El sol era realmente abrasador, tanto que hacía que la piel ardiera por momentos.
En la ciudad vieja, durante la tarde, había muy poca gente. Tong Sheng se cubría los ojos de la luz con la mano, de pie en un cruce de caminos, sintiéndose algo irritable.
Ehh… se había perdido. Siendo alguien con un pésimo sentido de la orientación, haber perdido además el mapa y la billetera era, sinceramente, la peor de las suertes.
Tenía planeado esperar a ver si pasaba algún transeúnte que pareciera amable para pedirle prestado el teléfono, llamar a sus amigos y pedirles que le enviaran algo de dinero para la emergencia.
No se percató de que un coche negro, estacionado a poca distancia a un lado de la carretera, llevaba allí mucho tiempo.
Más tarde, hubo incluso menos gente en la calle. Hasta los perros estaban acurrucados en las esquinas, durmiendo.
Cuando aquel coche se detuvo frente a ella, se sorprendió. Pero al ver a la persona que conducía, tras un breve instante de asombro, sonrió:” Ah, eres tú”.
Era alguien a quien había conocido por casualidad en esta ciudad.
La otra persona también sonrió y preguntó:” ¿Qué pasa, querida? Te he visto aquí parada todo este tiempo, ¿esperas a alguien?”
Tong Sheng sacó la lengua con gesto de apuro:” Perdí mi billetera y, además, me he perdido.”
La persona le abrió la puerta del asiento trasero:” Sube. Dime a dónde vas y te llevaré.”
Tong Sheng se sintió un poco apenada:” Oh, no quisiera molestarte.”
Al final, terminó subiendo al coche y charlaron alegremente durante el trayecto.
Una suave brisa mecía las copas de los árboles, proyectando sombras moteadas dentro del vehículo; las ventanas reflejaban las sonrisas de ambos. El aire acondicionado funcionaba a toda potencia y cada célula del cuerpo de Tong Sheng se sentía cómoda y perezosa.
La persona sacó una botella de agua mineral de la nevera del coche y se la entregó. Tong Sheng la tomó con alegría, la desenroscó y bebió.
Poco después, sus párpados comenzaron a sentirse muy, muy pesados. Tong Sheng sintió que algo iba mal, pero ya no podía mantener los ojos abiertos. Intentó sujetar la mano de la persona que conducía, pero fue apartada de inmediato. Vagamente, sintió que el coche entraba en un lugar muy silencioso. Cerró los ojos.
Ƹ̴Ӂ̴Ʒ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ♥ Ƹ̴Ӂ̴Ʒ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ
En el suelo, no dejaba de arrastrarse y llorar:” Suéltame… te lo ruego, suéltame… te daré todo mi dinero…”
Pero el hombre detrás de ella no tenía intención de ceder. La agarró con fuerza por la cintura, acariciando con codicia la suave piel de sus nalgas, y la penetró violentamente una vez más.
Encadenó a Tong Sheng por el cuello, como si fuera un perro. Sin ropa. De ahora en adelante, ¿para qué necesitaría usar ropa? A él le encantaba ver a las chicas viviendo de una forma que no fuera humana.
Él era el emperador que concedía su favor, el amo supremo.
Y ella, de ahora en adelante, solo podría mirar día y noche aquella pequeña y estrecha ventana en lo alto, confinada en ese sótano oculto y aislado del mundo.
“Mamá, mamá…” sollozó ella en voz baja una noche.
Él, al oírla, acarició su cuerpo y simplemente guardó silencio.
“Tong Sheng, no llores. Tu mamá ya no podrá encontrarte.”
Ƹ̴Ӂ̴Ʒ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ♥ Ƹ̴Ӂ̴Ʒ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ
La comisaría del distrito de la Ciudad Vieja era grande, pero el equipo de investigación criminal era pequeño. Esto se debía a que, en una ciudad turística con gente tan sencilla, los casos penales eran muy escasos. Pero si surgía un caso, inevitablemente era uno grande.
Hacía mucho calor. La oficina del equipo de investigación estaba tan silenciosa que parecía vacía; todos estaban echados sobre sus escritorios durmiendo. Las cigarras chirriaban en el patio y el asfalto del suelo parecía a punto de derretirse por el sol.
En medio de esa atmósfera de pereza, había una sola persona que no dormía al mediodía. Estaba encorvado frente a su mesa, con los auriculares puestos, mirando la computadora.
Era el capitán del primer escuadrón del equipo de investigación criminal de la ciudad vieja:” Fang Qing”.
Fang Qing acababa de cumplir treinta años. Era alto, erguido y muy apuesto. Innumerables vecinos de los alrededores habían intentado presentarle candidatas para casarse, pero él los había rechazado a todos sin piedad. Para ser exactos, desde que su exnovia lo dejó hace unos años, había permanecido soltero. Su vida sexual dependía básicamente de su mano.
En ese momento, sentado frente a la computadora, no estaba viendo ninguna película condicionada. Tenía ese mínimo de ética profesional: ese tipo de cosas solo las veía a solas y de mal humor en su casa. Estaba aprovechando la pausa del almuerzo para ver el último drama nacional.
Específicamente, una recopilación de escenas de la protagonista.
Se le veía encender un cigarrillo y, con los ojos entrecerrados, observar fijamente cada fotograma donde aparecía la actriz principal. La protagonista se llamaba” Jin Xiaozhe”, y este año también cumplía veintinueve años. En el mundo del espectáculo, se la consideraba alguien que alcanzó el éxito tarde. Quién iba a decir que en los últimos dos años se convertiría en la «Diosa de la Nación».
La piel de Jin Xiaozhe era muy blanca, blanca como la porcelana. Se veía especialmente hermosa usando un qipao (vestido tradicional chino). En la escena, estaba actuando con el protagonista masculino; él la rodeaba por la cintura y, bajo el qipao, se vislumbraba un muslo blanco y turgente. A Fang Qing se le apretó la garganta. Lo peor fue que el maldito protagonista la empujó sobre la cama y le desgarró el vestido.
“Joder” maldijo Fang Qing en voz baja, e incluso tragó saliva con algo de nerviosismo.
Por suerte, la escena de pasión no continuó. Ambos se abrazaron en la cama, recitaron una serie de diálogos pretenciosos y luego se besaron. Fang Qing, con el rostro ya ensombrecido, apagó directamente la computadora, tiró la colilla y salió de la oficina.
En la ciudad vieja no se permitía construir edificios altos. Desde el pasillo, Fang Qing podía ver las montañas verdes al frente. Amaba la tranquilidad de su hogar, pero al mismo tiempo sentía que lo asfixiaba. Aún recordaba el día que Jin Xiaozhe se marchó. Ella le dijo con total calma:” Fang Qing, no puedo seguir quedándome aquí. Es demasiado cómodo, puedo ver mi futuro de un solo vistazo. Quiero una vida con más brillo, con más posibilidades.
¿Qué le había dicho él en aquel entonces? Incluso sonrió; una sonrisa llena de dolor y rabia mientras le decía:” Está bien, vete a probar suerte. Solo recuerda: si no logras abrirte paso afuera, vuelve. Te estaré esperando aquí siempre. Si vuelves, nos casamos”.
¿Quién cojones iba a saber que, en cuanto Jin Xiaozhe se fuera, se volvería famosa?
Después de eso apenas tuvieron contacto, aunque no cortaron del todo.
El año pasado, él tuvo la oportunidad de ir a Beijing para una capacitación del Ministerio de Seguridad Pública y le envió un mensaje de texto. Jin Xiaozhe no respondió de inmediato. A medianoche, ella se presentó en su hotel. Esa fue la primera vez que él vio en persona el nivel de estatus que ella manejaba ahora: una furgoneta de lujo estacionada secretamente abajo, dos guardaespaldas escoltándola hasta su habitación y un mánager masculino que lo miraba con una expresión sumamente compleja.
Después de varios años, volvió a entrar en su cuerpo. Ella clavó sus uñas en la espalda de él, lanzando gritos reprimidos. Y él, empapado en sudor, sintió más adrenalina que cuando saltaba muros para atrapar ladrones. Después, mientras él aún estaba medio dormido, ella ya se disponía a marcharse.
Él la agarró de la mano y preguntó:” ¿Qué somos ahora?”
Ella respondió con otra pregunta:” ¿Cuándo vas a venir a Beijing, Fang Qing?”
Fang Qing no respondió.
¿Cómo responder? ¿Diciéndole que ha sido detective media vida y que no quiere renunciar para irse a Beijing? ¿O decirle que ahora es capitán, que gana 5,000 yuanes al mes y preguntarle si eso alcanza para casarse con una superestrella?
Simplemente sonrió y dijo:” ¿Cuál es la prisa? Si tienes tanta prisa, ¿por qué no vuelves tú a la ciudad vieja?”
En aquel momento, el rostro de Jin Xiaozhe se puso serio y se fue.
Después de eso, por más que él llamara o enviara mensajes, nadie respondió.
Al pensar en esto, Fang Qing se revolvió el cabello con irritación. De hecho, recientemente se le había presentado una oportunidad y su desempeño siempre había sido sobresaliente. El informe para solicitar su traslado a Beijing estaba ahora mismo guardado en su cajón. Pero, ¿qué clase de oportunidad debería buscar para decírselo a esa mujer? Si iba ahora, ¿estaría a tiempo todavía?
Encendió otro cigarrillo. Al recordar la escena del beso tan provocativo entre Jin Xiaozhe y el actor principal, sintió de nuevo una oleada de calor en su cuerpo. Agarró la taza de té que tenía a mano y bebió un gran trago de agua fría.
“Capitán Fang” un investigador subió corriendo las escaleras.
Fang Qing le echó un vistazo a su expresión y de inmediato guardó todos sus pensamientos personales.
Vaya, parecía que había surgido un caso importante.
✄————————————————————————————-
Palabras de la traductura: Saludos amantes de la lectura, porque lo prometido es deuda, empezamos la siguiente novela de Ding Mo, nuestra más querida autora de thrillers policiacos llenos de romance y asesinos. Esta novela es la secuela de Ámame si te atreves (Cuando el venga, cierra los ojos), si no la has leído, mi recomendación es que lo hagas antes de aventurarte junto a nuestra pareja favorita en la lucha contra el crimen. Esta historia promete ser más emotiva y sangrienta que su antecesora; juzgaré con ustedes ( ≖.≖) así que los leo en los comentarios. los quiero~ ♡
Yree
Arco 1: Escamas herbívoras Capitulo 3 Fang Qing lo pensó un momento y respondió:…
Arco 1: Escamas herbívoras Capítulo 2 El muerto era un hombre. Y era un…
Esta web usa cookies.