El muerto era un hombre.
Y era un hombre joven, de aspecto refinado y con una sonrisa que, en vida, debía de haber parecido inofensiva.
Por supuesto, esa era solo la deducción de Fang Qing basada en la identificación que llevaba el cadáver. En realidad, aquel desafortunado ahora estaba tirado en el suelo, a los pies de Fang Qing, completamente destrozado a cuchilladas.
“Fu Wei, 25 años, natural de la provincia de Gansu. Era un turista que venía de Beijing; estos últimos días se estaba hospedando en la posada del Gran Patio de la Familia Yao, justo aquí adelante” informó un investigador con voz sombría.
Fang Qing, con el rostro endurecido, levantó la sábana blanca que cubría el cuerpo para echar otro vistazo. Por dentro, no podía evitar sentir que todo aquello era una verdadera mierda. Justo cuando estaba en pleno proceso de solicitar su traslado, ocurre un caso tan grave. ¿Acaso Dios se estaba burlando de él? Pero, a pesar de sus quejas internas, los ojos con los que Fang Qing examinaba el cadáver eran más agudos que los de un halcón.
“¿Qué dice el forense?” preguntó.
“La estimación preliminar sitúa la hora de la muerte entre la 1 y las 3 de la madrugada de hoy. La causa fue una hemorragia masiva provocada por múltiples heridas de arma blanca en el pecho y el abdomen. Además, tiene hematomas en las muñecas, lo que indica que hubo un forcejeo. El arma homicida parece ser un cuchillo de hoja ancha y delgada, de unos 15 a 20 centímetros de largo y entre 8 y 10 centímetros de ancho; una hoja con cierto peso. El material y modelo específicos requieren de un peritaje más profundo…”
“¿Cuántas puñaladas en total?” volvió a preguntar Fang Qing.
“… Unas cuarenta y tantas”.
Tras examinar el cuerpo, Fang Qing se apoyó contra una patrulla y encendió un cigarrillo. Un joven oficial de policía, incapaz de soportar la visión del cadáver, se sujetaba el estómago mientras vomitaba junto a una zanja. Fang Qing, sin inmutarse, sacó un caramelo de menta del bolsillo y lo masticó para despejarse.
El sol quemaba. Fuera del cordón policial, la zona estaba atestada de curiosos a los que era imposible dispersar. La mirada de Fang Qing recorrió lentamente a la multitud; quién sabe si el asesino estaba allí mismo en ese momento.
Pero era solo un pensamiento pasajero. En un mar de gente, era imposible distinguirlo. El asesino no llevaba un cartel en la frente.
Levantó la vista de nuevo, observando el entorno del callejón, y comenzó a trazar en su mente la escena del crimen de la noche anterior.
A altas horas de la madrugada había caído un fuerte aguacero. Cuando Fu Wei regresó, debía de estar lloviendo. Este era un camino apartado que llevaba a la puerta trasera de la posada; no era extraño que un hombre joven como Fu Wei tomara un atajo.
En la Ciudad Vieja, muchos turistas se quedan de fiesta hasta la madrugada o incluso toda la noche. Por lo tanto, la hora a la que regresaba Fu Wei tampoco era inusual.
Aunque la lluvia había lavado la mayoría de los rastros, el color rojo sangre había penetrado profundamente en la tierra cercana al cadáver. Además, no había pruebas ni marcas de que el cuerpo hubiera sido movido. Se podía asumir preliminarmente que este era el escenario principal del crimen.
Alrededor de la una de la madrugada, Fu Wei llegó a este punto y se encontró con el asesino.
¿Se habría escondido el asesino? ¿O se enfrentó a Fu Wei cara a cara? A ambos lados del callejón había muros bajos y macizos, sin ningún lugar donde ocultarse. Por lo tanto, el asesino debió de quedarse allí mismo, bajo la lluvia, esperando a que Fu Wei llegara.
¿Conocía Fu Wei al asesino? Si lo conocía, probablemente se detuvo. Si no lo reconoció, debieron cruzarse de largo.
Y entonces, el asesino atacó.
¡Una puñalada, dos, tres… veinte! ¡Cuarenta! ¡Hasta dejar a ese joven desfigurado, convertido casi en un charco de carne!
Fu Wei no era alto y era más bien delgado, pero era evidente que el asesino no gozaba de una ventaja física absoluta; de lo contrario, no habría marcas de forcejeo en las muñecas de la víctima. Por tanto, el asesino tampoco era un hombre excepcionalmente fuerte o corpulento.
¿Y luego qué?
Luego el asesino huyó, y Fu Wei se quedó aquí, cubierto de sangre de pies a cabeza, esperando a ser descubierto.
Sangre.
Sí, sangre.
A Fu Wei le habían cortado una arteria principal; aunque la lluvia lavó gran parte, todavía quedaban manchas de sangre aterradoras en la tierra y las paredes. El asesino, habiendo luchado con él, ¡inevitablemente debía haber terminado empapado en sangre!
A la una o dos de la madrugada, aunque era tarde, en la Ciudad Vieja no se considera una hora extrema. A solo unas calles de distancia se encuentran las vías principales llenas de vida y una hilera tras otra de posadas. ¿A dónde podría ir una persona cubierta de sangre y con un cuchillo en la mano?
Fang Qing levantó la cabeza de golpe y les dijo a dos oficiales:” ¡Reúnan de inmediato las grabaciones de las cámaras de seguridad en un radio de cinco calles a la redonda! ¡No me creo que ese desgraciado haya podido escapar así como así!”
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En una ciudad turística, un caso de este tipo era un escándalo absoluto. Los superiores no tardaron en convocar diversas reuniones de emergencia, dándole instrucciones directas a Fang Qing y ordenándole resolver el caso en menos de una semana.
Fang Qing ni siquiera se quejó; se puso a trabajar de inmediato como un trompo. Como comandante del equipo de investigación, lo más importante era establecer la dirección general de la pesquisa. Ahora concentraba sus fuerzas en buscar al «hombre ensangrentado» en las cámaras, mientras iniciaba simultáneamente la investigación sobre la vida de la víctima, Fu Wei.
Un día después, los colegas enviados a Beijing y Gansu, en colaboración con la policía local, enviaron sus informes:
La casa natal de Fu Wei estaba en un condado bajo la jurisdicción de Gansu. En su familia solo quedaba una madre postrada en cama desde hacía años y un padre que trabajaba solo para mantener el hogar. Su situación económica era difícil, aunque suficiente para cubrir las necesidades básicas. Al enterarse de su muerte, la familia quedó devastada. Sin embargo, debido a las dificultades de transporte y a que el padre debía organizar los cuidados en casa, tardarían unos días en llegar.
Fu Wei se había graduado hacía dos años en la Universidad Minsheng de Beijing, en una carrera de élite, y luego entró a trabajar en una empresa de internet; se le consideraba un joven con talento. Según la investigación, no tenía enemigos, ni novia, ni conflictos sentimentales conocidos. Tras investigar todo su círculo social, no se encontró a nadie con un motivo para matarlo.
En cuanto a su carácter, la policía averiguó un poco más. Según su compañero de cuarto de la universidad: «Da Wei era un buen tipo, alguien dócil que no buscaba problemas con nadie. ¿Defectos?… Quizás era un poco lujurioso. En la universidad solía contratar prostitutas, pero solo fue un par de veces; muchos chicos lo hacían. Ah, sí, también tuvo un romance por internet, pero luego escuché que la chica dejó de contactarlo de repente y se acabó».
Un colega que compartía piso con él en Beijing dijo lo mismo: «Fu Wei no tenía enemigos. Tenía un buen sueldo en la empresa y no tenía presiones económicas ni disputas. Decidió ir a la Ciudad Vieja hace apenas unos días usando sus vacaciones acumuladas; solo unos pocos amigos lo sabíamos. Incluso bromeó diciendo que tal vez tendría alguna aventura romántica allá, quién iba a imaginar…»
Fang Qing también hizo investigar minuciosamente los movimientos de Fu Wei durante sus días en la Ciudad Vieja. No hubo nada fuera de lo común: hospedarse en la posada, ir a bares y pasear. Se interrogó a las mujeres con las que intentó ligar en los bares y a los dueños de los restaurantes donde comió. Sorprendentemente, Fu Wei no había tenido el menor altercado con nadie.
Incluso una prostituta con la que había estado esos días fue llevada a la comisaría. Ella respondió con cautela: «Ese joven… lo recuerdo. Él me pagó para que fuera su guía y lo acompañara por la ciudad estos días».
El detective sonrió sin desmentir sus palabras.
«No tenía nada de especial, solo era un poco mano larga. Y algo tacaño, hasta me regateó 50 yuanes al pagar. Vemos muchos clientes así… ¿quién pudo matarlo? Es espantoso…»
La posada del Gran Patio de la Familia Yao también fue investigada. No era temporada alta ni baja, así que había una cantidad moderada de huéspedes. Se investigó a los más de diez clientes que compartían edificio con Fu Wei; ninguno tenía relación con él.
Incluso la recepcionista fue interrogada con especial atención. Era una chica local de unos veinte años, bastante guapa, que dijo a la policía: «Ese hombre era bastante ingenioso, siempre volvía a medianoche… ¿Que si intentó ligar conmigo? Sí, incluso me dejó su número de QQ, era muy lanzado. En ese momento, la señora de la limpieza y otros empleados se burlaron de mí. Pero no tenía intención de agregarlo».
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Se hizo de noche. Fang Qing y su compañero despidieron al último entrevistado. Él se frotó el entrecejo con cansancio y ambos encendieron un cigarrillo.
En la sala de al lado, el grupo encargado de la vigilancia seguía revisando video tras video. Probablemente se les iban a caer los ojos de tanto mirar, y aún no encontraban rastro de aquel hombre.
Bip.
El teléfono de Fang Qing sonó. Lo tomó y vio una notificación de noticias de entretenimiento: «Hoy comienza el rodaje de la épica película protagonizada por Jin Xiaozhe». Fang Qing arrojó el teléfono sobre la mesa con un golpe seco.
“Capitán Fang, este caso está difícil de manejar” dijo su compañero dando una calada al cigarrillo.
Fang Qing tomó su gran taza de té y bebió un trago largo.
Eso ni hacía falta decirlo.
Normalmente, los casos de homicidio que enfrentaban los detectives eran vecinos matándose entre sí, crímenes pasionales por infidelidades o, a lo sumo, asesinatos por robo o disputas económicas. Pero este caso, que parecía simple, llevaba casi 24 horas de investigación y no tenían ni una sola pista.
Sin motivo, sin sospechosos. El culpable incluso había evitado las cámaras. Y la gran lluvia le había servido como la cobertura perfecta.
“Oye… ¿no estaremos ante ‘uno de esos’?” susurró el compañero.
Fang Qing guardó silencio.
El compañero soltó un suspiro de alivio contenido:” Si realmente nos hemos topado con ‘uno de esos’, es que tenemos la peor de las suertes”.
Arco 1: Escamas herbívoras Capitulo 3 Fang Qing lo pensó un momento y respondió:…
Arco 1: Escamas herbívoras Capítulo 1 El sol era realmente abrasador, tanto que hacía…
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