MNM – Episodio 105
Irenea puso una cara de perplejidad y Emma se interpuso entre Irenea y ella.
“No pasa nada.”
“Pero… ¿y si esa mujer le hace daño?” (Emma)
Susurró Emma con expresión preocupada. Tratar a Irenea como a un pajarito era característico de Benoit. Irenea sonrió con dulzura.
“Entonces, ¿no deberías ser tú quien la castigue?”
Emma miró por encima de su hombro. A diferencia de Emma, que era del norte, era una mujer de complexión menuda desde el principio, además, Karolia era delgada y no parecía tener entrenamiento con la espada.
“¡Sí! ¡Confíe en mí!” (Emma)
Emma habló con energía y se hizo a un lado.
“¿Por qué no debería hacer esto?”
Irenea realmente no podía entenderlo.
Todo lo que Benoit había logrado lo había construido Irenea. ¿Por qué no podía expulsar a Karolia, que venía a cosechar los beneficios? Lo único que le preocupaba a Irenea era el niño que aún no había nacido.
“¡Nuestros, nuestros padres te acogieron! ¿Así es como les pagas la gracia por criarte?” (Karolia)
“Karolia… Todo este tiempo he estado trabajando para la familia Condal de Aaron sin recibir dinero, eso es más que suficiente para pagar todo lo que he comido, vestido y usado.” — Respondió Irenea con frialdad.
“Además, la familia Condal de Aaron se ha beneficiado mucho de Rasmus gracias a mi existencia. ¿No sirve eso como recompensa?”
“¡Beneficio…! ¡Ay, mi madre no se quedará quieta, ¿verdad?” (Karolia)
Karolia dio un paso atrás.
“¡Envíame al Condado de Aaron! ¡Se lo diré todo a mi madre! ¿Crees que mis padres se quedarán quietos cuando sepan que estás aquí?” (Karolia)
Irenea dio un paso hacia Karolia.
“Emma, ¿quién soy yo?” – Preguntó Irenea con voz cansada.
“Es la Archiduquesa Benoit.” (Emma)
“Así es.”
Irenea volvió la mirada hacia Karolia. Karolia se encogió.
‘¡Mon – Monstruo!’
‘No entiendo por qué el Archiduque se aferra a una mujer así. ¡Solo con mirarla a los ojos me pone la piel de gallina!’ – Karolina apartó la mirada y dio un paso atrás.
“¿A dónde miras con esos ojos sucios…?” (Karolia)
“Qué grosera, Lady Karolina.” – Irenea murmuró.
Ya no se sentía herida por esas reacciones. ¿Acaso no hay quienes llaman a Irenea un ángel? Había gente que la amaba, así que no quería sentirse herida ni acobardada por esos comentarios.
“Como has oído, soy la Archiduquesa de Benoit. Tú solo eres una la hija de un Conde, si sigues siendo tan grosera, tendrás que rendir cuentas de tus acciones.”
“¿Es-estás loca?” (Karolia)
“Parece que no lo entiendes. Lady Karolina, creo que he pagado con creces las deudas que tenía con tu familia y ya no tengo ninguna conexión con la familia de la señorita, por lo que no tengo por qué hacerle favores a la señorita.”
Irenea explicó amablemente.
“Vuelve. No quiero involucrarme con la señorita. ¿Emma?”
“Sí.” (Emma)
“Pero el niño es inocente… Por favor, dame una bolsa de monedas de oro, necesito comer para vivir.” (Karolia)
“¡Su Alteza, la Gran Duquesa…!” (Emma)
“Hago esto por mi propia comodidad, así que no te opongas. Ese es exactamente… el precio de mi corazón.”
Irenea se dio la vuelta con frialdad. Karolia la miró con la mirada perdida mientras Irenea subía las escaleras hacia el segundo piso, rodeada de doncellas, semejante lujo era algo que ni siquiera Karolia había experimentado.
“Tome, aquí tiene.” (Doncella)
La doncella le ofreció secamente una bolsa de monedas de oro, Karolia tembló al sostenerla, era aún más humillante no poder negarse. Karolia jadeó y gimió, pero los sirvientes no le prestaron más atención.
Solo el cochero, que debía llevar a Karolia afuera, la llamó con expresión molesta.
‘Esta humillación… definitivamente…’
‘¿Quién lo hará?’
La humillación que Karolia sufrió solía ser vengada por el Conde Aaron, la Condesa o Rasmus, pero ahora, que a Karolia no le quedaba nada, ¿quién vengaría su deshonra? Solo entonces Karolia comprendió la diferencia entre ella e Irenea.
Irenea tomó el poder por sí misma.
Se había convertido en una Santa y se había ganado el corazón del pueblo, haciéndolos suyos. Se decía que en el sur, innumerables personas veneraban a Irenea como a una diosa. El Conde de Touleah incluso erigió una estatua en honor de Irenea en el pueblo.
La razón por la que Karolia no tenía nada era clara.
Porque solo había confiado en los demás y no había hecho nada.
Los labios de Karolia temblaron, se quedó allí un momento, y entonces alguien entró por la puerta principal abierta.
“¡Mi Señora! ¡Guau! ¡Guau! ¡Es tan hermosa!” (Velia)
“Esta es la mansión Benoit.” (Gran Dama)
“Velia, ¿deberías dejar de correr?” (jefa de doncellas)
“¡Mamá me odia todos los días!” (Velia)
Se escuchaban mezcladas voces de niños y voces de mujeres maduras. Karolia giró la cabeza con expresión vacía.
“Mmm. ¿Quién es?” (Gran Dama)
Preguntó la dama que llevaba un sombrero con velo, pero bajo él se destacaba su dignidad.
“Yo…” (Karolia)
“¡Gran Dama…!” (Emma)
Antes de que Karolia pudiera decir nada,
“¿Emma?” (Gran Dama)
“¡Su Alteza la Gran Duquesa la está esperando! ¡La ha estado esperando tanto tiempo…!” (Emma)
Los ojos de Emma se llenaron de lágrimas.
“¿Irenea?”
“¡Sí! De hecho, no hay nadie que cuide de Su Alteza la Gran Duquesa…” (Emma)
“Dijeron que estaba embarazada. ¿Siente algún dolor? He oído que sufrió mucho en el sur. Traje algo de comida de Benoit, pero… pero me preocupa que esté débil. ¿Dónde está Irenea ahora?” (Gran Dama)
“¡Está vigilando la cena!” (Emma)
“No debería estar haciendo algo así con ese cuerpo.” (Gran Dama)
La Gran Dama sonrió levemente y se dirigió al comedor. Karolia se quedó relegada de inmediato y se mordió el labio. Solo quedó una niña pequeña a su lado, la niña, que daba vueltas a su alrededor, ladeó la cabeza.
“¿Te duele algo? Eh, esto es lo que Velia dejó para comer.”
Velia dudó un momento y luego le ofreció el caramelo que sostenía en la mano.
“Pareces enferma, así que te lo daré.”
Karolia lo aceptó.
“¡Velia! ¡Ven rápido! ¡Su Alteza la Gran Duquesa pregunta por ti!” (jefa de doncellas)
“¡Oh, creo que debería ir a ver al ángel! ¡De hecho, traje un caramelo extra para el ángel!”
Incluso Velia dejó a Karolia atrás.
Karolia peló el caramelo y se lo metió en la boca.
Era tan dulce que casi le hizo llorar.
* * *
“Madre…”
“Irenea.” (Gran Dama)
La Gran Dama sonrió con torpeza.
No era posible que ellas dos, que habían estado tan distantes, mejoraran su relación de la noche a la mañana. César llegó no mucho después al comedor, pero el silencio reinó entre los tres. Fue Velia quien rompió el hielo.
“¿Uf? ¡Guau! ¡El Gran Duque está aquí!” (Velia)
“…Velia también está aquí.” (César)
“¡Sí! ¡Dame un abrazo!” (Velia)
Velia extendió las manos con confianza, la doncella principal intentó detenerla, pero la Gran Dama negó con la cabeza, parecía que necesitaba la ayuda de Velia para romper la tensión. Acurrucada en los brazos de César, Velia le ofreció a Irenea un caramelo.
“Mmm. ¡Esto es algo que me dio mi padre, pero lo escondí para ti, Ángel!” (Velia)
“… ¿En serio?”
“¡Sí! ¡Está delicioso!” (Velia)
“Gracias, Velia. Solo necesito uno. ¿Qué tal si Velia se come el resto?”
(N/T: ¡Qué ternurita!)
“Mmm… ¡Lo disfrutaré!” (Velia)
Irenea se llevó el caramelo que Velia le había dado a la boca, era dulce y delicioso, un sabor que la hizo sonreír. No pudo evitar pensar en cómo sería tener una hija así, solo pensarlo la alegraba. El niño saldría corriendo a saludar a César y ella terminaría el día escuchando sus balbuceos.
Irenea se acarició el vientre, que aún se veía plano.
La Gran Dama observaba atentamente a esa Irenea.
‘Su expresión se ha vuelto mucho más relajada…Por suerte, parece que te encuentras bien.’ (Gran Dama)
Era cierto que se había disgustado y le dijo palabras duras a Irenea cuando se enteró que planeaba tener un bebé, la había acusado de usar al niño como un medio para un fin, así que era comprensible que albergara pensamientos negativos.
Sin embargo, Irenea parecía feliz, sin mostrar señales de ello.
“…César, por favor, baja a Velia. Deberíamos comer ahora.” (Gran Dama)
La Gran Dama habló con torpeza, pero fue la primera en hablar. César asintió.
“Sí, madre.”
Los tres se sentaron torpemente. Velia fue sacada del comedor en brazos por la jefa de doncellas. La doncella no pudo resistir la insistencia de Velia en reunirse con Bigtail.
El único sonido que llenaba el comedor era el tintineo de la comida.
“Hmm…” (César)
César miró a la Gran Dama y acercó el plato a Irenea.
“Esto está realmente delicioso. Es un plato de carne, así que Irenea también lo disfrutará.” (César)
Irenea miró de reojo a la Gran Dama.
No era nada inusual que César cuidara de Irenea durante la comida, pero la Gran Dama también estaba presente en esa ocasión por lo que se sentía incómoda.
“Está bien, César…”
“Yo estoy bien.” (Gran Dama)
La Gran Dama se encogió de hombros y dijo. Sus ojos, que alternaban entre Irenea y César, se llenaron de una sonrisa inusual. ¿Cómo no reírse ante semejante espectáculo?
La energía afilada se debilitó y desapareció. Como la primavera alejando al invierno, estaba llena de calidez.
“…Haz lo que te resulte cómodo.” (Gran Dama)
César e Irenea se congelaron como piedras al ver la sonrisa de la Gran Dama.
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