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MCCED – Episodio 27.

 

Mare intentó aparentar calma.

En la radio, habían concentrado toda su energía en retratarlo como un estafador de primera, que solo soltaba palabras dulces sin cambiar de expresión, pero la verdad era que no sabía mentir. No sabía mentir. Cada vez que mentía, se le endurecía la lengua y su pronunciación se volvía confusa. Gracias a eso, Krone lo había pillado muchas veces mintiendo.

De hecho, lo que acababa de decir no era una mentira del todo. Larissa había perdido la memoria. Cinco años de recuerdos, desde el día que lo conoció hasta ahora.

“¡Son palabras realmente inesperadas!” (Krone)

Krone chasqueó la lengua mientras observaba el rostro de Mare. No pareció encontrar ninguna señal sospechosa.

“¿Qué demonios pasó?” (Krone)

“Se dió un golpe en la cabeza con el lomo de un libro.”

“¿Qué?” (Krone)

Mare dijo con indiferencia, removiendo un terrón de azúcar en su café. Oyó la voz de Krone exclamar asombrada, pero no reaccionó de manera especial.

“Se cayó y luego se levantó, ahora dice que tiene dieciocho años. Y a juzgar por el miedo que me tiene, creo que definitivamente ha perdido la memoria.”

¿Solo estaba asustada? Solo verlo comer ponía tensa a Larissa, como si él fuera a cortarle la garganta. Si hubiera podido, habría salido corriendo de la habitación de inmediato y huido. Su destino final habría sido su amada patria y el abrazo de su familia. Ojalá su Reino no hubiera sido ocupado por el Primer Imperio hacía dos años y su familia no hubiera sido aniquilada.

Pensando en la frontera sur, le salió un suspiro involuntario.

‘¿Cómo iba a explicarle esto a Larissa?’

Krone tenía una expresión de incredulidad. Parecía querer preguntar, quién en el mundo pierde la memoria después de recibir un golpe en la cabeza con el lomo de un libro. Honestamente, Mare había asumido en secreto que Krone no la creería ni siquiera mientras hablaba.

Apartó la mirada y añadió dos terrones de azúcar más a su café. Dada su afición por lo dulce, podría haber añadido cinco terrones de azúcar más sin levantar sospechas.

Larissa estaba completamente convencida. El hecho de que hubieran pasado cinco años desde que abrió los ojos, y que se hubiera casado con él durante esos cinco años, era suficiente para agobiarla. La causa exacta de su pérdida de memoria probablemente no importaba mucho.

Ayer por la mañana le habían diagnosticado amnesia a Larissa.

Por la noche, Larissa era igual que siempre. No, un poco diferente.

Ella le tenía miedo a la oscuridad y no podía dormir sin que alguien le tomara la mano. Eso era el resultado de los seis meses que había estado detenida a la fuerza por el Imperio, sin contacto con nadie más que con el Príncipe Heredero. Anhelaba calor y estaba tan desesperada que incluso necesitaba la mano de Mare.

Mare le prestaba su mano todas las noches. Estaba bien. Aunque era incómodo dar vueltas en la cama mientras dormía, era mejor a que Larissa se despertara gritando cada vez que él retiraba la mano.

<“¿Oye, Mare? ¿Eh?”> (Larissa)

Apretando sus manos entrelazadas, Larissa susurró en la cabecera de la cama. Las luces permanecieron encendidas incluso mientras dormía, así que la habitación estaba tan iluminada como el día. Pudo ver claramente la emoción en sus ojos dorados, que parecían desvanecidos.

<“Hable, mi señorita.”>

Mare respondió con calma a Larissa, quien había guardado silencio desde que la había llamado. Cada vez que la llamaba ‘mi señorita’, Larissa le daba una palmada en el brazo, diciéndole que no la llamara así. Le gustaba ver cómo bajaba la cabeza para ocultar su rostro ligeramente sonrojado, así que la llamaba así cuando quería, juguetonamente.

Pero no hubo respuesta, ni siquiera un toque en su antebrazo.

Solo entonces Mare se giró para mirarla. Ella parpadeaba con determinación. Aunque ya había pasado mucho tiempo desde la hora de dormir, no había rastro de sueño en su rostro.

<“¿Tienes que irte temprano mañana?”> (Larissa)

<“Me iré como de costumbre.”>

<“Entonces, ¿saldrás del trabajo como siempre?”> (Larissa)

<“Si no hay nada urgente, ¿no será así?”>

Incluso si fuera un asunto urgente, no habría sucedido a menos que su hermano mayor lo llamara. Salvo por Krone, nada en el mundo podría ser urgente para él.

<“¿Por qué?”>

Mare estaba desconcertado por el repentino interés de Larissa en su hora de salida del trabajo. Normalmente, ella no le preguntaba por sus horarios de entrada y salida, simplemente lo dejaba ir y veni a su antojo. A menos que estuviera fuera unos días de viaje de negocios, no prestaba mucha atención si él llegaba a casa tarde por la noche.

<“Tengo algo que decirte. ¿Podrías salir temprano del trabajo mañana? Incluso antes de comer estaría bien.”> (Larissa)

<“Es para tanto. ¿No puedes decirme lo que tienes que decirme ahora?”>

<“No, no puedo, es un secreto.”> (Larissa)

<“De todos modos, no va a cambiar mucho si lo escucho mañana o ahora.”>

<“Los secretos se vuelven más valiosos cuanto más tiempo se guardan, ¿sabes?”> (Larissa)

Larissa dijo eso, sonriendo con una sonrisa radiante. Al ver la sonrisa radiante como el sol que se extendía por su rostro, Mare no pudo evitar devolverle la sonrisa.

<“Eso es algo que dije hace mucho tiempo.”>

Ahora se sentía como algo de una era lejana, como si fuera de la antigüedad. Después de todo, fue hace más de cinco años.

El día que se dirigía a la academia, cuando se encontraron en la estación de tren, Larissa le preguntó su nombre después de que él recogiera su pañuelo. Fue un coraje que jamás habría reunido de haber sabido que él era el hechicero oscuro que había sacudido el mundo.

En aquel entonces, no era lo suficientemente valiente como para hablar con un desconocido. Preguntar su nombre debió de requerir todo su coraje. Por eso, cuando respondió que era un secreto, su rostro se sonrojó.

<“Los secretos se vuelven más valiosos cuanto más tiempo se guardan.”>

Mare sonrió.

<“Si alguna vez nos volvemos a ver, te lo haré saber.”>

Él sabía que era la hija menor de la Archiduquesa Clarisse, pero omitió la formalidad. A Larissa tampoco pareció importarle. No, probablemente no tenía energías para hacerlo. Con la cara completamente roja, estaba haciendo todo lo posible por mantener la compostura.

Larissa era una persona que llamaba la atención de todos. Desde el momento en que se conocieron, él había luchado por apartar su mirada de ella.

Le había prometido decirle su nombre cuando se volvieran a ver, pero Mare nunca imaginó que se volverían a encontrar en esa forma. Por eso su reencuentro fue muy incómodo.

La persona que había sido así, ahora estaba acostada en la cama, sosteniendo su mano con fuerza. Larissa, quizás avergonzada por la idea de decirle que era un secreto, hundió la cara en la almohada. Pero pronto, su voz apagada se filtró entre las almohadas.

<“Te lo diré mañana, así que prométeme una cosa.”> (Larissa)

<“¿Qué?”>

<“No te separarás de mi lado, pase lo que pase.”> (Larissa)

En ese momento, casi instintivamente él comprendió que la situación era grave. Larissa se había vuelto bastante dependiente de él desde que perdió a toda su familia, pero nunca hablaba abiertamente de ello.

<“¿De qué estás hablando?”>

<“Antes que nada, la promesa.”> (Larissa)

<“Lo prometo.”>

Mare respondió sin dudar. Acaso antes de casarse, ¿no había prometido no separarse jamás de ella? Naturalmente, él no tenía intención de romper ese contrato. Y Lari lo sabía mejor que nadie.

Larissa no dijo nada hasta el final. Simplemente sonrió, como si se alegrara de recibir una respuesta definitiva.

‘Lo entenderás cuando escuches la historia mañana.’ (Larissa)

Mare se obligó a reprimir la ansiedad que lo invadía. Podría haberla amenazado y obligado a hablar de inmediato, pero extrañamente, no tenía ganas de hacerlo. En cuanto pensó en amenazarla, sintió un regusto amargo. Sintió que iba a vomitar.

‘Debería simplemente haberla amenazado para que hablara.’

Mare suspiró suavemente, pensando que, aunque la amenazara, ella no hablaría.

“Realmente ha sucedido algo tan increíble que es difícil de creer.” (Krone)

Tan pronto como Mare terminó el recuerdo, Krone habló abiertamente. Mare comprobó que el terrón de azúcar se hubiera disuelto por completo e inclinó su taza de café. El líquido moderadamente dulce humedeció su boca. ¿Cómo demonios podía Krone beber ese café amargo sin azúcar? Era un gusto realmente peculiar.

“Es difícil de creer, ¿verdad? Yo sentí lo mismo.”

“¿Es posible que haya borrado sus propios recuerdos?” (Krone)

Mare se encogió de hombros ante la aguda pregunta.

“Bueno, es una posibilidad.” (Krone)

Mantuvo su respuesta vaga a propósito, evitando respuestas definitivas siempre que era posible. En cuanto diera una respuesta definitiva en cualquier aspecto, Krone la acorralaría de inmediato. Larissa, con la memoria perdida, no podría soportarlo. Incluso si su tierra natal fue destruida, Larissa se derrumbaría al instante si se enterara de que su familia había sido aniquilada.

No sabía cómo explicarlo, realmente se sentía perdido.

“Entonces, hermano mayor, me tomaré una licencia por enfermedad.”

“…No eres tú el que está enfermo, ¿verdad?” (Krone)

“Un matrimonio es una un solo corazón y una sola mente.”

Pronunció deliberadamente las palabras que él más odiaba. La expresión de Krone se distorsionó.

Ya habían pasado casi tres años desde que se casaron, pero Krone, como una suegra malvada, la había estado acosando, cuestionando su boda en cada pequeño detalle, negándose a reconocer el matrimonio en todo momento. Mare no le prestó atención en absoluto, reaccionó con frialdad a sus amenazas de no darle el título nobiliario y la riqueza que le había prometido. No eran cosas que deseaba. Había ido al frente del ejército rebelde por su promesa a Krone, no por riqueza ni poder.

Krone había aprobado su baja por enfermedad. A cambio, le había ordenado que recuperara el sello real que le había dejado en secreto tan pronto como terminara su licencia médica. Le llevaría al menos tres días. Mare tenía claro cómo acosaría a Larissa durante esos tres días.

Sin embargo, Mare no dijo nada. No hubo disuasión, ni ninguna amenaza.

La Larissa de ahora, no podría soportar la presión de Krone. Él lo tenía claro.

‘Aun así, es necesario.’

Antes de informarle que su ciudad natal había sido destruida y su familia aniquilada, necesitaba fortalecer su coraje.

Larissa no podía confiar completamente en Mare. Tenía que confiar en Mare, pero al mismo tiempo desconfiar de él hasta cierto punto. Confiar en él solo la lastimaría. Si las heridas eran inevitables, Mare deseaba que ella solo se lastimara lo suficiente para que descansara y sanara. Si el dolor era inevitable, esperaba que le sirviera de trampolín para su crecimiento.

Mientras recuperaba el sello real, fue atacado por casi cien hombres. Decapitó a cien de ellos en tres días. Siempre que la matanza era necesaria, él mismo intervenía. Matar a alguien no necesariamente otorgaba objetos ni billeteras, pero ahora, sin mancharse las manos de sangre, era difícil demostrar que estaba vivo.

Aunque tenía un deseo ardiente de dejar de lado el sello real y todo lo demás e ir primero a ver a Larissa, Mare hizo acopio de un autocontrol que ni siquiera sabía que poseía. Krone tomó la caja que contenía el sello y le lanzó una mirada de reojo, algo poco habitual en él.

“No pediré perdón.” (Krone)

Era la forma de Krone de pedir perdón.

Mare no respondió, sino que se quedó mirando fijamente por la ventana, donde la oscuridad ya se había asentado pesadamente. Era dirección de su castillo.

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