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Arco 1: Escamas herbívoras

Capitulo 18

 

Cuando abrieron la puerta, la tercera esposa, Zhang Jufang, los miró con total desconcierto. Fang Qing la ignoró y lideró al equipo hacia el interior. Los uniformes negros de la policía y el sonido de sus pasos pesados hicieron que todos en el patio abrieran los ojos de par en par.

“¿Qué hacen?”

“¿Qué está pasando?”

Bo Jinyan levantó la vista y vio a Ming Lan parada en la puerta de su habitación, con una expresión compleja e indescifrable. Un segundo después, su figura desapareció. Los agentes controlaron rápidamente a todos los presentes y corrieron a la habitación de Yao Yuange, pero la encontraron vacía. Registraron cada rincón, sin éxito.

“¿Cómo es posible?” preguntó Fang Qing en voz baja.

Un detective respondió: “No tiene sentido. Nuestra gente ha estado vigilando el perímetro constantemente y Yao Yuange no ha salido. ¿Cómo puede no estar aquí?”

Solo quedaba la habitación de Ming Lan. Fang Qing y Bo Jinyan intercambiaron una mirada.

“Iré a hablar con ella” dijo Fang Qing. Bo Jinyan asintió con semblante serio.

“¿Por qué irrumpen en mi casa?” preguntó Ming Lan, sentada tranquilamente en el tatami junto a la ventana. Parecía que lo esperaba, o quizás su calma era simplemente gélida.

Fang Qing respondió: “Esta es una orden de registro. Ming Lan, tenemos pruebas para sospechar que estás involucrada en las desapariciones de Zhu Fanglin y Ning Qianrui en 2014 y 2015.”

Ming Lan movió los labios, pero su rostro seguía frío como el hielo: “No sé de qué están hablando. No conozco a esas personas.”

“¿Dónde está Yao Yuange?” preguntó Fang Qing.

Ming Lan no respondió. Sus manos, con una manicura impecable, se entrelazaron con fuerza. ¿Le quedaba alguna salida? Ninguna.

“¿Dónde están esas chicas ahora?” exigió Fang Qing.

Ming Lan miró por la ventana y una sonrisa ausente apareció en sus labios.

“Ya se lo he dicho, no lo sé. No tiene nada que ver con nosotros, ni con Yuange, ni con la familia Yao. ¿Hasta cuándo van a seguir molestando?”

“Espósenla” ordenó Fang Qing.

Él y Bo Jinyan salieron al patio. Varios agentes se acercaron negando con la cabeza: no habían encontrado nada. A poca distancia, las mujeres y sirvientes de los Yao habían sido agrupados. Bajo la luz plomiza del día, sus rostros mostraban emociones distintas. Ming Yue abrazaba con fuerza a su hijo, pálida y en silencio; cuando Bo Jinyan y Fang Qing la miraron, apartó la vista como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Zhang Jufang y Chen Mei también estaban pálidas; la primera refunfuñaba en voz baja, aunque no se atrevía a resistirse, mientras la segunda observaba atentamente cada movimiento de la policía.

“Parece” dijo Bo Jinyan “que Ming Lan, Ming Yue y la fallecida Zhao Xia lo sabían. Zhang Jufang y Chen Mei, no.”

Fang Qing bufó: “Sabe cómo controlar a sus mujeres. ¿Dónde crees que esconden a las chicas?”

“En quien más confía es en Ming Lan” respondió Bo Jinyan. Fang Qing siguió su mirada hacia un pequeño césped detrás de la habitación de Ming Lan, donde estaba aparcado su Audi. Al lado había una pequeña caseta. Los agentes forzaron la cerradura; por fuera parecía un simple depósito lleno de trastos.

“¿Quieres apostar?” dijo Fang Qing de repente. “¿Crees que alguna sigue viva?”

Bo Jinyan guardó silencio un momento y respondió: “Eres muy bondadoso. Pero no, ya no.”

Fang Qing no dijo nada. Entraron en la caseta. Los agentes golpeaban paredes y movían trastos sin hallar nada. Pero Fang Qing, con su ojo de lince, notó que tras un gran armario movido, el suelo estaba cubierto por una alfombra. Se tiró al suelo, la apartó y descubrió una trampilla de madera con candado.

“¡Aquí!” exclamó. Los agentes se amontonaron. Rompieron la madera y empezaron a bajar uno a uno. En ese momento, Bo Jinyan se giró y vio a Ming Lan, custodiada atrás; ella tropezó y su rostro se volvió más pálido que el de un cadáver. Bo Jinyan le dirigió una mirada gélida y bajó también.

Había luces tenues en las paredes. Por el estado de la piedra, el sótano tenía décadas, si no siglos.

“La casa de los Yao es una mansión antigua de las dinastías Ming y Qing” explicó Fang Qing. “Este sótano y los túneles probablemente datan de esa época.”

Tras bajar la escalera y cruzar un pasillo lúgubre, llegaron a una habitación cuadrada con paredes y suelo de cemento. Era austera pero limpia. Tenía unos 30 metros cuadrados, una mesa, dos taburetes, un armario sencillo y una nevera. En la nevera solo había unas cervezas. En la pared del fondo había una pequeña puerta de hierro. La derribaron.

Dentro había un cuarto más pequeño con una cama bonita y varias cadenas ancladas profundamente en la pared. Estaba vacío. Fang Qing fue hacia la esquina y recogió un largo cabello negro. Bo Jinyan observó la habitación sin expresión.

“Tráiganla” ordenó Fang Qing. Los agentes empujaron a Ming Lan al interior.

“¿Qué tienes que decir ahora?” dijo Fang Qing con frialdad. “¿Para qué sirve este sótano?”

Ming Lan, en un último alarde de resistencia, sonrió: “¿Qué voy a decir? Este cuarto es donde descanso a veces. Invitamos a esas chicas a casa, pero luego se marcharon. ¿Cómo voy a saber a dónde fueron?”

“¡Deja de mentir!” gritó un agente. Fang Qing estaba furioso.

En ese momento, Bo Jinyan tomó un frasco de luminol de un técnico y lo roció sobre las cadenas y el borde de la cama. Ming Lan se quedó lívida. Apagaron las luces y el lugar se llenó de manchas de fluorescencia azul, imposibles de ocultar.

“¿Se marcharon?” dijo Bo Jinyan. “¿Entonces por qué se quedó su sangre aquí?”

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ♥ Ƹ̴Ӂ̴Ʒ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ

Fang Qing y Bo Jinyan llegaron al final del túnel. Tras la celda había un camino de unos veinte metros que salía del perímetro de la casa. Probablemente un túnel de escape de los antiguos dueños. Sobre sus cabezas, a través de un respiradero, se oía el ruido de la calle. En el polvo de la rejilla había huellas frescas. Alguien acababa de salir.

“Yao Yuange no podía saber que veníamos” dijo Fang Qing. “¿Por qué huyó de repente?”

“Xie Min” respondió Bo Jinyan.

Fang Qing asintió. El día que murió Zhao Xia algo debió pasar para que Yao Yuange la matara. Seguramente Xie Min, que investigaba en secreto, descubrió la verdad. La prioridad de Yao Yuange ahora era eliminarla.

“Entonces…” concluyó Fang Qing, “Yao Yuange ha subido a la montaña.”

De repente, un agente llegó corriendo: “¡Capitán Fang, Ming Lan…!”

“¿Qué pasa?”

“¡Se ha suicidado! Debía de tener el veneno escondido en la ropa interior desde que entramos. Al subirla al coche aprovechó para ingerirlo. Ha muerto en el acto.”

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ♥ Ƹ̴Ӂ̴Ʒ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ

Jian Yao se había quedado en la comisaría para coordinar. De repente, un agente se le acercó: “Profesora Jian, hay una llamada para el profesor Bo, pero están en el sótano y no tienen señal.”

“Yo me encargo” dijo ella.

Jian Yao tomó el auricular: “Hola, dígame.”

Al otro lado no hubo respuesta, solo una respiración entrecortada. Jian Yao sintió un presentimiento extraño. Suavizó la voz: “Soy la esposa y colega del profesor Bo. Él no tiene cobertura ahora, pero si necesita algo, puede decírmelo a mí.”

Tras un largo silencio, la voz preguntó: “¿Es usted… la señora Bo que vive con él?”

La voz le resultaba familiar. El corazón de Jian Yao empezó a latir con fuerza. “Sí, soy yo. ¿Usted es…?” Hizo señas a los agentes para que rastrearan la llamada.

“Él… él dijo que haría pagar a los culpables, ¿verdad?” dijo Xie Min.

“Así es” respondió Jian Yao. Un agente le confirmó que era el número de Xie Min. Ella había encendido el móvil.

Xie Min jadeó y su voz se quebró en llanto: “La encontré… encontré a mi Tong Sheng.” Lloraba y reía a la vez. “Escuché mal… no era «montaña» (shan), era «San»…”

Xie Min colgó y levantó la vista hacia la montaña frente a ella, hacia el Templo Sanqing (Templo de las Tres Purezas). La niebla caía sobre los bosques silenciosos. Ella estaba en la parte trasera del templo, un área desierta. Pero recordaba que Yao Yuange y Ming Lan subían a menudo; incluso había un bosque que ellos habían donado.

Xie Min se secó las lágrimas. A sus pies, la tierra amarilla había sido removida, revelando el suelo profundo. Sus manos estaban ensangrentadas de tanto cavar.

“Realmente eres de los que no se rinden hasta ver el ataúd” dijo una voz a sus espaldas.

Xie Min se giró. El hombre estaba allí, bloqueando la luz. Su apariencia respetable se había desvanecido, dejando ver a un ser siniestro y despiadado.

“Tú…” Xie Min intentó abalanzarse sobre él.

Él la agarró por el hombro y le hundió un cuchillo en el abdomen. Luego, lo extrajo con frialdad.

 

Yree

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