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MNM – Episodio 116

 

“¡Ahh! ¡Hermano! ¿Adónde vas?” (Velia)

Velia gimió, persiguiendo a Bigtail por todas partes. Bigtail había sido elegido para acompañar a Shanaret al Norte, lo habían elegido porque, entre los leales vasallos de Benoit, era el más cercano a la voluntad de Irenea y el más inteligente.

“Velia.”

Bigtail suspiró y rápidamente levantó a Velia en brazos, había estado muy distraída por la persecución matutina a Bigtail en pijama. La jefa de doncellas lo notó y se puso una mano en la cabeza, sabía que Velia estaba en una edad de hacer berrinches, pero le daba vergüenza que mostrara esa actitud incluso delante de la Gran Duquesa.

“Lo siento, Su Alteza la Gran Duquesa. Velia aún es joven…” (jefa de doncellas)

“Déjala. Me gusta mucho ver a la niña. ¿Cómo ha crecido tan impecablemente? Y, sin embargo, nunca la he visto cometer un acto grosero con nadie.”

“Su Alteza la Gran Duquesa…” (jefa de doncellas)

“Ella trae una sonrisa a la tranquila residencia del Archiducado. Todos ríen cuando Velia pasa y esa niña será una buena amiga para mi futuro hijo, ¿verdad?”

La jefa de doncellas inclinó la cabeza.

El niño que Irenea llevaba en su vientre era el futuro heredero del Imperio Lizandros y Velia fue mencionada como la compañera de juegos de ese niño.

Justo cuando estaban ocupados con los preparativos, Shanaret bajó, ella aún no se había recuperado del todo y había llegado justo antes de la partida.

“Princesa Shanaret.”

Shanaret sonrió a Irenea. Mientras Shanaret bajaba las escaleras, tras haber ofrecido esa sonrisa en lugar de un saludo, su mirada se posó en Velia, que agarraba con fuerza la capa de Bigtail mientras luchaba por contener las lágrimas. Bigtail le limpiaba bruscamente la cara a Velia.

Shanaret observó con la mirada perdida cómo Bigtail se quejaba y protestaba.

‘¿Qué?’ (Shanaret)

Irenea volvió a llamar a Shanaret. Shanaret, recobrando la cordura, bajó y se paró junto a Irenea, Shanaret le agarró el brazo con desesperación.

“Lady Irenea.” (Shanaret)

“¿Qué ocurre? No tiene buen aspecto.”

Preguntó Irenea con cautela.

“¿Puede decirme el nombre de la niña? Esa niña ¿De dónde es…? ¿De quién es descendiente?” (Shanaret)

Shanaret preguntó con seriedad, la mirada de Irenea se posó en la jefa de doncellas. Y esta dio un paso al frente.

“Adopté a la niña cuyos padres fueron víctimas de los miembros de la tribu Yi. El nombre de la niña es Velia.” (jefa de doncellas)

Shanaret dejó caer la mano de golpe, las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos cayeron con fuerza.

Irenea miró alternativamente a Shanaret y a Velia con una expresión extraña.

“¿Tiene algo que decir?”

Le preguntó Irenea a Shanaret y Shanaret asintió. Parecía que tendrían que retrasar su partida un tiempo. Ante el asentimiento de Irenea, Emma y Dominia pusieron orden a la situación, solo habían pasado unos días desde que Dominia regresó a las Capital Imperial, tras haberse quedado en el sur para resolver los asuntos de Irenea.

(N/T: *Hija del Vizconde Cirse, apareció en el cap.65)

Había llegado a las Capital Imperial con el Conde y la Condesa de Touleah. Dominia debía unirse posteriormente al gabinete creado por la Emperatriz.

Irenea condujo a Shanaret a la sala de recepción ubicada en el primer piso, la jefa de doncellas parecía desconcertada, pero rápidamente preparó una mesa con refrigerios.

Shanaret respiró hondo y comenzó a hablar.

“…El viento de Calois se extendió entre los miembros de la tribu debido a un solo evento.” (Shanaret)

“¿Un evento…?”

“Un niño humano nació entre los miembros de la tribu Yi. Era… mi hermana menor.” (Shanaret)

Irenea contuvo la respiración. – ‘¿Un niño humano entre los miembros de la tribu Yi…?’

“Los miembros de la tribu Yi se alegraron de que el castigo de Khaleesi finalmente hubiera terminado. Sin embargo, no nacieron más niños humanos después de ese niño y los Yi tenían limitaciones para criar a un niño humano, así que… llevaron al niño al campo de batalla.” (Shanaret)

Shanaret relató los acontecimientos de ese día con detalle, incluso señalando que había visto a los caballeros llevarse a la niña desde lejos. Irenea escuchó atentamente la historia de Shanaret.

“Así que empezamos a tomar Calois, reunimos a los voluntarios y les hicimos comer Calois. Aunque eso ya había sucedido antes, pero esa era la primera vez que se ponía a prueba a tan gran escala. Innumerables personas perdieron la vida, y quienes compartían el mismo propósito se dispersaron.” (Shanaret)

Shanaret apretó las manos.

“Y entonces conocí a Lady Irenea.” (Shanaret)

El corazón de Irenea latía con fuerza. ¿Y si Shanaret no hubiera estado allí? ¿Y si no hubiera habido gente de los Yi que se hubiera humanizado? Un escalofrío le recorrió la espalda.

‘Hasta este punto… ¿Lo organizaste tú?’

Gracias a Velia, se había producido un cambio en la tribu Yi, y ese cambio había afectado a Irenea. Shanaret derramó lágrimas a borbotones.

“Por favor, deja que esa niña siga viviendo feliz para siempre.” (Shanaret)

“¿Cómo puedes estar tan segura de que Velia es… la hermana menor de la Princesa?”

Shanaret sonrió entre lágrimas.

“Nadie puede ignorar a su familia… Esa niña también tenía un punto rojo en la mano.” (Shanaret)

“…Por la felicidad de la niña, creo que sería mejor mantener este asunto en secreto.”

“Estoy de acuerdo. Deseo la felicidad a Velia.” (Shanaret)

Shanaret se fue sin siquiera mirar a Velia, como si se desprendiera de cualquier sentimiento persistente. Irenea se quedó mirando a Velia, que sonreía radiante y charlaba con la jefa de doncellas. Velia fue la primera en saludar a Irenea cuando llegó al norte.

Desde entonces hasta ahora.

‘¿Acaso Khaleesi lo anticipó todo?’

“Pero no importa.”

 

* * *

 

Los caballeros de Benoit y Shanaret se marcharon. Shanaret prometió encargarse de Rasmus como había prometido.

Y también le quedaba algo por hacer a Irenea y César.

Nada menos que la reunión de nobles. Irenea y César se miraron y luego se tomaron de la mano. Normalmente, solo asistía un miembro de cada familia, pero Irenea iba como la Santa.

El milagro presenciado en el salón Agnes había elevado el estatus de Irenea.

Los nobles querían escuchar la opinión de Irenea.

Los que murmuraban con rostros sombríos y sin vida eran los que seguían a Rasmus, mientras que aquellos llenos de alegría eran los que sostenían la mano de César. Las reacciones tan divididas entre los nobles eran divertidas.

“César. ¿Vas a expulsarlos a todos?”

“…Quienes merezcan castigo serán castigados, pero los que no, pretendo dejarlos, de todos modos, Rasmus desaparecerá de este mundo, dejándolos sin otra opción. Su lealtad se limitará a uno solo.” (César)

“Estoy de acuerdo con esa opinión, hay demasiadas personas que seguían a Rasmus. Si los desterramos a todos, la reputación de César se verá afectada, también debemos mostrar una actitud más inclusiva.”

César miró a Irenea con ojos llenos de afecto.

César estaba dispuesto a escuchar cualquier idea de Irenea, incluso si eso significaba cubrir el mar de tierra y convertirlo en tierra. Sin embargo, Irenea nunca había deseado nada que fuera contra la razón.

Lo mismo ocurría con el uso de la tribu Yi esta vez.

Era un trato en el que ambas partes saldrían ganando. Aunque era frustrante que Irenea siguiera ocultándole algo a César, pero… eso era algo que resolverían gradualmente. César también reconocía las diferencias entre Irenea y él.

César nunca había considerado hacer nada con las tribus Yi.

La tribu Yi, eran un enemigo diametralmente opuesto de César y decidir aceptarlos no fue realmente una tarea fácil, sin embargo, era lo que Irenea quería. César también reconoció que la tribu Yi también luchaban por sobrevivir.

Y cuando recordó que, de no ser por la tribu Yi, se habrían visto envueltos en numerosas guerras a pequeña escala con Kalonse, pudo aceptarlo en cierta medida. Además, ¿cuántos miembros de la tribu Yi había masacrado César con sus propias manos?

Su mutuo rencor se dirigía hacia Kalonse ahora y Kalonse llevaba mucho tiempo vigilando a Lizandros, de no ser por la tribu Yi, ya habrían invadido las fronteras de Lizandros. Con Kalonse como enemigo común, planeaban intentar la unificación del norte.

Fue un cambio de mentalidad que nunca se habría producido sin Irenea.

César besó el dorso de la mano de Irenea.

“A ti, la gloria de Benoît y mía.”  – César le susurró a Irene.

“Nunca olvidaré lo que me has dado, serás mi valor y mi guía. Lo que Irenea desee se convertirá en lo que yo deseo, y el camino que tomes se convertirá en el que yo recorra. Irenea Benoit Lizandros, ya que me guías, eres tú quien guiará al Imperio Lizandros.” (César)

César también besó la palma de Irenea, aunque todos los nobles lo observaban, no dudó.

Irenea observó las acciones de César con el rostro enrojecido, pero sintió que no podía detenerlo.

César también besó la muñeca de Irenea, no era una muestra de afecto sexual, sino de reverencia.

César hizo contacto visual con Irenea.

“Que tu futuro esté lleno de eterna felicidad y gloria.” (César)

La mirada de César se suavizó. Tuvo la ilusión de que las flores revoloteaban.

“Tu felicidad será mi felicidad y además, la felicidad de este imperio, Irenea.” (César)

Fue un momento abrumador.

La hija de una humilde doncella había ascendido a la posición más alta.

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