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Arco 2: Las oscuras ondas del pasado, lentas y constantes

Capitulo 52

A lo lejos, Jian Yao vio que los coches de Fang Qing y Ke Ai estaban aparcados frente a la cabaña. El resto de las fuerzas policiales aún no habían llegado. Era evidente que Luo Lang conducía realmente rápido.

Ella le sonrió: “Gracias, hermano Luo, detente aquí. Es mejor que te mantengas al margen.”

Luo Lang dijo «está bien», pero no se movió.

Jian Yao desenfundó su arma y bajó del coche. No se precipitó; al ver que Fang Qing y An Yan ya habían entrado, decidió observar el perímetro para actuar como apoyo. Caminó con cautela, concentrada al máximo. Un pie se posó suavemente sobre la hierba frente a la casa.

Luo Lang finalmente arrancó el motor, pero sus ojos seguían fijos en ella. Observaba su espalda, delgada pero firme.

Antes de que Jian Yao pudiera reaccionar, una ola gigantesca mezclada con llamas estalló a través de la casa, como una bestia feroz surgiendo de la oscuridad para abalanzarse sobre ella. El impacto la golpeó con fuerza; rodó por el suelo y salió despedida tres o cuatro metros. Sentía las entrañas como si hubieran sido golpeadas por un mazo gigante. Su cabeza impactó contra la hierba y sus oídos se llenaron de un pitido ensordecedor; su mente se nubló por un instante.

Sin embargo, levantó la cabeza de inmediato. Un hilo de sangre corría por la comisura de su boca.

Vio otras dos figuras, arrojadas como basura por la onda expansiva, yaciendo sobre la hierba. Eran siluetas tan familiares que un grito ronco escapó de su garganta, aunque ella misma no pudo oírlo. Sin detenerse ni un segundo, se arrastró y corrió hacia ellos.

Estaban tendidos en el suelo.

Irreconocibles, cubiertos de sangre, con los ojos cerrados. No sabía si estaban vivos o muertos.

Jian Yao rompió a llorar. Ver a sus compañeros, con quienes había luchado codo con codo, yacer así, le produjo un dolor inmenso, como si unas garras nocturnas le oprimieran el corazón. Gateó desesperadamente hasta ellos: “¡Fang Qing! ¡An Yan!” gritaba, pero ellos no se movían y ella seguía sin poder oír nada.

Intentó arrastrar a An Yan, que estaba más cerca, pero alguien la sujetó con fuerza desde atrás, tratando de alejarla del lugar. Jian Yao se giró asustada y vio el rostro angustiado de Luo Lang. Él gritaba algo con insistencia. Finalmente, su voz atravesó el pitido de sus tímpanos:

“¡Jian Yao! ¡Vámonos! ¡Es peligroso! ¡Vete ahora mismo! ¡Ven conmigo! ¡Muévete!”

Jian Yao volvió a sollozar: “¡No! ¡Tengo que salvarlos, no puedo dejarlos aquí! ¡Luo Lang, llama, pide refuerzos! ¡Llama a Jinyan, llama a Jinyan ahora mismo!” Sus lágrimas caían sin cesar, pero la expresión de Luo Lang era más decidida que la de ella; la levantó en brazos para sacarla de allí.

Sin embargo, una figura apareció.

Una silueta desconocida se interpuso ante ellos.

A sus espaldas, el fuego seguía ardiendo. Luo Lang, sosteniendo a Jian Yao, levantó la vista. Ella también percibió que el recién llegado no tenía buenas intenciones. Vestía una sudadera con capucha y una gorra de béisbol. En la oscuridad no se le veía la cara, era alto, y un mechón de pelo rubio asomaba bajo la gorra.

El hombre soltó una carcajada y dijo: “Hola, finalmente te encuentro, Y.”

Luo Lang y Jian Yao se tensaron al unísono.

En ese instante, Luo Lang sintió un dolor agudo en la espalda seguido de un frío repentino. Era demasiado tarde: un cuchillo se había hundido en su carne. Tambaleándose, sus brazos cedieron y tuvo que soltar a Jian Yao. Ella se giró horrorizada, pero otro individuo ya había rodeado el cuello de Luo Lang con un brazo, extrayendo el puñal ensangrentado para ponérselo en la garganta.

Llevaba la misma sudadera negra, con el rostro oculto en las sombras. Las venas de la frente de Luo Lang se hincharon; la sangre brotaba de su pecho. Intentó agarrar el brazo del atacante para zafarse, pero el hombre era más alto, más fuerte y lo sujetaba con una crueldad implacable mientras emitía una risa baja y aguda.

Rodeada y sola, Jian Yao apuntó a la cabeza del agresor con voz gélida y temblorosa: “¡Suéltalo! ¡O disparo!”

Pero eran dos profesionales del crimen. El primer hombre, como una pantera negra, se abalanzó sobre ella. Jian Yao apretó los dientes y disparó cerca de sus pies. El hombre rió con más ganas, le atrapó la mano y se la retorció violentamente.

La muñeca de Jian Yao se dislocó y el arma cayó al suelo. Emitió un grito de dolor, pero sin detenerse, usó su otro codo para golpear el pecho del atacante.

Ese movimiento se lo había enseñado Fang Qing. El hombre que ahora yacía inmóvil en el suelo.

A pesar de su destreza, el atacante no pudo esquivarlo y recibió el golpe de lleno. Enfurecido, inmovilizó el cuerpo de Jian Yao y le asestó un golpe seco en la nuca. Con un gemido, ella se desmayó en sus brazos.

El hombre se frotó el pecho, soltó una risita y, cargando a Jian Yao, le dijo al otro en un inglés rápido: “Mátalos, échalos al fuego y limpia la escena. Luego ven a buscarme.”

“Sí” respondió el otro riendo.

El primer hombre subió a Jian Yao a un sedán negro oculto entre los campos de arroz y desapareció en la noche.

Luo Lang lo vio todo con los ojos muy abiertos: cómo herían a Jian Yao, cómo la secuestraban, cómo se la llevaban. Bajó la cabeza en la oscuridad y una lágrima cayó. El puñal en su garganta ya no parecía importarle. Estaba perdido en el dolor. Su niña, la pequeña que finalmente había vuelto a ver, había sido dañada de esa manera.

El hombre detrás de él seguía riendo, susurrando: “Oh… ¿Cómo debería matarte? ¿Por dónde debería empezar a cortar?”

“Te lo ruego…” la voz de Luo Lang era ronca, aterrorizada y desvalida. “Por favor, suéltame… no diré nada, tengo mucho dinero, te lo daré todo… te daré lo que quieras si me dejas ir…”

El asesino soltó una carcajada; la cobardía y los ruegos de su víctima parecían divertirle.

“¿Sabes qué?” le susurró al oído. “Me encantan los cobardes como tú, son obedientes y divertidos. De repente soltó a Luo Lang y le propinó una patada en la cintura, tirándolo al suelo.

El hombre rió entre dientes: “Primero mataré a esos dos, y luego jugaré contigo despacio.”

Luo Lang se quedó sentado en el suelo sin moverse. Sabía que ese hombre quería torturarlo hasta la muerte. ¿No era ese el placer de todos los psicópatas?

“Je… je… je…”

El asesino se acercó primero a An Yan, levantando su cuerpo gravemente herido con una mano mientras sostenía el puñal con la otra, decidiendo por dónde empezar.

En ese momento, una ráfaga de viento lo atacó por la espalda.

El hombre se sobresaltó, pero no tuvo tiempo de reaccionar. Luo Lang le asestó un puñetazo brutal en la base del cráneo con tal fuerza y ferocidad que el atacante casi pierde el conocimiento al instante.

El hombre cayó al suelo. Con la visión borrosa, vio a Luo Lang caminar sobre la hierba, sobre los cuerpos y entre las llamas, acercándose a él con un rostro sombrío. Esa agilidad, esa expresión… ¿cómo podía ser la de un abogado refinado y educado?

El asesino luchó por levantarse, pero Luo Lang no se lo permitió. Lo agarró por la cabeza y empezó a estamparla contra el suelo una y otra vez: ¡Pum, pum, pum! Hasta que el rostro del hombre quedó cubierto de sangre y destrozado.

Tras golpearlo unas veinte veces, Luo Lang lo soltó. El asesino, que nunca se había enfrentado a un oponente tan fuerte, yacía moribundo sobre la hierba con la cara ensangrentada, pero empezó a sonreír.

“Qué bien…” dijo el hombre. “¿Quién… quién eres tú en realidad?”

El rostro de Luo Lang, iluminado por las llamas danzantes, no mostraba emoción alguna. Se había calmado por completo.

“El hombre que te matará” dijo con frialdad.

La expresión del asesino se congeló por un instante.

Luo Lang recogió el puñal del suelo, levantó la cabeza del hombre y, con un movimiento rápido y preciso, le cortó la arteria carótida. El hombre emitió unos sonidos ahogados mientras la sangre brotaba como un manantial. Luo Lang observó en silencio, sin soltar la cabeza, dejando que la sangre lo salpicara a él y al suelo.

Tras dejar que se desangrara unos minutos, cuando el hombre ya estaba muerto, Luo Lang lo levantó y lo arrojó a la casa en llamas. Luego miró a Fang Qing y An Yan. A lo lejos, las sirenas de la policía ya se oían.

Corrió hacia su coche, lo arrancó entre la oscuridad y el resplandor del fuego, y pisó el acelerador a fondo en la dirección en la que se habían llevado a Jian Yao.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ♥ Ƹ̴Ӂ̴Ʒ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ

15 minutos antes.

Bo Jinyan aparcó en la entrada del Parque Industrial de Animación. Las cámaras habían captado el coche de Fu Ziyu llegando allí. El parque era grande, pero Jinyan sabía leer los rastros: cámaras, marcas de neumáticos y lugares apartados lejos del flujo de gente.

Pronto llegó frente a un edificio que parecía un almacén. Paredes grises, sin ventanas, simple. La puerta estaba cerrada, pero cedió al empujarla. No entró de inmediato; retrocedió y llamó a la jefatura.

“Enviad un equipo al Bloque B del Parque de Animación.”

“Lo siento, Profesor Bo, todo su equipo está persiguiendo a Ke Qian. Los demás están en otras misiones. Enviaré a alguien lo antes posible, pero tardarán al menos media hora.”

Al colgar, Bo Jinyan se quedó frente al almacén. Fu Ziyu llevaba desaparecido más de dos horas. Cada minuto de espera era un minuto más de peligro.

Por Ziyu. Por su mejor amigo de toda la vida.

Jinyan levantó la vista al cielo oscuro, donde las estrellas brillaban con una luz silenciosa y suave. Sacó su arma, abrió la puerta y entró.

La puerta se cerró lentamente tras él.

Jian Yao, Bo Jinyan, Fang Qing, An Yan, Fu Ziyu…

¿No se los había advertido?

No deben ir al Parque de Animación.

No vayan.

Porque la justicia es frágil, pues siempre está expuesta a la luz del sol.

Mientras que el mal acecha en la oscuridad, agazapado en los corazones retorcidos y sufrientes.

Al menor descuido, abrirá sus fauces para devorarlos.”

 

 

 

 

Yree

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