acarició con suavidad la tristeza que aún persistía en las cejas de Mu Jin y suspirando, dijo: “Mu Jin, hace mucho que no sonríes.”
Mu Jin estaba distraída, y tardó un buen rato en recuperarse y luego preguntó con indiferencia: “Princesa, ¿qué dijiste hace un momento?”
Jun Min Xin reflexionó para sí misma un buen rato, dándose cuenta de que la repentina desaparición de Mu Jin ese día no se debía simplemente porque Muller le cortó los meridianos, sino que debió haber sucedido algo más… Tras un momento de silencio, Jun Min Xin dijo con seriedad: “Mu Jin, los que practican artes marciales puede tener los meridianos rotos, pero no pueden perder su espíritu de lucha. ¿Cuál es la diferencia entre tú y un cadáver ambulante?”
Al oír eso, Mu Jin se quedó atónita, miró fijamente sus débiles manos, y dijo con una sonrisa amarga y autocrítica: “Desde los cinco años, que me llevaron al lado del General para aprender artes marciales, me acostaba a las tres de la mañana y me levantaba a las cinco y me esforcé varias veces más que otros para derrotar a todos mis oponentes. En ese momento, el general me dijo que: ‘Además de él y el joven maestro Chen, nadie en el Palacio Jing podía rivalizar conmigo.’ ¡Princesa, sabes lo orgullosa que estaba en ese entonces!”
“A los trece años, realicé una demostración de artes marciales ante Su Majestad y el Rey dijo que, si crecía un poco más y protegía a la Princesa durante unos años más, me permitiría ir al campo de batalla a defender la frontera y vengar a mis padres, hermanos y hermanas, que cayeron bajo las espadas de los bárbaros… Princesa, ¡sabe lo feliz que estaba en ese momento! Pero ahora, con mis meridianos cortados, mi dignidad perdida, ¿qué cara me queda para seguir a su lado?”
Min Xin abrazó suavemente a Mu Jin, con la mirada fija en el lejano cielo amarillo oscuro distante. – “Tus palabras me hacen odiar mi propia impotencia…”
***
A principios de diciembre, la nieve era muy espesa y el gélido viento del norte quebraba los estandartes en las murallas del palacio.
Ese día, Jun Min Xin descansaba junto a la pequeña chimenea cuando vio a Atal irrumpir en sus aposentos acompañada de varias doncellas de confianza, con el rostro desencajado por la rabia. Sus ojos, visibles a través del velo negro, estaban llenos de feroz malicia y de pie en la puerta, con las manos en las caderas, gruñó:
“¡Pequeña puta barata! ¡Sal de ahí!”
Las doncellas salieron corriendo presas del pánico, mirando a Atal y a su séquito con considerable aprensión. Jun Min Xin se levantó lentamente, le guiñó un ojo a Nu Yi, indicándole que se escabullera a buscar refuerzos, luego asintió a Atal y sonrió, diciendo:
“¿A quién llamas, pequeña puta barata?”
Atal, ajena al sarcasmo de las palabras de Jun Min Xin, resopló fríamente: “¡Las mujeres de las Llanuras Centrales son realmente unas zorras disfrazadas! ¡La Princesa Changfeng no solo es una seductora*, sino que incluso tu doncella es increíblemente encantadora! ¡El Rey Muller es mi esposo! ¡Tú, una Princesa enviada para un matrimonio político, permites que una doncella de baja estofa me robe a mi hombre, sin vergüenza!”
(N/T: * El término 萬人迷 (escrito en chino simplificado como 万人迷, pinyin: wànrénmí) se traduce literalmente como: alguien que fascina a diez mil personas, pero preferí usar seductora.)
Justo cuando terminó de hablar, una persona emergió de detrás del biombo y dijo con frialdad: “La Princesa es la Reina, tú eres una consorte secundaria. Atal, cuida tus palabras o se te pudrirá la lengua.”
¡Esa persona era Mu Jin! Jun Min Xin gimió para sus adentros; porque eso solo echaría más leña al fuego.
Al ver a Mu Jin, Atal montó en cólera y le preguntó a una doncella de cabello rizado castaño que estaba a su lado: “¡Guli, ¿es ella?”
Jun Min Xin reconoció a la doncella llamada Guli; era la misma persona que le había traído carne de cordero envenenada por orden de Atal en aquel momento, así que anotó su nombre en secreto y una sonrisa fría e imperceptible apareció en la comisura sus labios.
Guli asintió y susurró: “Consorte secundaria, esa es Mu Jin.”
“¡Ja! Siempre pensé que el Rey construyó la Torre Wanxiang para mí, o que la mujer de la que estaba enamorado era esta Princesa viuda. Lo calculé todo, ¡pero nunca imaginé que fueras tú quien me robó a mi marido!” – Dicho eso, Atal levantó la mano, avanzó a grandes zancadas y se preparó para darle una bofetada a Mu Jin.
Inesperadamente, le agarraron la mano en el aire y Atal se giró para mirar a Jun Min Xin, que la sujetaba por la muñeca, y dijo enfadada: “Princesa Changfeng, ¿te atreves a pelear conmigo?”
Jun Min Xin, con una fuerza que provenía de quién sabe dónde, agarró con fuerza la muñeca de Atal; las yemas de sus dedos, con un atisbo de intención asesina, casi se le clavaban en la carne. Min Xin siguió sonriendo levemente: “¡Cómo me atrevería! Mu Jin es mi hermana jurada y Lady Atal incluso se atreve a golpear a mi propia hermana, ¡su valentía es admirable!”
A Atal le hervía la sangre; su rostro feroz bajo el velo era aterrador. Se soltó violentamente la muñeca de su agarre, dio un paso atrás, y gritó con voz aguda señalando a Mu Jin: “¡Guardias! ¡Guardias, vengan rápido! ¡Llévense a esta zorra! ¡Quiero que la casen con el mozo de cuadra de menor rango y más despreciable del palacio!” – En ese momento, rió exasperada, aplaudiendo y diciendo. – “¡Jajaja! Ese mozo de cuadra tiene setenta u ochenta años, es un jugador empedernido y ha atormentado a tres esposas hasta la muerte. ¡Esta puta es perfecta para llenar su soledad! ¡Jajaja! ¡Una pareja perfecta!”
Dicho eso, volvió a gritar: “¡Dense prisa, llévenla, desnúdenla y llévenla al establo!”
Un grupo de guardias vestidos con gruesas túnicas de fieltro entró al oír su voz, con sus relucientes espadas curvas apuntando a Mu Jin. A pesar del peligro, Mu Jin mantuvo la calma, metió la mano en su manga y sacó una pequeña daga de hoja de sauce, delgada y afilada, cuya hoja reflejaba una luz clara y fría iluminando sus pupilas.
Ante la mirada atónita de todos, se llevó la daga a su delicado cuello y dijo con firmeza: “Como ninguno de los dos me dejará en paz, que así sea, moriré.”
Pronunció cada palabra con calma, como si la elección entre la vida y la muerte ya estuviera hecha. Dicho eso, levantó la daga para cortarse la garganta. ¡Jun Min Xin no pudo evitar gritar y abalanzarse para agarrar la hoja con las manos desnudas!
Mu Jin se puso manos a la obra de manera implacable. Gracias a que Jun Min Xin se abalanzó sobre ella a tiempo; la herida en el cuello de Mu Jin no fue profunda, pero la mano de Jun Min Xin quedó hecha un desastre sangriento. Por un instante, el único sonido en el vasto salón fue el de la sangre salpicando en el piso.
“No hagas ninguna tontería…” – Jun Min Xin se esforzó por esbozar una sonrisa tranquila, soportando el dolor punzante.
“Princesa…” – Mu Jin, con lágrimas en los ojos, dejó caer la daga y abrazó a Jun Min Xin. Las dos personas que sangraban sin cesar se acurrucaron juntas, creando una escena de una belleza conmovedora y trágica.
En ese momento, Nu Yi condujo a Müller a la habitación, dejando a Atal estupefacta.
“¡Atal, regresa a tus aposentos!” – Dijo Müller con frialdad.
Atal estaba furiosa e inconforme, pero intimidada por el aura amenazante de Müller, no tuvo más remedio que retirarse en silencio con sus hombres. Nu Yi y Keke rebuscaron entre las medicinas, ungüentos para las heridas y sollozando vendaron frenéticamente las heridas de Min Xin y Mu Jin. Müller echó un vistazo a los heridos en la habitación, se sentó en el diván y preguntó: “¿Por qué eres tan obstinada?”
Esas palabras iban claramente dirigidas a Mu Jin. Mu Jin se puso rígida, temblando ligeramente.
Müller giró la cabeza, esbozó una sonrisa, y le dijo a Jun Min Xin: “Princesa, cuando te di la ficha de salida del palacio, prometiste darme algo a cambio. ¿Puedes cumplir esa promesa ahora?”
“¡Müller! ¡Ni se te ocurra humillarme otra vez!” – Antes de que Jun Min Xin pudiera responder, Mu Jin se levantó conmocionada y furiosa, como una pequeña bestia salvaje acorralada, con la mirada resuelta.
“¿Ah, sí? ¿Cómo sabes que lo que quiero eres tú?” – Dijo Müller con frialdad. – “He agotado toda mi riqueza para construir la Torre Wanxiang para ti y te he prometido concederte el puesto de consorte principal, lo cual ya es una gran gracia para ti, ¿por qué te opones a mí? Si no me hubieras desafiado, las cosas no habrían llegado a este punto hoy. De verdad que no entiendo qué es lo que quieres… ¡No olvides que ya eres mi mujer!”
La última frase cayó como un rayo del cielo, y el corazón de Jun Min Xin se sobresaltó de repente: ‘¡Así que es así! ¡Así que es así!’
Mu Jin luchó por estabilizar su cuerpo mientras casi se caía y dijo con voz temblorosa: “¡Sí, sí, estos trece tendones cortados, mi pureza manchada, todas estas heridas, son todo gracias a ti! ¿Me preguntas qué quiero? Te lo diré: ¡Quiero que el tiempo vuelva atrás, quiero matarte!”
Müller pareció sentir una punzada de remordimiento y suavizando el tono, dijo: “¿No me devolviste el favor con un cuchillo? Estamos a mano. El dolor es la mejor manera de domar a una persona, si no lo hubiera hecho, ¿cómo te habrías resignado a quedarte a mi lado?”
“¡Lárgate!”
“¿Prefieres ser una doncella aquí que mi esposa? ¡Qué ridículo! ¡Si de verdad no me tenías en tu corazón, deberías haberme apuñalado más profundamente el día que tomé tu cuerpo!”
“¡Fuera!”
La expresión de Müller cambió repentinamente, su rostro se tornó sombrío. – “Princesa, ¿me entregarás a la persona que quiero o no?”
‘¡Ja, cambio de objetivo!’ – Jun Min Xin sostuvo su fría mirada y dijo: “Su Majestad ha herido su cuerpo y le ha destrozado el corazón. ¿De qué sirve un cascarón vacío?”
“Yo sanaré sus heridas.”
Jun Min Xin negó con la cabeza, mirándolo con compasión, y dijo lentamente: “Las heridas físicas son fáciles de curar, pero las heridas emocionales son mucho más difíciles de sanar.”
Müller reflexionó, ordenó a sus hombres que trajeran la mejor medicina para eliminar cicatrices, miró a la encaprichada Mu Jin y se fue pensativo.
Poco después, Ji Ling trajo la noticia de que el Rey Jing había enviado a Dong An y Jun Xian a negociar de nuevo con Müller, con la intención de llevar a Jun Min Xin de vuelta a Jing.
***
El día que Dong An y Jun Xian llegaron, Ji Ling, saltó del tejado a toda prisa con un objeto con forma humana en una mano, entró sigilosamente en la habitación de Jun Min Xin y arrojó a la inconsciente persona que llevaba sobre el hombro al suelo, jactándose: “¡Mi Señora, le he traído a esta persona!”
Jun Min Xin tomó un sorbo de vino con leche, miró a la persona que yacía en el suelo y, efectivamente, ¡era Guli, la sirvienta de Atal, la que había entregado el cordero envenenado! Ella dijo con indiferencia: “Despiértala y vete inmediatamente, que no te vea.”
Ji Ling, con un gesto de disgusto, le arrojó con indiferencia un tazón de té frío a Guli y empujándola con el pie, dijo: “¡Despierta, despierta!”
Los párpados de Guli temblaron y Ji Ling desapareció rápidamente en la habitación interior. Mientras Guli seguía aturdida, Jun Min Xin le echó un tazón de sopa en la garganta. Guli despertó al instante, con los ojos abiertos de terror, y exclamó:
“¿Qué me dió de beber?”
Jun Min Xin sonrió fríamente y dijo: “Hierba del desamor*, no es más que un tazón de veneno.”
(N/T: * (斷腸草), que significa literalmente «hierba que rompe los intestinos» Históricamente, también se le ha llamado «hierba de la melancolía» o «flor del desamor» (Duanchang hua) para expresar una tristeza tan profunda que «desgarra las entrañas» tras una separación amorosa.)
Las pupilas de Guli se contrajeron bruscamente y se rascó la garganta con el dedo índice, provocándose arcadas. Pronto, estaba empapada en sudor, con el estómago palpitando de dolor, como si sus intestinos se hubieran enredado y gritó:
“¡Princesa, no me mate! ¡Me equivoqué! ¡Por favor, perdóneme, no lo volveré a hacer, nunca más!”
Jun Min Xin levantó la cara y preguntó con una sonrisa: “Entonces, ¿estás dispuesta a ayudarme a exponer todas las conspiraciones de Atal?”
Guli se hizo un ovillo, agarrándose el estómago y dando vueltas. Jun Min Xin sonrió fríamente y sacó una pastilla pequeña, diciendo: “Si no consigues el antídoto en media hora, morirás porque se te reventarán los intestinos.”
“¡La ayudaré! ¡La ayudaré! Haré lo que me diga, ¡por favor, deme el antídoto!” – Guli asintió frenéticamente.
Jun Min Xin sonrió.
***
Dentro del salón de audiencias, Jun Xian dijo: “Mi Rey está dispuesto a permitir que el pueblo Hu intercambie especias, vinos finos y jade, y además ofrece oro, plata, seda y hermosas mujeres, solo a cambio de intercambiarlos por…”
Justo en ese momento, una doncella despeinada entró corriendo, sudando profusamente, y se arrodilló en el suelo con un golpe sordo, gritando: “¡Majestad, me equivoqué! ¡Lo diré todo, me equivoqué!”
Müller gritó furioso: “¡Guli, qué haces! ¡Guardias, sáquenla de aquí!”
En ese momento, Jun Min Xin entró lentamente, sonriendo suavemente mientras se enrollaba un mechón de cabello tras la oreja: “Espere un momento, Su Majestad, ¿por qué no oye lo que hizo mal Guli? ¡Es una historia muy interesante!”
“…”
Müller: “Habla, Guli, ¿qué hiciste mal?”
“¡Me equivoqué! No debí haberle enviado cordero envenenado a la Princesa Changfeng, no debí haber delatado y ayudado a la consorte secundaria a hacerle daño a la Princesa, no debí haber puesto afrodisíacos en el vino de Abu, haciéndolo perder la cabeza y cometer un acto indecente contra la Princesa. ¡Todo fue instigado por Lady Atal. ¡No tiene nada que ver conmigo! ¡Su Majestad el Rey, por favor, perdóneme! ¡Princesa, por favor, perdóneme! ¡Guli no se atreverá otra vez!”
Esas palabras conmocionaron a todos los presentes, ¡excepto a Jun Min Xin!
En un ataque de ira, Jun Xian desenvainó su espada y dio un paso al frente, gritando: “¡Müller, aceptaste dinero del Reino Jing, y así es como proteges a la Princesa!”
Müller apretó los labios con fuerza: ‘¡No esperaba que surgieran problemas en un momento tan crítico! Jun Min Xin era la niña de los ojos del Rey Jing; ¿cómo pudo esa insensata de Atal, revelar su verdadera naturaleza en ese momento? La situación era extremadamente desfavorable. Parecía que no habría otra manera de apaciguar la ira de Jun Xian, quien controlaba el poder militar del Reino de Jing, excepto accediendo a enviar a Jun Min Xin de vuelta al Reino de Jing…’
Jun Xian ya había derribado a más de una docena de guardias imperiales en un instante, con su larga espada apuntaba directamente a la nuez de Müller. Müller dudó un momento y luego rugió:
“¡Guardias! ¡Traigan a la consorte secundaria aquí inmediatamente para interrogarla!”
Nota del autor: Solo quedan unos diez capítulos de la historia. Intentaré que la trama sea concisa y no se alargue demasiado…
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