EEMDDP – 13

Capítulo 13: Todo tu cuerpo se me resiste

 

Tras colgar el teléfono, Jiang Se sostuvo la mirada de Lu Huaiyan y dio dos o tres pasos hacia las escaleras de madera que había bajo el pasillo.

El hombre seguía apoyado en la ventana con indiferencia y los cristales de las gafas que le cubrían la nariz reflejaban su rostro.

Llevaba solo un suéter negro de lana con cuello en V, muy fino, que el viento le pegaba con fuerza al cuerpo, delineando las suaves líneas de sus abdominales.

Por su aspecto, se notaba que había venido al Templo Hanshan por asuntos privados.

Era alguien que no creía en dioses ni espíritus, y rara vez visitaba lugares como templos taoístas o monasterios budistas.

El hecho de que estuviera allí probablemente se debía a que había venido acompañando a alguien.

Jiang Se no tenía curiosidad por saber a quién acompañaba, ni estaba dispuesta a intercambiar cumplidos con él; le hizo un leve gesto con la cabeza antes de dirigirse al salón principal que estaba detrás de él.

Justo cuando estaba a punto de pasar junto a él, él dijo de repente: “¿Ya no quieres el video?”

Jiang Se hizo una pausa.

Había estado tan ocupada con los asuntos de Jiang Tang los últimos días, que se había olvidado por completo de ese tema, incluso se olvidó de enviarle el correo electrónico.

“Aún lo quiero.” – Sacó su teléfono, escribió la dirección de correo electrónico en un mensaje de texto y lo envió con un solo clic. – “Te he enviado un correo. Por favor, devuélvamelo cuando tenga tiempo, Director General Lu. Gracias.”

Su teléfono móvil dentro de su abrigo vibró.

Lu Huaiyan no miró el teléfono y solo emitió un leve “hmm” como respuesta. – “¿Viniste aquí a pedir una nota de la fortuna matrimonial o un colgante de seguridad?”

El Templo Hanshan era famoso por sus colgantes de seguridad, pero también por sus notas de fortuna matrimonial.

Jiang Se había oído a Yu Shiying mencionarlas.

Giró la cabeza para mirarlo. “¿Y usted, Director General Lu? ¿Por una nota de fortuna matrimonial o un colgante de seguridad?”

Lu Huaiyan se enderezó con un ligero esfuerzo y metió la mano en el bolsillo de su abrigo al mismo tiempo.

Antes de que Jiang Se pudiera ver lo que sacaba, le lanzó un objeto del tamaño de una moneda de cobre.

Su lanzamiento fue preciso, y ella simplemente levantó la mano para atrapar el colgante de jade, frío como el agua.

“Esto fue bendecido personalmente por el abad.” – Lu Huaiyan levantó ligeramente la barbilla, señalando el colgante de jade que ella sostenía en la mano. – “No necesitas perder tiempo yendo a pedir uno.”

“…”

Su actitud demostraba claramente que no se tomaba en serio el colgante de seguridad y que había supuesto que Jiang Se había venido específicamente por el objeto que a él no le interesaba mucho.

Jiang Se sonrió suavemente.

“Puede que el Director General Lu no lo sepa, pero el colgante de seguridad del Templo Hanshan solo funciona si uno lo pide personalmente.”

Si no fuera por eso, Yu Shiying y Jiang Chuan ya habrían pedido una docena para ella y se los habrían enviado a casa.

La gente de Tongcheng parecía creer firmemente en los colgantes de seguridad. Incluso Jiang Chuan había obligado a Jiang Ye a venir a rezar por uno.

El colgante de seguridad solo podía solicitarse en persona; los obtenidos por otros no servían.

Lu Huaiyan, en efecto, no lo sabía, pues fue su madre, Han Yin, quien le puso ese objeto en la mano.

Por supuesto, aunque lo supiera, no le habría importado.

Arqueó una ceja. “¿Crees en eso?”

Jiang Se no le respondió. Justo cuando estaba a punto de devolverle el colgante de seguridad, de repente oyó que alguien lo llamaba.

“Ah’Yan.” (Desconocido)

Al oír esa voz familiar, Jiang Se se sobresaltó y miró a Lu Huaiyan inconscientemente.

Él la miró fijamente, pero sus fríos y finos labios respondieron lentamente: “Madre, estoy aquí.”

Han Yin se acercó hacia allí con una holgada y sencilla túnica budista, y al pasar junto a Lu Huaiyan, vio a Jiang Se de pie junto a él. Sus pasos se detuvieron y arqueó las cejas ligeramente y preguntó vacilante: “¿Se Se?”

Jiang Se apretó con más fuerza el colgante de seguridad que tenía en la mano, y la expresión cortante que había mostrado hacia Lu Huaiyan se suavizó al instante.

Sonrió cortésmente, levantando las comisuras de los labios. – “Tía Han, cuánto tiempo sin verla.”

Han Yin era la madre de Lu Huaiyan y también una de las ancianas favoritas de Jiang Se cuando era niña.

No se habían visto en años, desde que Han Yin y Lu Jinzhong se divorciaron y ella se mudó a las montañas para recuperarse.

Jiang Se solo tenía diez años ese año.

Nunca imaginó que se volverían a encontrar en el Templo Hanshan después de tantos años.

La mujer frente a ella no llevaba maquillaje y su cabello canoso estaba recogido en un sencillo moño, sujeto con una horquilla de madera.

Era completamente diferente de la elegante Madam Lu que Jiang Se recordaba.

“Escuché que estabas en Tongcheng y tenía la intención de que Ah’Yan te invitara a quedarte unos días, pero no esperaba encontrarte hoy.” – La voz de Han Yin era tan cordial como antes. – “¿Te gustaría ir a casa de la tía y sentarnos un rato?”

Mientras decía eso, miró a Lu Huaiyan, ofreciéndole una sonrisa de impotencia. –  “Ah’Yan, ven tú también. No quieres escuchar las palabras del abad, pero seguro que escucharás las de tu madre.”

Lu Huaiyan dijo: “Me quedaré en la montaña contigo esta noche.”

Los pensamientos ligeramente confusos de Jiang Se se aclararon gradualmente.

Han Yin se encontraba en el templo Hanshan para meditar, y Lu Huaiyan había venido a verla. Probablemente había ido al desierto salón trasero para evitar escuchar la charla del abad.

Sin duda, para Jiang Se fue una grata sorpresa encontrarse con Han Yin, a quien no había visto en tantos años.

Sin embargo, no quería perturbar el reencuentro de madre e hijo.

“Tía Han, todavía tengo cosas que hacer hoy, así que no te interrumpiré vuestra conversación.” – Jiang Se sonrió con dulzura. – “Si le conviene iré a visitarla en un par de días.”

Han Yin no era de las que presionaban a los demás, y tras mirar el cielo que se oscurecía, asintió con una sonrisa. – “No pasa nada, pronto va a llover, así que no hay prisa por recordar cosas viejas ahora. Ah’Yan, puedes llevar a Se Se montaña abajo primero.”

Dirigió la última frase a Lu Huaiyan.

Jiang Se estaba a punto de decir ‘no hace falta’ pero Lu Huaiyan ya había accedido primero.

“Está bien. Regresa primero, iré a buscarte después.” (Lu Huaiyan)

Han Yin no se encontraba bien de salud, y estaba un poco cansada después de semejante viaje. Tras intercambiar números de teléfono y WeChat con Jiang Se, regresó lentamente a la montaña.

Una vez que su figura desapareció, Lu Huaiyan se giró hacia Jiang Se. – “¿Aún quieres ir al salón principal a pedir un colgante de seguridad?”

Sus palabras le recordaron a Jiang Se que aún sostenía en la mano el colgante de seguridad.

“No, sé cómo bajar de la montaña, no necesitas acompañarme. Además.” – Jiang Se le devolvió el colgante de jade. – “Te devuelvo tus cosas.”

Su tono de su voz no era diferente al de hace un momento.

Pero Lu Huaiyan sintió que las espinas ocultas en sus huesos habían vuelto a aflorar.

Esta agudeza parecía estar dirigida únicamente a él.

Al ver que tardaba en recuperar el colgante de seguridad, Jiang Se estaba a punto de mirarlo.

Fue en ese momento cuando Lu Huaiyan gritó fríamente: “Jiang Se.”

Bajó la mirada para encontrarse con la de ella. – “¿Parece que te resistes a mí?”

La pregunta fue formulada de forma muy abrupta e inexplicable.

No sonaba como algo que él normalmente diría.

¿Cuándo le ha importado al joven Director General de la Corporación Lu la percepción que los demás tienen de él?

Hubo un breve silencio.

Un trueno resonó entre las nubes.

Está a punto de llover.

El corazón de Jiang Se latió con fuerza con una oleada de irritación.

“¿En serio? ¿Importa?”

Preguntó con una sonrisa, una sonrisa que a Lu Huaiyan le resultaba familiar, como si hubiera sido cuidadosamente medida.

Lu Huaiyan la miró fijamente un momento, y extendió la mano de repente, sujetando suavemente la muñeca de Jiang Se y atrayéndola hacia su espacio personal.

La distancia entre ambos se acortó rápidamente.

El tenue pero cálido aroma a madera de agar* en su cuerpo, que una vez había olido en sueños la envolvió desde todas direcciones, inundando su aliento.

Jiang Se alzó la vista aturdida, la sonrisa desapareció de sus labios y la irritabilidad y la consternación en sus ojos se hicieron visibles.

(N/T: La madera de agar, también conocida como oud, gaharu o madera de águila, es una madera resinosa y aromática producida por árboles del género Aquilaria. Se caracteriza por su aroma distintivo y se utiliza en incienso, perfumes, y medicina tradicional, especialmente en Asia. En muchas culturas, la madera de agar se considera sagrada y se utiliza en rituales religiosos, ceremonias y prácticas de meditación.)

Lu Huaiyan la miró profundamente a los ojos y una carcajada brotó de su garganta.

“¿Lo sientes? Todo tu cuerpo se me resiste.” (Lu Huaiyan)

Una brisa fresca llegó con el viento y rozó el cuello de Jiang Se, las gotas de lluvia comenzó a caer, golpeando el suelo con un sonido agudo y retumbaron los truenos.

Estaba lloviendo.

Era el tipo de tormenta que siempre había odiado.

Sus labios se tensaron gradualmente.

Todas las emociones negativas que se habían acumulado desde el incidente en la tienda de cheongsams se intensificaron y alcanzaron su punto máximo repentinamente.

Jiang Se miró los ojos tras las gafas de Lu Huaiyan, que parecían estar manchados de tinta espesa y en un instante se las arrancó de la nariz.

La patilla metálica de las gafas rozó la mejilla derecha de Lu Huaiyan, dejando una larga y delgada marca roja.

Su movimiento casi violento no alteró su expresión; ni siquiera parpadeó.

Sin la obstrucción de las gafas, sus ojos parecían afilados como cuchillas, llenos de agresividad.

Siempre había sido así.

Bajo esa piel reservada y fría, se escondía una frialdad agresiva.

“Sabiendo que me resisto, aun así, tienes que cruzar la línea.” – Jiang Se sonrió de nuevo, pero la sonrisa no llegó a sus ojos. – “¿Cuándo se volvió tan aburrido el Director General Lu?”

Aquella noche en el bar, era evidente que la había encontrado extremadamente aburrida.

Entonces, ¿qué significaba ese comportamiento ahora?

¿Estaba jugando con ella como un gato con un ratón?

¿O quizás, aunque la consideraba aburrida, también la encontraba falsa y ahora intentaba quitarle la máscara?

Jiang Se retrocedió medio paso.

Lu Huaiyan, percibiendo el movimiento, le soltó la muñeca, pero aunque la soltó, la mirada en sus ojos al mirarla permaneció fría y penetrante.

Jiang Se no era ajena a esa mirada.

Era la sensación de ser examinada silenciosamente otra vez.

‘Cazador y presa.’

Ella respondió fríamente a su mirada. – “Lu Huaiyan, ¿qué estás examinando exactamente?”

Lo llamó Lu Huaiyan, lo cual era mucho más agradable al oído que dirigirse a él como Director General Lu.

Lu Huaiyan deslizó lentamente las manos en los bolsillos, ignorando las gafas que Jiang Se le había quitado o el abrigo que él había tirado al suelo al sujetarla por la muñeca.

“No es una inspección. Puedes pensar en ello como…” – Miró a Jiang Se y las comisuras de sus labios se curvaron ligeramente. – “Jiang Se, puedes pensar en ello como que te estoy conociendo de nuevo.”

‘Conociéndome de nuevo.’

Esa respuesta no había sido la que Jiang Se esperaba.

Tras un momento de sorpresa, lo miró y frunció el ceño muy leve y lentamente.

Sin la obstrucción de las gafas, los rasgos faciales afilados y fríos del hombre se delineaban con más claridad bajo la tenue luz de la tormenta.

La marca roja en su mejilla reflejaban una especie de abstinencia y resaltaban su frialdad casi sobrenatural.

Su mirada, despejada, era como una cuchilla que rozaba la piel expuesta de la joven, deteniéndose finalmente en sus ojos oscuros.

Jiang Se no podía ver a través de su mirada en ese momento.

El aire denso y húmedo se mezclaba con el tenue aroma a madera de agar.

Esa fragancia era cálida y rica, algo que siempre había usado desde la infancia. El aroma era incompatible con su temperamento frío y distante y aun así coexistían de una manera extraña y contradictoria.

Una fuerte lluvia cayó como si cubriera el mundo entero, y el estrecho pasillo quedó reducido a un rincón de espacio independiente.

Hasta que se oyeron una serie de pasos apresurados.

“Director General Lu, la señora Han me pidió que le trajera un paraguas.” – Un joven monje del templo inclinó el brazo hacia abajo, sacudiendo la lluvia del paraguas antes de entregar el que tenía en la otra mano a Lu Huaiyan. – “Dijo que llovía mucho y que se asegure de que la señorita Jiang no se moje.”

Lu Huaiyan tomó el paraguas y le dio las gracias.

Aunque tenía una marca roja en la mejilla, su voz y comportamiento se mantuvieron impecables.

El joven monje lo miró, luego miró a Jiang Se y se despidió con una mano. Su rostro juvenil parecía a la vez inocente y mundano.

“Entonces volveré a mis oraciones nocturnas, ustedes dos cuídense.” (Monge)

Después de que el pequeña monje se fuera, Lu Huaiyan abrió el gran paraguas negro que llevaba en la mano, se agachó para recoger el abrigo que estaba bajo sus pies y las gafas que el viento había arrastrado a las escaleras.

La patilla de las gafas estaba torpemente doblada hacia afuera, una escena trágica de un sacrificio heroico.

Lu Huaiyan levantó ligeramente las comisuras de los labios y tiró las gafas a un cubo de basura cercano y después de subir los escalones, llegó al lado de Jiang Se.

Con el paraguas oscuro sostenido sobre sus cabezas, dijo: “Te acompañaré montaña abajo.”

Al ver la mirada de Jiang Se, curvó los labios y dijo con mucha caballerosidad: “¿O prefieres que te baje en brazos? Al fin y al cabo, ya te he cargado antes.”

“…”

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