MNM – Historia Paralela 5
El Conde Stung sonrió ampliamente.
“Hay mucho que ganar. Ahora mismo, la única que puede plantear dudas sobre la muerte del Archiduque es Su Alteza la Gran Duquesa. Si se involucra en esto y le va bien… ¿no podría recuperar tu antiguo estatus? Como heredera legítima del heredero imperial.” (Stung)
“Como heredera del heredero…”
“Sí, así es. Si esto sale bien, al tratarse de un asunto que involucra a un miembro de la familia imperial, la corte intentará resolverlo discretamente. Ahí es cuando se negocia, para que puedan designar a Su Alteza la Gran Duquesa como tutora del Príncipe y para que le restablezca sus derechos.” (Stung)
En definitiva, era una táctica despreciable y mezquina.
Y en la situación actual, también era un método que podría funcionar.
Karolia recordó sus momentos de gloria del pasado, cuando creía que era la protagonista de la más alta posición, en ese momento estaba llena de confianza, confianza en que podía hacer cualquier cosa, creyendo que no había nada que no pudiera tener. Había menospreciado a Irenea y la había tratado con desdén.
Irenea estaba por debajo de Karolia y ella anhelaba recuperar esa gloria de antaño.
Los labios de Karolia se curvaron suavemente.
“Parece que tiene razón. ¿Podemos hablar de los detalles?”
(N/T: ¡Lo que te hace hacer la codicia! Hubiera vivido mejor como un ratón muerto.)
* * *
El Emperador anunció su abdicación una semana después. El Príncipe Heredero celebraría su ceremonia de coronación un mes después, y mientras tanto debía completar los preparativos.
“Un mes.” – Murmuró Irenea.
Parecía que iba a ser un mes muy largo y tenso, ya había comenzado una auditoría, centrada en César. Revisaban todo lo que César había hecho hasta ahora y buscaban cualquier error que hubiera cometido. Aunque se decía que era un acto rutinario, alguien podría haberlo mezclado con malas intenciones.
‘Por supuesto, no hay otra alternativa aparte de César…’
‘¿De verdad no hay alternativa?’
La mirada de Irenea se posó en Berhil, que dormía a su lado, apenas tenía seis meses de nacido. ¿Qué pasaría si destituyeran a César y coronaran a ese niño Emperador para gobernar por medio de él el imperio?
‘Es algo totalmente posible.’
Irenea tenía la costumbre de asumir lo peor de lo peor. Después de calcular lo peor en su cabeza sentía que tenía la fuerza para superar la mayoría de las cosas. Incluso ahora también era así. El mayor temor de Irenea era que César muriera y que los nobles que lo habían derrocado coronaran a Berhil como Emperador.
‘Siempre que no sea eso.’
Irenea llamó a sus ayudantes. El palacio del Príncipe Heredero ya había quedado patas arriba por la auditoría. César, sintiendo que no tenía nada que reprocharse, respondió con calma a cada asunto. Sin embargo, en este mundo, se puede crear cualquier cosa.
Igual que Irenea había matado a Rasmus y encubrió el incidente lo más rápido posible.
‘Ah.’
Solo entonces comprendió por qué estaba tan ansiosa y temerosa. Era porque sentía una punzada de culpa, tenía miedo porque tenía un pasado que debía ocultar. Irenea soltó una carcajada, por mucho que intentara borrarlo, el pasado seguía a su lado, persiguiéndola tenazmente.
Lo que ya había sucedido no podía deshacerse. Ese estigma perseguiría a Irenea el resto de su vida.
“Escudriña la prensa de chismes y vigila la opinión pública. Si surge algún problema, debes informarme de inmediato, no debemos dejar de lado ni el más mínimo detalle.”
“Sí, Su Alteza la Princesa Heredera.”
Irenea asintió.
* * *
César fue a ver a Irenea. A pesar de su apretada agenda, una sonrisa se dibujó en su rostro en cuanto la vio. Irenea era una persona muy preocupada, sentía que debía abordar y resolver todo.
Pensó que sería igual ahora. El futuro ya había cambiado, e Irenea se sentiría obligada a evitar lo peor que pudiera suceder. Y ya había escuchado el testimonio pertinente de las doncellas que cuidaban de Irenea.
<“Creo que Su Alteza la Princesa Heredera se está excediendo.”>
<“Parecía muy preocupada.”>
<“¿No debería estar un poco menos… preocupada?”>
Por supuesto, las preocupaciones de Irenea eran válidas, era una situación en la que nadie sabía quién ni qué métodos viles usarían, sin embargo, Irenea necesitaba que le recordara que César estaba a su lado. Necesitaba hacerle saber que incluso las situaciones difíciles y dolorosas podían resolverse rápidamente si trabajaban juntos.
César tocó a la puerta, llamando a Irenea, que estaba prácticamente enterrada en papeleo.
“¿…César?”
“Sabía que estarías aquí.” (César)
“Estaba a punto de levantarme, también necesito ver a Berhil…”
César ahuyentó a sus ayudantes y cerró la puerta.
“¿César?”
“Irenea. Sé exactamente cuándo estás más desorganizada y cuándo te dejas ir a ti misma.” (César)
“¿De qué estás hablando?”
<¡Crack!>
El cinturón de César cayó al suelo con un golpe sordo. Esa parecía la mejor manera de calmar los nervios de Irenea y conseguir que durmiera al menos una noche. Sabía que por mucho que intentara persuadirla con palabras, no funcionaría.
Incluso eso era encantador, pero… Ahora mismo, Irenea parecía necesitar descansar. Y, para ser sincero, César también necesitaba a Irenea, el cálido abrazo de Irenea. A cada paso que daba César, su ropa caía al suelo.
“¿César?”
Los ojos de Irenea se abrieron de par en par, sorprendida, ante el repentino giro de los acontecimientos. César agarró a Irenea mientras se levantaba de la silla y retrocedía, de repente, no quedaba ni un solo hilo en su cuerpo. César se inclinó hacia Irenea.
“Irenea. Deja ir tus preocupaciones innecesarias, al menos esta noche. El cielo no se derrumbará si pasas el día divirtiéndote un poco.”
“Ce-César…”
“Otros también necesitan tiempo para descansar. ¿Sabes que la gente de Irenea no ha podido descansar ni un solo día y solo han estado trabajando?”
“P-por eso quería descansar.”
Irenea negó con la cabeza frenéticamente, César extendió la mano hacia la espalda de Irenea, el vestido que llevaba puesto era un diseño sencillo que se podía quitar simplemente desabrochando los botones. A César le gustaba especialmente este tipo de vestido.”
Con un sonido sordo, los pequeños botones cedieron, revelando la piel debajo. César pasó la palma de la mano por la espalda expuesta.
“¡Se puede ver desde fuera!” – Gritó Irenea con voz estridente.
“Ah. Entonces, mientras no sea eso, está bien, ¿verdad?” (César)
Irenea cerró los ojos con fuerza y dijo:
“…Ya te has quitado todo. Puede verse todo.”
Irenea hizo un gesto con la barbilla hacia abajo y César se echó a reír. Solo cuando las cortinas se corrieron, separando por completo el interior del exterior, la fuerza abandonó el cuerpo de Irenea. Desvestir a Irenea, que estaba colgada de César con los ojos cerrados, fue realmente cuestión de un instante.
César abrió los ojos de par en par.
Pensándolo bien, hacía tiempo que no tenía un momento así. El trabajo era una cosa, pero Berhil le había impedido dormir por las noches e Irenea llevaba un tiempo cuidando de Berhil ella misma. César se lamió los labios con satisfacción.
La piel de Irenea, expuesta a la luz, despertó el apetito de César.
César levantó a Irenea en brazos y la colocó sobre el escritorio. Retiró los papeles que estaban desordenados esparcidos con un brazo y un tintero rodó sobre él. Irenea soltó un grito breve, pero su gritó fue también succionado por la boca de César.
César enredó sus lenguas con dulzura y tiró de la cintura de Irenea.
“¡Shh! Ahora mismo, concéntrate en mí.” (César)
Irenea suspiró y asintió, pensando que no había otra opción.
* * *
Irenea solo pudo despertarse a última hora de la tarde, tal como César había planeado. Apenas pudo incorporarse, las criadas arrastraron a Irenea a un baño con agua tibia. Solo después de disfrutar de un baño relajante e incluso recibir un masaje pudo salir de allí.
“Ya son las 3 de la tarde.”
Irenea murmuró distraídamente y aunque su mente estaba claramente llena de preocupaciones, ahora, quizás debido al agotamiento, solo sentía somnolencia. Irenea suspiró y se palmeó la mejilla.
Y después de eso, César se fue por la mañana con un rostro perfectamente normal, a pesar de no haber pegado ojo en toda la noche, Irenea hizo un puchero y revolvió sus papeles.
La habitación, que ayer estaba hecha un desastre, ya estaba limpia. Esto también fue vergonzoso. ¿No habrán sido los asistentes y doncellas quienes ordenaron los documentos que Irenea y César arruinaron? Irenea se sonrojó y miró a la gente con timidez.
Sin embargo, nadie parecía interesado en ella.
‘¡Ah, gracias a Dios!’
Al despertar después de una buena noche de sueño, su mente se despejó. Los pensamientos que se habían estado dirigiendo hacia lo peor se habían aclarado un poco. Incluso si los bandidos campaban a sus anchas, ¿César se dejaría vencer tan fácilmente? El Palacio del Príncipe Heredero ya estaba bajo fuertes medidas de seguridad.
Tenían cuidado con lo que comían y no dejaban entrar a cualquiera.
Con los caballeros de Benoit protegiendo el Palacio del Príncipe Heredero, nadie podrá cruzar ese lugar.
‘Parece que un buen descanso siempre es necesario.’
Justo cuando Irenea estaba a punto de sonreír, la doncella principal soltó un trueno.
“La Archiduquesa Karolia solicita una audiencia con usted.”
Anunció la doncella principal como un rayo caído del cielo.
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