MNM – 101

MNM – Episodio 101

 

“¿Entonces?” (Emperatriz)

La Emperatriz le preguntó a Irenea con una sonrisa amable. Sus ojos eran una mezcla de benevolencia y sospecha. Irenea comprendió que necesitaba una respuesta adecuada y en lugar de ofrecer una respuesta agradable para para quedar bien, dio una verdaderamente honesta.

“Pretendo matar a esa persona y eliminar la raíz del problema. César es incapaz de hacerlo, ha vivido una vida recta toda su vida y no podría matar a su propio pariente de sangre, lo enviaría lejos, al exilio o lo encarcelaría. Pero Rasmus no es de los que se detienen por eso.”

“Lo matarás, ¿cómo? Incluso si la Archiduquesa cometiera semejante crimen, la gente señalaría al Archiduque Benoit. ¿Acaso no están ya atados por un destino común?” (Emperatriz)

“Pretendo usar las manos del clan Yi, Su Majestad la Emperatriz.”

“¿El clan Yi?” (Emperatriz)

La Emperatriz se acarició la barbilla.

“¿Cómo los vas a usar?” (Emperatriz)

Irenea tuvo que confesárselo todo, desde sus planes con Bigtail hasta los secretos de la tribu Yi, porque parecía imposible convencer a la Emperatriz sin la verdad.

Solo después de escuchar la historia completa de Irenea, la Emperatriz sonrió.

“Lo pienso de nuevo, me gustas mucho, no eres como César ni como Rasmus. Rasmus codicia el puesto por su propia seguridad y codicia, mientras que César está decidido a sentarse en él por el bien de los demás. Pero tú… pareces desesperada.” (Emperatriz)

La Emperatriz tomó la mano de Irenea.

La mano de la Emperatriz era más cálida de lo que había imaginado, palmeando el dorso de la mano de Irenea, la Emperatriz volvió a sonreír.

“¿De dónde viene tu desesperación? Ni siquiera quieres convertirte en Emperador.” (Emperatriz)

Las pestañas de Irenea se agitaron, como había dicho la Emperatriz, Irenea lo apostó todo por convertir a César en Emperador.

“Debe haber una razón, pero parece que tu desesperación está llevando a César por el camino correcto, pero ¿evitará que Rasmus, un potrillo hijo de put4, se convierta en Emperador?” (Emperatriz)

La Emperatriz sonrió.

“Quienes esperan afuera son los que he reunido para ti. No nos faltarán oportunidades para hablar juntas sobre el futuro de esta nación.” (Emperatriz)

“Gracias, Su Majestad la Emperatriz.”

“¿Por qué? Es algo que tengo que hacer, por supuesto. No tengo intención de darle este puesto a una amante como Karolia. ¿Codiciar al prometido de su hermana sin siquiera saber cuál es su lugar? ¿No es realmente desvergonzada?” (Emperatriz)

Irenea comprendió de dónde provenía el favor de la Emperatriz.

Probablemente la Emperatriz estaba bastante disgustada por las infidelidades del Emperador. Era imposible que una Emperatriz, en semejante situación, encontrara atractiva a Karolia. Esa era una batalla que Irenea tenía definitivamente ganada.

Irenea inclinó la cabeza.

“Gracias por comprender mis sentimientos y por todo lo que ha hecho por mí.”

“La manera de compensar esto es derrotar a Rasmus y asegurarle a tu esposo la posición más alta. ¿Puedes hacerlo?” (Emperatriz)

Irenea levantó la cabeza con un escalofrío.

“Sí. Absolutamente.”

“Bien.” (Emperatriz)

La Emperatriz sonrió satisfecha.

 

* * *

 

Irenea se secó el sudor frío, César, que la había estado esperando, corrió a apoyarla. Las damas nobles, al ver a César salir a recibirla hasta el palacio de la Emperatriz, sonrieron con picardía y pasaron junto a ellos.

“Serás el hazmerreír.” – Murmuró Irenea.

Aun así, era una suerte que César estuviera allí para a levantar su cuerpo empapado de desánimo. La tensión en su cuerpo, que había estado creciendo desde su encuentro privado con la Emperatriz, se había aliviado. César habló con seriedad.

“¿Quién le diría algo a un esposo que apoya a su esposa?” (César)

Irenea soltó una breve carcajada.

Reunirse con César hizo que los acontecimientos del día parecieran un sueño, incluso la peor pesadilla pareció desvanecerse. ¿Rasmus insultando al hijo de Irenea y César? Es el tipo de idea que solo se le habría ocurrido a él.

Lo que Irenea ha ganado ahora era poco más de seis meses.

Después de eso, Karolia daría a luz, e Irenea también comparecería ante el Santo Tribunal. Irenea agarró el brazo de César y habló con voz grave.

“Tengo algo que decirte.”

“¿Qué…?” (César)

“Se trata de Rasmus.”

El rostro de César se endureció y comprendió por qué Irenea había salido del palacio de la Emperatriz con una expresión tan cansada.

“Sería mejor que subamos al carruaje y hablemos.”

César asintió.

Dentro del carruaje que se balanceaba, Irenea contó en voz baja todo lo que había oído en el palacio de la Emperatriz. Parecía mucho mejor que César lo oyera a través de Irenea que a través de otros.

César, que había estado escuchando en silencio, giró la cabeza y murmuró una maldición para que Irenea no pudiera oír.

“Eh, ¿César?”

“…No.” (César)

César negó con la cabeza.

“Uf. Simplemente estoy atónito… No lo entiendo. Ese niño es claramente hijo de Irenea y mío.” (César)

César no dudaba en lo más mínimo de la fidelidad de Irenea, sus ojos brillantes rebosaban confianza en ella. Irenea se mordió el labio, pensando que quizá César también sospecharía.

Eso era porque Irenea había subestimado a César.

“¿Por qué… no lo dudas?”

“¿Tengo alguna razón para dudar?” (César)

“La gente sospecha, ¿verdad? Hablan de nuestro bebé… como si fuera de Rasmus. ¿No crees que hay una razón para eso?”

Le preguntó Irenea a César.

Sabía que no debería ser así, pero su boca no se detenía, la tristeza la inundó como una marea, las lágrimas que había estado conteniendo cayeron, gota a gota.

“¿Y si de verdad tuve una relación así con Rasmus?”

“Irenea, confío en ti. No, ni siquiera entiendo por qué estamos teniendo esta conversación en primer lugar.” (César)

Los labios de César se crisparon, sin saber qué hacer. La mano que le secó las lágrimas fue suave. César palmeó la espalda de Irenea y susurró:

“Confío en tu corazón, sé que no eres el tipo de persona que me engañaría con falsas ilusiones. Irenea, tú… puede que no confíes en ti misma, pero yo confío en tu bondad. Confío en ti, a quien amo.” (César)

Irenea apoyó la cabeza en el hombro de César, las lágrimas, incapaces de soportar el peso, caían a borbotones, empapando a César.

“Siento que hayas tenido que escuchar esas palabras, si hubiera sabido que circulaban esos rumores, nunca me habría quedado quieto.” (César)

“¿Qué planeas hacer?”

“Si pudiera demostrar tu inocencia incluso matando a Rasmus, lo habría hecho.” (César)

Irenea contuvo la respiración.

Era difícil creer que esas palabras salieron de la boca de César. ¿Matar al mismísimo Rasmus para demostrar la inocencia de Irenea?

Debió de ser una decisión tremenda para César, quien siempre había seguido el camino de la rectitud. Sin embargo, lo dijo como si no hubiera ningún problema, con una expresión de obviedad en su rostro.

“Eso va en contra de tus creencias.” – Dijo Irenea con la voz entrecortada.

“Irenea es más importante para mí que mis creencias. Te amo… y como he decidido protegerte, nada es y será más importante. Por siempre jamás.” (César)

Irenea rompió a llorar como una niña, César abrazó a Irenea con fuerza mientras ella sollozaba. Sintió que su corazón, atormentado, comenzaba a calmarse.

Con la mirada perdida por la ventana, César escuchó cómo los llantos de Irenea se apagaban, no se había contenido por ser débil o estúpido, lo hizo porque pensó que contenerse significaba proteger. Pero…

‘Si mi método está equivocado…’ (César)

‘Te has metido con la persona equivocada, Rasmus.’ (César)

Los ojos de César brillaron intensamente.

 

* * *

 

César regresó a la mansión y buscó a Bigtail. El hombre que supuestamente había ido a recoger a Irenea había regresado con la cara de cera, por lo que Bigtail se puso tenso. Ese tipo de expresión no era bueno en César, él solía ​​poner esa cara cuando no podía contener la ira.

Y en días como ese, algo siempre sucedía: los lugares de desove de las tribus Yi quedaban devastadas, o volaban la cabeza de los pecadores.

Aunque la mayoría de los incidentes entraban dentro de los límites del sentido común.

“… ¿Qué ha pasado?” (Bigtail)

“He oído que hay un rumor ridículo circulando.”

Bigtail, que escuchó la historia de César, se quedó atónito y horrorizado.

“¡Cómo es posible! ¿Cómo se atreven a hacerle semejante cosa a Su Alteza la Archiduquesa? ¿Quién ha iniciado semejante rumor? Debe tener una raíz, para que podamos arrancarla y quemarla.” (Bigtail)

“Si quemamos a Rasmus, se acabará el problema.”

Bigtail tembló. Rasmus, que se había atrevido a difamar absurdamente al nuevo sucesor de Benoit con una acusación tan ridícula, era repugnante. ¿Qué clase de conciencia tenía…?

“Por eso he decidido no vivir bajo el mismo cielo que Rasmus.”

“¿Quiere decir…?” (Bigtail)

Bigtail ladeó la cabeza.

César tenía un lado implacable, como siempre fue un hombre íntegro, y aunque ocasionalmente mostraba su lado mordaz, nunca traspasaba los límites de la bondad humana. Sin embargo, César parecía haber traspasado los límites que el mundo había establecido.

“Voy a matarlo.” – César murmuró en voz baja.

Bigtail abrió los ojos de par en par y de repente un escalofrío lo recorrió.

César había roto el capullo en el que había estado encerrando y salió caminando.

“Tengo que matar a ese tipo.”

Los ojos de César brillaron con fiereza.

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