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Capítulo 44 – Celos

 

Tras el duelo, Jun Min Xin pesó el oro que había ganado en su bolso; era pesado. Los dos caminaron juntos hacia la puerta del palacio. Jun Min Xin sonrió y dijo: “Suficiente para las ganancias de un mes en la tienda.”

Dicho eso, le lanzó una bolsa de oro a Chen Ji.

Chen Ji la atrapó, pero parecía algo distraído, frunciendo ligeramente sus hermosas cejas afiladas como espadas. Se detuvo y preguntó: “¿Sabías que era él desde el principio?”

Jun Min Xin fingió sorpresa: “¿Quién?”

“Ji Ling*.”

(N/T: *Por si lo olvidaron, es el gobernador del condado de Li, el que fue destituido.)

¡Realmente importaba esto! Jun Min Xin sonrió, frunciendo los labios. – “Lo reconocería incluso si estuviera reducido a cenizas. No te preocupes, no tengo otras intenciones hacia él y además, ahora mismo apenas puedo protegerme, ¿cómo podría atreverme a provocarlo? Era solo una apuesta para ganar dinero.”

Chen Ji permaneció inmóvil, con expresión indiferente; solo sus cejas ligeramente fruncidas revelaban su terquedad. A Jun Min Xin le pareció divertido y estaba a punto de tirar de él cuando un hombre vestido con traje Han condujo hacia ellos un corcel blanco como la nieve y se detuvo frente a ella.

El hombre apretó los puños y dijo: “Señorita, mi joven amo me ha ordenado que le entregue este magnífico corcel que puede recorrer mil millas*.”

(N/T: *千里 (Qiānlǐ): «Mil millas» (o mil li). Es una metáfora china para describir a un caballo excepcional capaz de recorrer largas distancias sin cansarse.)

“¿A mí?” (Min Xin)

“¡No puede aceptarlo!” (Chen Ji)

Las voces de Chen Ji y Jun Min Xin resonaron simultáneamente. El hombre dudó un momento y luego suplicó. – “Mi amo dijo que los regalos que se dan no se devuelven, si no le gusta, puede tirarlo.”

El magnífico corcel de mil millas resopló, con sus ojos grandes y brillantes, llenos de brío, extremidades fuertes y poderosas, su pelaje, de un blanco plateado reluciente, sin una sola crin desordenada. Era, sin duda, un corcel excepcional, único entre un millón. Una multitud de espectadores se había reunido, emitiendo exclamaciones de admiración ante el magnífico caballo.

Jun Min Xin rió entre dientes, tomó las riendas y dijo: “Rechazarlo sería una descortesía, por favor, dele las gracias a su joven amo de mi parte.”

El hombre juntó los puños de nuevo en un saludo militar y regresó para informar.

Después de que el hombre se marchara, Jun Min Xin dijo deliberadamente con lentitud: “Mmm, ¡realmente es un caballo precioso! Mucho mejor que tu Wuyun Gaixue, Ah’Ji. ¿Qué tal si te lo regalo?”

(N/T: * El término 烏雲蓋雪 (Wūyún Gài Xuě) se traduce literalmente como «nubes oscuras que cubren la nieve» En Caballos: Describe a un caballo que es completamente negro en su cuerpo pero tiene las cuatro patas blancas (o «calzado» blanco). Históricamente, este contraste visual era muy valorado por su elegancia.)

Chen Ji respondió con indiferencia: “No.”

Jun Min Xin rió a carcajadas y dijo: “De acuerdo, lo mataré entonces.”

Los labios de Chen Ji se crisparon y dijo “lo que sea”, abriéndose paso entre la multitud y avanzando rápidamente. Tras unos pasos, su ritmo se ralentizó de nuevo y se quedó en la esquina esperándola. Aunque Chen Ji fingía indiferencia por fuera, en su interior se preguntaba qué haría Min Xin con las pertenencias de ese hombre. Desde la batalla de hace dos años atrás, Ji Ling le había infundido una sensación de crisis, una inquietud sin nombre que se instalaba en su corazón.

Un momento después, la pequeña figura de Jun Min Xin se abrió paso entre la multitud, pero como era de esperar, el magnífico corcel que la acompañaba había desaparecido. Chen Ji respiró aliviado y preguntó: “¿Qué hiciste con él?”

Jun Min Xin aplaudió, respondiendo con indiferencia: “Por supuesto que lo maté.”

“¿Lo mataste?” – No era porque sintiera lástima por el divino corcel, sino simplemente porque no podía creer que alguien tan puro de corazón como ella realmente hiciera algo así.

Al ver la risa contenida de Jun Min Xin, Chen Ji supo que lo habían engañado; la preocupación realmente le hacía perder la compostura…

“No te preocupes, Ah’Ji, hace un momento tomé a un transeúnte al azar y le di el corcel.” – Dijo Jun Min Xin, girando ligeramente la cabeza y sonriendo. – “Sé que ese corcel divino es un tesoro invaluable, codiciado por innumerables personas. Sin embargo, en este país lleno de ganancias y derramamiento de sangre, un tesoro tan envidiable solo me traería la muerte. Además, ahora mismo estoy encarcelada y no me quedan fuerzas para lidiar con esas cosas…”

Sus ojos claros miraron a Chen Ji y rió: “¡Si no te conociera, habría pensado que estabas celoso!”

Chen Ji apartó la mirada rápidamente, murmurando: “Tonterías.” Pero las comisuras de sus labios se curvaron ligeramente hacia arriba en un arco superficial.

 

***

 

De vuelta en el palacio, Jun Min Xin lavó cada una de las uvas recién recogidas, colocándolas una a una en frascos de vino, espolvoreó miel entre cada capa de uvas, selló los frascos y los colocó en un lugar fresco y sombreado de la habitación para que fermentaran. Después de uno o dos meses, el vino de uva estaría prácticamente listo.

Los frascos de vino de vidrio tallado y translúcido eran muy característicos de la Región Occidental. Jun Min Xin colocó los tres frascos bajo un soporte de madera, aplaudió y fue a buscar a Chen Ji al mercado de esclavos. El sol otoñal aún brillaba con intensidad, Chen Ji estaba de pie sobre un muro de adobe, con la mano que sostenía el látigo levantado para protegerse la frente, observando cómo cientos de esclavos construían los cimientos de un palacio; supuestamente se estaba construyendo un magnífico palacio para la concubina favorita del rey Müller.

En cuanto a la identidad de la concubina, los sirvientes especularon que se trataba de la concubina Atal. Después de todo, Müller era joven y, aunque ocasionalmente tenía amantes, solo había tomado oficialmente a una concubina, no tenía hijos varones, solo una hija, así que la concubina Atal, quien había dado a luz a su hija mayor, era quizás la más favorecida en ese momento. No era de extrañar que fuera tan arrogante y consentida, viniendo con frecuencia a la residencia de Jun Min Xin para burlarse y ridiculizarla. Incluso la ropa de cambio de estación que le enviaban a Jun Min Xin era sin duda la que Atal había rechazado.

Jun Min Xin les dijo a Keke y Xiao Jiu que esperaran donde estaban, y ella tomó el jugo de ciruela frío que había preparado con tanto esmero, con la intención de ir sola a charlar con Chen Ji e intercambiar información. En cuanto se dio la vuelta, vio a una chica alta y rubia saltar sobre el muro de tierra y pararse junto a Chen Ji, ella blandió su látigo, luego rió a carcajadas y comenzó a hablar de algo en un idioma extranjero, Chen Ji respondió con unas palabras y luego le sonrió con impotencia.

Era Jina, Jina, más deslumbrante que el sol.

Jina sin dudarlo puso su brazo sobre el hombro de Chen Ji, desató la cantimplora de su cintura y la agitó en su dirección, Chen Ji no se negó, tomó la cantimplora de Jina y la bebió de un trago. Desde ese ángulo, Jun Min Xin pudo ver el vino desbordándose por la comisura de su boca, deslizándose por su barbilla y cuello en un elegante arco, el líquido reluciente brillando como el oro bajo la luz del sol… Jina blandió su fusta, gritando el nombre de Chen Ji por el vasto desierto azotado por el viento: ¡Ayena! ¡Ayena!

Chen Ji se tocó la nariz, esbozando una sonrisa incómoda e impotente.

Por alguna razón, Jun Min Xin sintió una opresión en el pecho, miró la cantimplora de Jina, luego el frasco de zumo de ciruela agria que tenía en la mano, y de repente una sonrisa misteriosa floreció en su rostro, pareciendo completamente etérea y transparente a la luz del sol.

Agitó la mano y el agridulce jugo de ciruela color té se derramó al suelo, como un hilo inquebrantable de tristeza, un torrente interminable de agrias lágrimas, empapando el suelo.

“Princesa, ¿por qué lo derramó?” – ¡Era jugo de ciruela que la Princesa había pasado toda la mañana preparando cuidadosamente! Xiao Jiu frunció el ceño ligeramente, perpleja.

Jun Min Xin miró hacia el sol cegador y dijo con la mirada perdida: “Hace demasiado calor, volvamos.”

 

***

 

Durante los siguientes días, Jun Min Xin no volvió a buscar a Chen Ji.

En octubre, la temperatura bajó repentinamente, haciendo que el clima fuera frio y seco. Jun Min Xin había estado encerrada en su habitación durante mucho tiempo, mirando con indiferencia la campanilla de bronce que llevaba en la mano durante casi toda la noche con su fino dedo índice tocando la campanilla mientras murmuraba suavemente:

“¿Me amas o no me amas? ¿Me amas o no me amas? ¿Me amas o no me amas…?”

La campanilla de bronce emitió un simple tintineo. Al oír la risa y el bullicio de las doncellas de la habitación de al lado acercándose, Jun Min Xin rápidamente guardó la campanilla en la cama y la tapó con una almohada. Después de esperar mucho tiempo, pero sin verlas entrar, Jun Min Xin, desconcertada, gritó hacia afuera:

“¡Nu Yi, Ah’Ji Keke! ¿Están ahí? ¿Ya está listo el té con leche?”

No hubo respuesta.

¡Qué extraño! ¡Había oído claramente sus voces acercándose justo hace un momento! Jun Min Xin tenía un poco de sed, así que empujó la puerta y miró afuera, sin saber que se encontraría con un rostro que no debería estar allí…

“¡Ah! Tú…”

Antes de que pudiera lanzar un grito de sorpresa, ¡una figura roja extendió repentinamente una mano y le tapó la boca con fuerza! Jun Min Xin, sabiamente, dejó de gritar; sus ojos negros como la tinta recuperaron la compostura al sostener con calma la mirada del invitado inesperado.

Efectivamente, el hombre la soltó, arrastró a Nu Yi y Ke Ke, inconscientes a la habitación, cerró la puerta y dejó escapar un largo suspiro de alivio antes de encarar a Jun Min Xin, la saludó con una sonrisa y dijo:

“¡Oye! Te dije que tienes bastantes expertos a tu alrededor y justo cuando esas dos jovencitas expertas en artes marciales se fueron, ¡entonces, las dos criadas Hu, casi me pillan con las manos en la masa! Estuve acechando durante casi todo el día, y estoy muy agotado. ¿Me darías una taza de té?”

Jun Min Xin se quedó de pie sin moverse, mirando al intruso de rojo como si fuera un monstruo y tras una larga pausa, dijo: “Ji Ling, ¿qué haces aquí? ¡Te estás jugando la vida!”

“¿Por qué no aceptaste el corcel divino que te di?” – Ji Ling ignoró la pregunta de Jun Min Xin y deambuló solo por la habitación. Al no encontrar té, sacó varias jarras de vino recién hecho que Jun Min Xin había escondido bajo el estante de madera, bebió el vino de un trago, saciando su sed, y luego se limpió los labios con la manga con elegancia antes de sonreír con indiferencia. – “Recién hecho, ¿eh? Un poco dulce, no lo suficientemente fuerte, es para una mujer.”

¡Ese era el vino que ella misma había elaborado, pensado para disfrutarlo con Chen Ji en su cumpleaños el año que viene!’

Jun Min Xin, molesta, le arrebató la jarra de vino y se burló: “Ese tesoro me traerá la muerte; no tengo derecho a disfrutarlo. ¿Desapareciste dos años, solo para reaparecer aquí solo para venir a beber a mi casa?”

“¡Tacaña!” – Ji Ling entrecerró sus ojos de fénix, riendo como un zorro. – “¿Así es como tratas a tus subordinados que viajaron miles de kilómetros para unirse a ti, eh?”

‘¿Unirse a mí? ¿Será acaso…?’

Los ojos de Jun Min Xin se iluminaron y exclamó sorprendida: “¿Has decidido unirte a mis filas?”

Ji Ling la miró enarcando una ceja, sus largos y estrechos ojos de fénix, tan distantes y arrogantes como siempre, eran más hermosos que sus propios rasgos. Jun Min Xin rebosaba de alegría, pero tras reflexionar un momento, preguntó con duda: “Entonces, ¿por qué no fuiste directamente al Reino Jing? ¿Qué haces en este desierto? Si te preocupa, puedo escribirte una carta de recomendación…”

“He venido a buscarte.” – La interrumpió Ji Ling, con los ojos brillando con una elegancia inigualable. Levantó la barbilla, con una sonrisa burlona en los labios, y dijo. – “Yo, Ji Ling, solo te reconozco a ti como mi único maestro, ¡no reconozco a ese supuesto Rey Jing!”

Jun Min Xin se quedó atónita y dijo: “Pero yo…”

“¿De verdad piensas quedarte en este desierto el resto de tu vida? ¿No quieres volver a casa? ¿No quieres hacerte más fuerte? ¿No quieres conquistar las montañas y los ríos? ¿No quieres ser recordada por siempre? ¡Princesa Chang… Feng…!” – Las comisuras de los labios de Ji Ling se curvaron en un arco sarcástico, y dijo palabra por palabra con voz clara. – “Puedo ayudarte, siempre y cuando estés dispuesta, lucharé por ti hasta la muerte.”

“… ¿Por qué?”

“Solo por recogerte las mangas y realizar una reverencia solemne y profunda en la torre de la ciudad del Reino Jing hace dos años.” – Ji Ling se giró lentamente para mirarla con sus ojos encantadores. – “¡Tienes un gran talento, y si algún día regresas a Jing, sin duda saldré a recibirte con los zapatos al revés*! Eso fue lo que me dijiste en ese entonces, y no he olvidado ni una palabra en los últimos dos años.”

(N/T: *Se utiliza para expresar que se recibe a alguien con una alegría inmensa y un respeto profundo.)

Jun Min Xin inconscientemente levantó la vista para mirarlo, Ji Ling, sin embargo, rió entre dientes y dijo: “¡Solo te estoy tomando el pelo! ¡Llevo dos años aburrido y quería encontrar algo que hacer!”

Si era verdad o mentira, ella no podía ver a través de él.

“Simplemente no lo entiendo.” – Dijo Min Xin. – “Hace dos años, era una persona de noble cuna y te lo supliqué sinceramente, pero te negaste a ponerte a mi servicio; y ahora no tengo nada, y que quizá nunca regrese al Reino de Jing, aun así te rindes justo cuando estoy prisionera… ¿De qué te sirve? De verdad que no lo entiendo.”

Ji Ling se recostó en el diván, retorciendo un mechón de cabello negro que le caía junto a la sien, y dijo lentamente con tono lánguido. – “De verdad te conformas con pasar toda tu vida en la Región Occidental? Durante el último año, has usado tu comercio como pretexto para expandir tus rutas comerciales, mientras recopilabas en secreto información detallada sobre los despliegues militares del Reino Suji, la topografía y los pasos de la Región Occidental. Si no estuvieras desesperada por regresar a Jing, ¿por qué correrías tales riesgos? Princesa Jun, el mundo solo ve tu lado amable, sin saber que bajo tu hermoso exterior se esconde la espada más afilada e invisible del mundo… ¿no es así?”

Las palabras de Ji Ling fueron tan agudas e incisivas como su mirada. La expresión de Jun Min Xin se ensombreció lentamente, y una media sonrisa curvó sus labios y dijo: “Igualmente.”

Los ojos de fénix de Ji Ling brillaron con fuerza, como una llama sedienta de sangre que arde en la oscuridad. Se puso de pie, caminando paso a paso hacia Jun Min Xin, extendió su mano de dedos largos y huesudos, blanca y limpia y abrazó la esbelta cintura de la chica, susurrándole suavemente al oído:

“El Emperador de la dinastía Jiang es joven y celoso, no es un gobernante sabio; el pueblo Hu es sanguinario y belicoso, pero desdeño relacionarme con ellos… Soy un descendiente de la Gran Dinastía Li y compartimos el mismo linaje. ¡Si ayudo a la Princesa a resurgir, al menos podré dejar mi nombre en la historia!”

Jun Min Xin no pudo soltarse del abrazo de Ji Ling, así que solo pudo inclinar ligeramente la cabeza y decir en voz baja: “Si me juras lealtad eterna y nunca me traicionas, lo que quieras, mientras lo tenga, te lo daré.”

Ji Ling le pellizcó suavemente la barbilla con los dedos, sus ojos de fénix ligeramente entrecerrados se encontraron con los de ella con una mirada ardiente, rió entre dientes y dijo: “Nacidos en tiempos turbulentos, lo que los hombres buscan no es más que fama y fortuna y hay una cosa más: si de verdad estás dispuesta a dármelo, ¡te seré leal hasta la muerte!”

“¿Qué es?”

Antes de que Ji Ling pudiera hablar, la puerta bien cerrada de la habitación se abrió de repente. El joven de túnica blanca y cabello rizado que estaba afuera, al ver sus cuerpos pegados, se quedó paralizado por un momento, luego, de repente, la miró fijamente y rugió con ojos desorbitados:

“¡Ji Ling, mocoso! ¡Déjenla ir!”

En un instante, el puño de Chen Ji, lleno de rabia, ¡se estrelló con fuerza contra el rostro de Ji Ling!


Nota del autor: ¡Queridos, los comentarios de los lectores han disminuido repentinamente! Quizás sea porque esta historia se está volviendo cada vez más aburrida… ¡Estoy llorando!

Gracias a todos los que siguen leyendo hasta ahora. En cuanto a algunas deficiencias y e imprecisiones en el texto, probablemente las revisaré a fondo más adelante, incluyendo la parte sobre la muerte de la Princesa… ¡Por favor, sigan apoyándome! ¿Están ahí? ¿Pueden hacer un comentario? chillido


Nameless: Nos quedamos aqui, nos vemos la próxima semana.

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